Omnes iuncti vincemus
Dieciocho siglos después,
leemos de Diocleciano, persecutor.
De su ejército inflacionario,
la burocracia, los duces, la servidumbre.
El edictum de pretiis maximis
y el fatal mercado negro.
La tetrarquía aceitada, las termas,
el palacio de Spalatum...
Con todo, mató con mano propia,
al menos, y cumplió su dimisión.
¿Qué leeremos, dentro de veinte siglos,
de nuestros propios gusanos
si acaso la historia no los borra
violenta, irreparable, piadosamente?
(Fuente: Ricardo Ruiz)
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