UN POEMA DE EL AMOR EN LA ERA DEL BIG DATA
El paisaje que hoy observamos en las televisiones, te digo,
parece recién diseñado por los mejores creadores de videojuegos de
guerra.
El fuego de los neumáticos,
enfurecido por titulares de prensa que nos hablan de terrorismo y trai-
ción.
La democracia que no levanta ya ninguna pasión entre los jóvenes.
Interferencias en los satélites de telecomunicaciones que acuden a
nuestra mirada como las piedras a los escaparates de las boutiques.
Nuestro amor
que corre el peligro de adquirir la textura hiperrealista de un pésimo
telefilm de sobremesa.
¿Cómo enseñar, entonces, el holocausto
si existe en todo acto de violencia un falso alivio de superioridad?
¿Cómo aceptar la corrupción como algo corriente que ensucia la hon-
dura de los días?
¿Y cómo hablar de amor a mis alumnos
si en torno a la catástrofe gira toda la construcción de la realidad?
Igual que si estuviéramos siendo atacados por virus procedentes de
páginas web no seguras, el ruido distorsiona las imágenes de nuestras
vidas.
La visión más hermosa que hemos tenido en el día de hoy ha sido la
de un hombre solo llorando en el interior de su coche.
Sonreímos como aquellos que presienten que han despedirse de
todo lo que aman.
Tememos desaparecer diluidos entre las perturbaciones que en nues-
tra mente provocan los programas de telerrealidad.
Hay miedo en cada una de las decisiones que tomamos.
La noche se ha vuelto densa igual que la superficie de las pantallas
apagadas de un gran centro comercial.
Del pavimento, se evapora un silencio parecido al vacío que atrapa a
una civilización después de presagiar su futuro.
Un coche de policía patrulla por los recovecos más oscuros de los par-
ques.
Las ondas de los radioaficionados se mantienen vigilantes ante cual-
quier imperfección humana que altere la convivencia.
El amor parece empequeñecer en esta idea de mundo global.
Cierra los ojos
y una multitud dentro de mi cabeza dice constantemente tu nombre.
Nadie desea estar a solas consigo mismo por miedo a no poder sopor-
tar la ansiedad que se despliega sobre las horas.
No soy capaz de afrontar la incertidumbre que me abraza en esta era
preapocalíptica.
Mi felicidad no sólo depende de mí.
Hablo tanto del amor porque tu compañía hace de este mundo aún un
lugar hermoso.
En: El amor en la era del big data
Editorial Difácil
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)
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