lunes, 3 de enero de 2022

María Belén Aguirre (Tucumán, 1977)

 

 

Padre esperma: Guíame

por los senderos de la Muerte


Padre esperma: Multiplica

mi escasez.


Padre esperma: Dame

hambre.


Padre esperma: Dame

sed.


Padre esperma: Abandóname

de nuevo.


Déjame atada con cordón

a orillas de mi

Madre.


Y haz que escriba

aunque no tenga nada

que perder.


---


¿Puede un objeto

suplir a un sujeto?


¿Ser Tótem

como en aquellas

tribus australianas?


Madre ha puesto sobre una repisa

en dirección a nuestros ojos

el vaso de vidrio

en que Padre bebía

hasta olvidarse

incluso de sí mismo.


Si se cayere

si por desgracia se cayere

huérfanas del todo

seremos.


---

Madre extrajo de su bolso

un cuadrado negro

que pesaba

horrores


Nos dijo:


Esto es un adoquín.

Un pedacito de calle.


Sé muy bien

que esa cosa no es otra

que el adoquín de la locura.


La sagrada piedra

Trepanada


sin ninguna razón.


---


Madre trajo entre sus manos

un frasco medio lleno

de agua sucia


Nos dijo:


Miren y traten

de no empaparse.


Esta es la lluvia.


Y cuando el frasco rebasa

la tormenta / la inundación.


---


Soñé que nos separaban


La esteta justicia de Salomón

en corte simétrico

partiéndonos

en dos.


Hermana

no se resistía.


Estaba como entregada

como anestesiada.


Yo en cambio

me convulsionaba

igual que una posesa

dificultándoles

la tarea.


Me desperté sintiendo


el rancio hedor de un matadero

trepándose

hasta mi hocico


con la insobornable pregnancia

de la carne podrida.


---


Escribo con letra chiquita / imperceptible casi

este diario secreto cuya existencia

Madre debe ignorar


Escribo cuando no está

cuando limpia nuestra casa o las otras

(y es mi Lucia Berlin en el vía crucis de un largo día

cuya última estación la arrojará rendida a los brazos de un sueño

en que tal vez escriba un manual para mujeres como ella).


Escribo con el corazón en la boca

por si algún día no vuelve.


Escribo con la mano urgente de un taquígrafo matriculado.


Escribo con el temblor de un delincuente novato

que teme ser descubierto

en la flagrancia misma

del crimen.


Escribo

esta suerte de evangelio apócrifo

o de grimorio negro que oculto

justo debajo

de mí


entre el colchón de lana

y el elástico de hierro.

 

 

En  Siamesas

 

(Fuente: Infobae) 

 

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