UN POEMA DE FORMAS DE SABER QUE SIGUES VIVO
LUTO
I
Hubo un tiempo de insistencia en la piedra
cuando la cavilación de la grieta era mi forma de amarte.
Bebía de mí mismo,
reflejo palpitante en su reflejo,
como se viven a sí mismas las palabras
vacío, patio, caída, nada.
Hubo un tiempo, hija mía,
de la abrasión hipnótica del aire,
el tiempo
de aceptar la sombra hasta reconocer mi cuerpo.
Era la noche bajo las arenas
de tu voz
que aún me recordaba.
Fueron los días sigilosos de la traición,
del convencimiento.
II
Todo lo que se escribe en una lápida
se dirige al abismo.
Basilio Sánchez
Ni en la piedra ni en los olvidos
del agua, en la maleza de mi idioma
retengo los sentidos de tu nombre
—ya nunca el que te di—,
los que dejaron
tus cuentas bien echadas con la muerte:
miedo, umbral, ahora.
Los repasa
mi lengua entre las sombras urticantes,
comprende el escozor y la voz rasa,
la tentación acuosa de la ausencia
como un ramo de rosas transparentes,
indoloras, y en paz con ellas mismas.
III
Ahora es el tiempo
de comprenderte de otra forma,
de acontecer bajo las nupcias de la luz.
Ahora es tiempo
de observar las desobediencias del agua,
la venosidad que cruza la promesa antigua,
de escuchar el cascabel de sangre de mi lengua
en otras sangres,
de los umbrales falsos y las ropas,
de ser lo que ya no necesitas.
Dejaré una lámpara encendida
junto a la fiebre de tu memoria
porque es el tiempo de saber de ti
cuando te has ido
y en esta casa todo está
porque alguien falta.
En: Formas de saber que sigues vivo
La Garúa Libros
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)
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