LA PUERTA CONDENADA
De niño, en el barrio, se relataba la aventura de un vecino
que había sobrevivido a un naufragio flotando durante una semana sobre
una puerta. Desconozco quién era e incluso si la peripecia acaeció de
verdad, pero no dejo de meditar en ese hombre, azul y agua, negro y
agua, asido a una puerta por la que no es posible huir.
NOTICIAS DEL IMPERIO
Tras reunirse con sus asesores el emperador ordenó sofocar
la rebelión que se desarrollaba en aquella lejana provincia. Noticias
llegadas a la capital aseguraban que el levantamiento contaba con el
apoyo de una gran potencia extranjera. En tanto se pertrechaban los
ejércitos, el emperador envió a sus más sagaces emisarios para exponer a
los sublevados los azarosos peligros de la libertad. Todavía no se
conoce su respuesta.
MICROECONOMÍA
Tiempos de crisis: sumo lo que no gano.
CAMALEÓN
Sin duda, nuestra vecina de arriba tiene un amplio gusto
musical. Este eclecticismo que, en otras circunstancias, podría
considerarse extremadamente positivo, en realidad no lo es, ya que se
limita a amoldarse a las aficiones de los sucesivos y variados novios
que su indiscutible belleza le permite. Por fortuna, su repertorio es,
así, muy heterogéneo y no excluye algunas épocas y autores de nuestro
agrado, si bien no podemos de ninguna manera aprobar una cierta
tendencia a reservar sus mejores piezas para altas horas de la noche.
PIEDRA DE TOQUE
¿Me molestó porque era verdad o porque no era verdad?
ISLA DE GRACIA
Cada día, mientras desayunaba en la terraza, los veía
acercarse desde la izquierda. Estaba claro que venían bordeando la playa
y surgían de golpe desde atrás de las rocas que delimitaban la exigua
ensenada del hotel. Sobre la derecha, un alto muro de piedra cerraba el
paso. Eran jóvenes y nadie más parecía verlos: en efecto, tenía la
impresión de que representaban una escena sólo para mí. Venían, pues,
desde la izquierda, hasta esta última y estrecha franja de arena. No
traían sandalias, bolsos ni toallas. Jamás tomaban el sol. Al principio,
me preguntaba por qué se apartaban de las playas que se extendían,
vastas y despejadas, más allá de las rocas. Después me percaté de que su
meta era la isla de Gracia, un abrupto islote situado al alcance de la
vista, aunque a varios kilómetros de distancia. Junto a la orilla, el
muchacho enseñaba a nadar a la chica. Mantenía la calma: la sujetaba,
reía, la incitaba a la emulación. Una y otra vez, de siete a nueve, un
largo mes de agosto. Entretanto, yo hojeaba el periódico del día
anterior, intercambiaba unas frases con el camarero, reflexionaba, o
porfiaba en no reflexionar, me quitaba las gafas de lectura y los
espiaba por encima de la barandilla, seguía sus evoluciones, pasaba el
tiempo antes de dirigirme al pueblo para despachar postales o reunirme
con un amigo de otros veranos: coronaban la mañana. La chica hacía
progresos, desde luego nunca tendría un gran estilo, pero era
voluntariosa y perseverante, a la manera de esos alumnos a quienes
apreciamos más por su tesón que por su inteligencia. Al cabo de una
semana, se retiraba cincuenta metros de la costa. A las dos semanas, era
apenas más torpe que él. A la tercera sólo su insuficiente envergadura
la privaba de superarlo con facilidad. A todas luces no querían
desafiarse, ensayaban para ir a la par. El 31 de agosto, en medio de la
desbandada de maletas, chillidos y bocinas, también yo concluía mis
vacaciones. Vinieron, como de costumbre, en torno a las siete. Había
resuelto dejar el equipaje para más tarde: no podía marcharme sin
decirles, de algún modo, adiós. En menos de cinco minutos se habían
puesto en línea recta con la isla, dándome la espalda. Se lanzaron al
agua y comenzaron a nadar. Aún no habían avanzado ni cien metros cuando
creí ver que se volvían y me saludaban. Entonces me quité las gafas y no
pude más que confirmarlo: sus bañadores ondeaban en el sitio en que
habían alzado el brazo, esas manchas de color no podían ser otra cosa.
Se encaminaban, desnudos y animosos, hacia la isla de Gracia. Ellos y yo
sabíamos que no llegarían.
BORGES Y YO
La primera vez que vi a Jorge Luis Borges fue en el año
1971, en Buenos Aires. Se trataba de un homenaje a Dostoievski en el
ciento cincuenta aniversario de su nacimiento. Estaban, entre otros, la
escritora Marta Lynch y el embajador de la Unión Soviética. Cuando le
tocó su turno, Borges empezó diciendo que a él no le interesaba
Dostoievski sino Dante, de modo que hablaría de Dante. Para horror del
embajador y regocijo del auditorio.
DIPLOMACIA
No teníamos dónde caernos muertos. Nos habían invitado a
cenar en casa de un editor y llevamos, con gran sacrificio de nuestro
magro bolsillo, una botella de vino. Al verla, el editor dijo con una
sonrisa: “¡Qué bien, es justamente la marca que compramos nosotros
cuando no queremos gastar mucho!”
BANDA DE MOEBIUS
A los 11 años comprendí que nunca sería un gran pintor. A
los 14, que nunca sería un gran futbolista. A partir de entonces he
estado abierto a toda clase de decepciones.
(Del libro: Carlos Vitale, Descortesía del suicida, Editorial Candaya, Barcelona.)
(Fuente: Santarabia poetry)

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