SÍ
Las voces, las altas voces
las que tocan el sueño
como un abrazo de islas a la deriva.
Las que maduran en el manantial exacto:
en ese fuego sin palabras.
Las bellas, las furtivas,
las que hablan del pan y de la muerte
con gestos de hambre y de luz.
Las que han nacido para perderse, para no dejar más señales
que un ala en el vacío.
Y aún más: para que haya respuesta,
para que el pulso se encienda
en el último frío:
para desbordar los cielos y la tierra y algo
semejante a nacer de la contemplación y el color sin tregua
de las caricias prohibidas.
Sí, el hombre es todo eso.
Todo lo que ha sido tocado por el desierto y una flor.
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en "La distancia infinita. Antología poética 1958-1983", María Julia De Ruschi, ed., Fondo de Cultura Económica, México, 2012.
(Fuente: Jonio González)
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