acerca de la inmortalidad
después de todo la mortalidad no debe ser tan mala.
sin ella nuestro rostro de tan plegado se confundiría
con los acordeones o los abanicos o el vestido rendido en los médanos de las muchachas que desnudas se suicidan en el mar.
prefiero ser mortal. si no lo fuéramos las frustraciones
que progresan siempre en el silencio sin que lo notemos
crecerían dentro nuestro de tal modo que nos deformarían
hasta convertirnos en pingajos.
prefiero ser mortal. si no lo fuéramos la soledad -esa mancha en la pared- frente a nuestra inmortal serenidad tomaría decisiones por sí misma no escucharía nuestros ruegos. y seríamos sólo destello de esa mancha.
prefiero ser mortal. si no lo fuéramos la memoria tropezaría a cada paso mezclando los rostros con los nombres
las fechas con los acontecimientos
y los fantasmas de los que amamos tanto serían una ronda confundida / disgregada en el tiempo.
el caso es que la inmortalidad asusta.
prefiero ser mortal y no una mosca ciega
topando los ventanales de la eternidad
o una canción perdida para siempre
sujeta a los caprichos del viento en medio del páramo.
(el whisky desnudo, 2017)
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