martes, 17 de agosto de 2021

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947 / reside en San Juan, Argentina)

 

 

Aquellos
que escribimos:
epístolas, noticias,
informes, relatos,
fustazos morales,
lloriqueos personales,
invectivas, revulsiones,
alegrías pueriles,
uñas encarnadas
y epigramas a la calvicie precoz,
nos creemos
solidarios, coasociados
a todo infortunio o desastre
que ande por ahí:
con los estudiantes,
los titiriteros,
peones de papa o zapallo,
regentes o maestros,
madamas o putanas,
cadetes, munifarros,
protestas en Hong Kong
por la diseminación de la rabia
en cotorras y pulguientos,
rebeliones bolivianas,
chichimecas,
ardores de Sendero Luminoso,
algún poeta encerrado,
algún poeta suelto,
nos oprimimos en el oscuro gulag,
consentimos a Pol Pot
y cuánto hijo de puta
se diga democrático tirano,
nos ahorcamos con merca,
"ocupados y preocupados",
clonazepam y tanto alcohol
que se indetermine y se determine,
la sinrazón que la luna
ejerce sobre el brujo de la tribu,
las endechas ecuatorianas,
la jactancia de los asquerosos
nuevos ricos congoleños
saltando sobre muertos
para no mancharse
las zapatitos de charol,
el quiste que afecta
al ermitaño
que se declara contemplativo
y aconsejante,
las albricias de Solentiname,
incendios de aquí
y más allá,
una frase, oh, perfecta,
que Brecht, ¿o era Verlaine?
pronunció
no sabemos cuándo
y tampoco para qué,
y tantas y tantas
avecillas que merecen
un nidito
en nuestro generoso,
y porqué no, enfermizo corazón;
que se desangra entre
candados y garras ,
peluches y aguas carentes
de sodio y salitres,
que da pasos de hormiga
y no se da vuelta
como un guante,
de lejitos y comoditos,
afilando el lápiz
para que nuestros cantos
suenen mejor,
originales,
musicales,
pavarottis
de piedra y hacha.
Nos vestimos de Che,
citamos a Lacan
o el profe de latín.
Y después del embronque
echamos un estímulo al buche,
holgados propios amigos,
a la espera y manera
de otra ocasión.
 

- Inédito -

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario