(Fragmentos de la poética de la ensoñación)
“Toda infancia es fabulosa, naturalmente fabulosa. No porque se deje impregnar, como podría creerse fácilmente, por las fábulas siempre ficticias que se le cuentan y que sólo sirven para entretener al antepasado que cuenta. ¡Cuántas abuelas toman a su nieto por un tonto! Pero el niño pícaro atiza la manía de contar, las sempiternas repeticiones de la vieja narradora. La imaginación del niño no vive de esas fábulas fósiles, de esos fósiles de fábulas, sino de sus propias fábulas. El niño encuentra sus propias fábulas, que no le cuenta a nadie, en su propia ensoñación. Entonces la fábula es la vida misma.
El niño se siente hijo del cosmos cuando el mundo de los hombres lo deja en paz.”
(Fuente: Hugo Toscadaray)
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