ESTADIO VATICANO
Los jugadores de fútbol
a sus camarines vuelven,
paso a paso cabizbajos,
trémulos y sollozando
por entre las viejas ruinas de Occidente veneradas
y la chusma de poetas seguros de sí mismos,
levantadores de pesas, diplomados en gimnasios,
soberanos del amor, del dinero y la salud,
que ferozmente se burlan
del sensible futbolista,
legislador del planeta
por mandato de los cielos,
pero que pierde la bola cristalina de la suerte,
empujada por los austros hacia el arco solitario,
cuyos palos de repente en un atril se transforman
para el libro del fornido, mas sin alma, ruin poeta,
que no vela ningún arco
y sí desdeña a quien vive
como vos a duras penas,
guardameta, centroforward,
en este de pan llevar áspero campo del mundo,
desde la cuna a la tumba sufriendo calladamente
de la vana chusma aquella qué de silbos afrentosos
por la súbita derrota de seis goles contra cero
en el preciso momento
de pasar del Paraíso,
uno noche de setiembre,
al Estadio Vaticano.
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en "En alabanza del bolo alimenticio", Premia Editora, México D. F., 1979.
(Fuente: Jonio González)
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