lunes, 15 de febrero de 2021

Stefan Hertmans (Gante, Bélgica, 1951)

 

 

EL VUELO


 Las compuertas junto al mar están abiertas,

la tierra se retira silenciosamente

gorgoteando entre las cañas y se enrosca

de regreso a la orilla del río.


Están corriendo y saltando.

Nadan contra el tiempo y la corriente.

Sus hocicos coronan la línea del agua,

sus ojos negros y parpadeantes.


Entonces saltan a la costa

avanzando apurados, siguen y siguen,

las orillas de la muerte fundiéndose detrás suyo.

Pieles y garras se están secando.


A lo lejos y tenue en sus oídos

todavía hay un rugir; luego cae el silencio

en sus martilleantes corazones.




LA COSECHA


Él había presenciado la siega,

y el sonido que hace la caída

antes de que los tallos de maíz se quiebren.


Hileras que había visto, e hileras,

aún más hileras que cayeron detrás

del canto de la guadaña,


el siseo de las glotonas

bocas de metal.


Alambre de púa rodea el laberinto,

la piel brilla en el cercado,

y para dormir hay paja.


Eso que yace en el suelo

podría haber traído frutos,

pero la cosecha fracasó


en su propio barro,

en su propia carne,

y nadie ve el cereal.




EL VADO


Una curva en el camino de tierra

que el río acompaña.


No hay arena pero hay semillas

que, cosidas por las heridas,

nunca germinaron,

se pudrieron antes de la cosecha.


Los nombres son de hierro, son de piedra.

Una tierra que empuja su camino

dentro de sus propias profundidades y es reflejada

en un vacío cielo.


Los pozos están llenos,

las voces incontables.


El pasto está creciendo grueso y opulento

como el pasto en todas partes, brilla y frota

a pesar de todo lo que sabe.

Ya el cuclillo ha arrojado su ojo

sobre un nido vacío.


El ganado pasta lánguidamente aquí

en el mórbido crecimiento de la paz.

 

 

(Fuente: Idiomas olvidados)



 

No hay comentarios:

Publicar un comentario