EL VUELO
Las compuertas junto al mar están abiertas,
la tierra se retira silenciosamente
gorgoteando entre las cañas y se enrosca
de regreso a la orilla del río.
Están corriendo y saltando.
Nadan contra el tiempo y la corriente.
Sus hocicos coronan la línea del agua,
sus ojos negros y parpadeantes.
Entonces saltan a la costa
avanzando apurados, siguen y siguen,
las orillas de la muerte fundiéndose detrás suyo.
Pieles y garras se están secando.
A lo lejos y tenue en sus oídos
todavía hay un rugir; luego cae el silencio
en sus martilleantes corazones.
LA COSECHA
Él había presenciado la siega,
y el sonido que hace la caída
antes de que los tallos de maíz se quiebren.
Hileras que había visto, e hileras,
aún más hileras que cayeron detrás
del canto de la guadaña,
el siseo de las glotonas
bocas de metal.
Alambre de púa rodea el laberinto,
la piel brilla en el cercado,
y para dormir hay paja.
Eso que yace en el suelo
podría haber traído frutos,
pero la cosecha fracasó
en su propio barro,
en su propia carne,
y nadie ve el cereal.
EL VADO
Una curva en el camino de tierra
que el río acompaña.
No hay arena pero hay semillas
que, cosidas por las heridas,
nunca germinaron,
se pudrieron antes de la cosecha.
Los nombres son de hierro, son de piedra.
Una tierra que empuja su camino
dentro de sus propias profundidades y es reflejada
en un vacío cielo.
Los pozos están llenos,
las voces incontables.
El pasto está creciendo grueso y opulento
como el pasto en todas partes, brilla y frota
a pesar de todo lo que sabe.
Ya el cuclillo ha arrojado su ojo
sobre un nido vacío.
El ganado pasta lánguidamente aquí
en el mórbido crecimiento de la paz.
(Fuente: Idiomas olvidados)
No hay comentarios:
Publicar un comentario