El labio del vaso quiero morder...
El labio del vaso quiero morder, que es almizcle.
En este tiempo uno ha de desenfrenarse:
cuando se me perdió el vaso en el jardín entre la hierba,
cogiendo rosas y mamando al borde del frasco,
mientras el ruiseñor arriba hablaba sin acabar.
El vino se ha tornado amante delgado y pálido;
dejadme con mi vaso, hermanos, recuperarme.
Quien me diga: «Bebe y disípate» es mi amigo,
e insultaré a quien me diga que me enderece.
Sobre el beber guerra habemos el alfaquí y yo:
es dulce pecar en días de lechuga e hinojo;
mas, al verme mi blanca barba, me dice: «Arrepiéntete».
Pero yo, por costumbre, aprendo vías de ilicitud.
Entre la copa, el jarro y el tazón
estoy borracho perdido, ebrio y eufórico,
llegándome un aroma de jazmín y albihar,
como el elogio del más noble señor, Abulhakam.
Visir, la fragancia de tu elogio se expande como almizcle;
a los reyes más que azúcar place recordarte;
la fortuna metió su lanza en la entraña de tu enemigo,
y el mundo, sonriente, viene a servirte.
Sé tu lustre del que conozco mil páginas;
amo tu gloria, que más se ve cuando eres humilde;
la comparo al almizcle cuando se expande,
y, cuanto más se quiere ocultar; más delata.
Acabó el cejelillo, y es más dulce que brisa;
el escanciador lo canta y el comensal lo baila:
ten saludos míos, que me voy y me quedo;
cuando un poeta saluda; alguna cosilla quiere.
incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).
(Fuente: Asamblea de palabras)
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