LA LUZ, EL AIRE, EL PÁJARO I
A esta luz de hoy
abotonada al forro entumecido
del cielo,
la querría más austera
y no menos poética,
sí más inmediata,
despojada de límites retóricos
que, dilatando el campo,
sujetan, sin embargo, la mirada
al cerco empobrecido
de las comparaciones.
A esta luz de hoy la quisiera
neblina entre mis dedos,
prieta en los recodos de la piel,
aliento en la copa de los pinos,
pero, más aún, la quiero
en su infinito presa y al tiempo dilatada,
simplemente luz
y la sostenga
el graznido de un cuervo en su aleteo,
el arrullo de una alondra, a lo lejos,
y el biselado roce de cigarras,
haciendo más compacto el aire
a medida que avanza el sol
hacia el cenit.
*
Ocupada por algo
que pretende vivir,
que insiste en respirar el aire
de la mañana y me despierta,
despierta al yo
(que acompaña los actos
como el pronombre al verbo)
para que aprecie. Hace mal.
Mejor sería dejarle dormir.
En cuanto se despierte
irá a cobijarse,
según es su costumbre,
en uno de los husos.
Lo hallaremos colgado
de una imagen-recuerdo o
revolviendo, febril, la caja
de herramientas.
Así que el aire, ¿dónde,
el aire? Ah, sí, el aire, la mañana,
vivir, decía algo, alguien
tal vez decía, no sé. Las cigarras.
En otro tiempo, las cigarras.
de Hilos
(Fuente: Ada lírica)
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