LUCERO DEL RÍO
Atardecer infinito
en la selva encendida.
Alboroto de óleos
aromas fervientes
y chillidos salvajes
redimiendo el mundo.
Viajo varado en este reino de mito.
Ensueño de pupilas tersas
sienes moteadas y
fauces sigilosas.
Insólito estupor
ante un fresco alucinado.
Otorongo radiante
a la grupa de su yegua prieta.
Como delirio cautivo
en el reino de miel y frutas silvestres.
Vamos fluyendo entre caimanes
garzas y cormoranes
suavemente sin apremio.
Explorando las leyendas de esta vida.
Forcejeando para arrebatar a los dioses
la brasa de la santa libertad
bajo un espléndido lucero.
Noche cerrada en el Amaru Mayu.
Nocturno de voces
y conjuros espectrales.
Boscaje sonoro. Canto lunar.
Sobre mí el fulgor de tu cuerpo celeste.
Ascensión
21 h. 33 min. 12.2 seg.
Declinación
-15° 58’ 35.7”.
Diámetro del cuerpo
50 arcosegundos
desde la quilla de este bote.
A lo lejos hay fiesta en la ciudad.
Los felices colores de las bombardas
en la tibia oscuridad.
TIEMPO TOKAPU
Región cromática de mayo
tiempo tokapu
por las cimas mestizas.
Brusca prole
de tejados voladores
y sonoros gestos recortados en la brisa
de la hoyada madre.
Este aroma arrebolado
entre los pastos
tejiendo su horizonte
para la dura saga de la muchedumbre.
El mundo cuesta arriba.
El alto y hondo mundo acompasado
con su clara claridad erguida
sobre desolladas gredas.
Dulce prole tenaz
vieja es la estela de la agreste chicha
rojo y garzo
el viento del ocaso en la Plaza del Cusco.
La amada libertad es la armonía.
La rancia esclavitud el caos.
No hay demiurgo sideral bajo los Andes.
El poeta es el demiurgo que galopa.
La ciudad es un poeta exorbitado.
Y redimido tramonto hacia los valles.
La yerba seducida por los ríos
transporta nuestra bárbara nobleza.
Las tonadas de la cálida gleba
divagan tamboreándonos por dentro.
A tiro de piedra
el trajín tornasolado
de los pueblos.
Una frágil fiesta de turtupilines.
Un veloz estruendo de loros
contra los kapulíes.
Tras la floresta me detengo a ser feliz.
Más feliz que esos límpidos zumos
en el bullente Mercado de Quillabamba.
(Fuente: Angeles de papel)
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