lunes, 8 de febrero de 2021

Enrique Banchs (Buenos Aires, 1888 - 1968)

 

 

LA URNA

(Fragmento)


I
Entra la aurora en el jardín; despierta

los cálices rosados; pasa el viento

y aviva en el hogar la llama muerta,

cae una estrella y raya el firmamento;



canta el grillo en el quicio de una puerta

y el que pasa detiénese un momento,

suena un clamor en la mansión desierta

y le responde el eco soñoliento;



y si en el césped ha dormido un hombre

la huella de su cuerpo se adivina,

hasta un mármol que tenga escrito un nombre



llama al Recuerdo que sobre él se inclina...

Sólo mi amor estéril y escondido

vive sin hacer señas ni hacer ruido

1.


II


También el subterráneo manantial

en su lecho de jaspe prisionero,

sufre, pero después rompe el venero

gorjeando ante la lumbre celestial;



recata un terciopelo funeral

el rostro rosa de la aurora, pero

también la aurora al fin rasga el severo

luto nocturno y ríe en el zorzal;



mucho tiempo en el surco está dormido

en laborioso sueño el útil grano,

y engarza al fin la espiga en el verano;



también mi amor estéril y escondido,

se levanta en su noble estampa humana

de pie sobre la estrofa castellana.

2.


Hermosa es la sidérea compañía

de siete estrellas en la oscura frente

del universo... Pero está vacía

la sombra que la octava hermana ausente.



¿Qué ignoto espacio su fulgor rocía

desde una eternidad, sola y silente?,

¿qué destino, a ella sola desprendía

como una flor del grupo refulgente?



El aderezo de las siete estrellas

es bello y como lágrimas son ellas...

pero pienso en la otra: ¡en la que falta!...



Veré más rostros y pasión más alta,

pero con fiel angustia, solamente

pensaré en esa que perdí, ¡la ausente!

3.


Por la bella sonrisa de alegría

que sin ser para mí, la hice mía,

por la bella sonrisa

mi verso ilusionado se desliza.



Por la bella mirada que vagaba

en lo vago... y creí que me miraba,

por la bella mirada

nace y nace mi estrofa enamorada.



Pupila indiferente, boca roja

que mirando y sonriendo dais consuelo,

¡que me disteis tesoro sin quererlo



e ilusión sin saberlo!

Fuisteis como la flor que se deshoja,

que se deshoja y engalana al suelo.

4.


Como es de amantes necesaria usanza

huir la compañía y el ruïdo,

vagaba en sitio solo y escondido

como en floresta umbría un ciervo herido.



Y a fe, que aunque cansado de esperanza,

pedía al bosquecillo remembranza

y en cada cosa suya semejanza

con el ser que me olvida y que no olvido.



Cantar a alegres pájaros oía

y en el canto su voz no conocía;

miré al cielo de un suave azul y perla



y no encontré la triste y doble estrella

de sus ojos... y entonces para verla,

cerré los míos y me hallé con ella.


5.




Seis años llevo con la misma suerte...

Quiero salvarme del doliente estado:

mando a mis ojos que no quieran verte;

¡los ojos suaves porque te han mirado!



La vida en vano me ha labrado fuerte

para dejarme a mi memoria atado...

No más por ti la voz se me despierte;

¡la voz que es suave porque te ha nombrado!



Nada me dice que llegó el momento,

(en que me mires con piedad amante)

que en tanto tiempo he imaginado tanto.



¿Y qué haré entonces con mi gran tormento

Pensar que llega mi postrero instante

que en tanto tiempo he imaginado tanto.

6.


Mientras la tarde ponga la diadema

de su fulgor letárgico y tranquilo,

moribunda gloriola, en la suprema

fronda del tilo;



mientras mi sentimiento tenga asilo

en la palabra hispana y por emblema

lágrimas; mientras trace en noble estilo

la razón de mis horas: el poema,



la olvidaré... Mas hoy, hoy otra vez,

Memoria, lamentemos lo perdido.

¡Oh, Sombra, no te vayas! Dolorida



habla otro instante y otro más después;

porque si éste es el tiempo del olvido,

¡oh, Sombra! no es el de la despedida.

7.


Si como sombra fue mi pensamiento,

sombra eterna abrazada a tu figura,

si me diste tan largo sufrimiento,

sufrimiento y dulzura...



Y si en mi breve juventud fulgura

la tuya, como en mudo firmamento

el brillo de la luna; y si perdura

con secreto lamento



la angustia que me viste en la mirada

y que en otra pupila repetida

yo no sé si fue cita o despedida,



¿por qué pasamos sin decirnos nada?,

¿por qué dejar que se marchite en vano

la rosa blanca del amor humano?


también la aurora al fin rasga el severo

luto nocturno y ríe en el zorzal;



mucho tiempo en el surco está dormido

en laborioso sueño el útil grano,

y engarza al fin la espiga en el verano;



también mi amor estéril y escondido,

se levanta en su noble estampa humana

de pie sobre la estrofa castellana.

2.


Hermosa es la sidérea compañía

de siete estrellas en la oscura frente

del universo... Pero está vacía

la sombra que la octava hermana ausente.



¿Qué ignoto espacio su fulgor rocía

desde una eternidad, sola y silente?,

¿qué destino, a ella sola desprendía

como una flor del grupo refulgente?



El aderezo de las siete estrellas

es bello y como lágrimas son ellas...

pero pienso en la otra: ¡en la que falta!...



Veré más rostros y pasión más alta,

pero con fiel angustia, solamente

pensaré en esa que perdí, ¡la ausente!

3.


Por la bella sonrisa de alegría

que sin ser para mí, la hice mía,

por la bella sonrisa

mi verso ilusionado se desliza.



Por la bella mirada que vagaba

en lo vago... y creí que me miraba,

por la bella mirada

nace y nace mi estrofa enamorada.



Pupila indiferente, boca roja

que mirando y sonriendo dais consuelo,

¡que me disteis tesoro sin quererlo



e ilusión sin saberlo!

Fuisteis como la flor que se deshoja,

que se deshoja y engalana al suelo.

4.


Como es de amantes necesaria usanza

huir la compañía y el ruïdo,

vagaba en sitio solo y escondido

como en floresta umbría un ciervo herido.



Y a fe, que aunque cansado de esperanza,

pedía al bosquecillo remembranza

y en cada cosa suya semejanza

con el ser que me olvida y que no olvido.



Cantar a alegres pájaros oía

y en el canto su voz no conocía;

miré al cielo de un suave azul y perla



y no encontré la triste y doble estrella

de sus ojos... y entonces para verla,

cerré los míos y me hallé con ella.


5.




Seis años llevo con la misma suerte...

Quiero salvarme del doliente estado:

mando a mis ojos que no quieran verte;

¡los ojos suaves porque te han mirado!



La vida en vano me ha labrado fuerte

para dejarme a mi memoria atado...

No más por ti la voz se me despierte;

¡la voz que es suave porque te ha nombrado!



Nada me dice que llegó el momento,

(en que me mires con piedad amante)

que en tanto tiempo he imaginado tanto.



¿Y qué haré entonces con mi gran tormento

Pensar que llega mi postrero instante

que en tanto tiempo he imaginado tanto.

6.


Mientras la tarde ponga la diadema

de su fulgor letárgico y tranquilo,

moribunda gloriola, en la suprema

fronda del tilo;



mientras mi sentimiento tenga asilo

en la palabra hispana y por emblema

lágrimas; mientras trace en noble estilo

la razón de mis horas: el poema,



la olvidaré... Mas hoy, hoy otra vez,

Memoria, lamentemos lo perdido.

¡Oh, Sombra, no te vayas! Dolorida



habla otro instante y otro más después;

porque si éste es el tiempo del olvido,

¡oh, Sombra! no es el de la despedida.

7.


Si como sombra fue mi pensamiento,

sombra eterna abrazada a tu figura,

si me diste tan largo sufrimiento,

sufrimiento y dulzura...



Y si en mi breve juventud fulgura

la tuya, como en mudo firmamento

el brillo de la luna; y si perdura

con secreto lamento



la angustia que me viste en la mirada

y que en otra pupila repetida

yo no sé si fue cita o despedida,



¿por qué pasamos sin decirnos nada?,

¿por qué dejar que se marchite en vano

la rosa blanca del amor humano?

8.


En la fosca y solemne cumbre crece

el leucerón; la nieve es su sustento;

y en el hospitalario valle el viento

las campanitas del muguete mece.



La flor que en el radioso encumbramiento

solitaria y sufrida languidece

no se puede juntar con la que ofrece

al llano azul su perfumado aliento.



Y sin embargo, al fin, las dos cortadas,

en una misma copa se marchitan

en sombrías alcobas, olvidadas...



Inútil nos separa opuesta suerte,

y en vano los orgullos nos evitan:

nos hallaremos juntos en la muerte. 

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