LA URNA
(Fragmento)
I
Entra la aurora en el jardín; despierta
los cálices rosados; pasa el viento
y aviva en el hogar la llama muerta,
cae una estrella y raya el firmamento;
canta el grillo en el quicio de una puerta
y el que pasa detiénese un momento,
suena un clamor en la mansión desierta
y le responde el eco soñoliento;
y si en el césped ha dormido un hombre
la huella de su cuerpo se adivina,
hasta un mármol que tenga escrito un nombre
llama al Recuerdo que sobre él se inclina...
Sólo mi amor estéril y escondido
vive sin hacer señas ni hacer ruido
1.
II
También el subterráneo manantial
en su lecho de jaspe prisionero,
sufre, pero después rompe el venero
gorjeando ante la lumbre celestial;
recata un terciopelo funeral
el rostro rosa de la aurora, pero
también la aurora al fin rasga el severo
luto nocturno y ríe en el zorzal;
mucho tiempo en el surco está dormido
en laborioso sueño el útil grano,
y engarza al fin la espiga en el verano;
también mi amor estéril y escondido,
se levanta en su noble estampa humana
de pie sobre la estrofa castellana.
2.
Hermosa es la sidérea compañía
de siete estrellas en la oscura frente
del universo... Pero está vacía
la sombra que la octava hermana ausente.
¿Qué ignoto espacio su fulgor rocía
desde una eternidad, sola y silente?,
¿qué destino, a ella sola desprendía
como una flor del grupo refulgente?
El aderezo de las siete estrellas
es bello y como lágrimas son ellas...
pero pienso en la otra: ¡en la que falta!...
Veré más rostros y pasión más alta,
pero con fiel angustia, solamente
pensaré en esa que perdí, ¡la ausente!
3.
Por la bella sonrisa de alegría
que sin ser para mí, la hice mía,
por la bella sonrisa
mi verso ilusionado se desliza.
Por la bella mirada que vagaba
en lo vago... y creí que me miraba,
por la bella mirada
nace y nace mi estrofa enamorada.
Pupila indiferente, boca roja
que mirando y sonriendo dais consuelo,
¡que me disteis tesoro sin quererlo
e ilusión sin saberlo!
Fuisteis como la flor que se deshoja,
que se deshoja y engalana al suelo.
4.
Como es de amantes necesaria usanza
huir la compañía y el ruïdo,
vagaba en sitio solo y escondido
como en floresta umbría un ciervo herido.
Y a fe, que aunque cansado de esperanza,
pedía al bosquecillo remembranza
y en cada cosa suya semejanza
con el ser que me olvida y que no olvido.
Cantar a alegres pájaros oía
y en el canto su voz no conocía;
miré al cielo de un suave azul y perla
y no encontré la triste y doble estrella
de sus ojos... y entonces para verla,
cerré los míos y me hallé con ella.
5.
Seis años llevo con la misma suerte...
Quiero salvarme del doliente estado:
mando a mis ojos que no quieran verte;
¡los ojos suaves porque te han mirado!
La vida en vano me ha labrado fuerte
para dejarme a mi memoria atado...
No más por ti la voz se me despierte;
¡la voz que es suave porque te ha nombrado!
Nada me dice que llegó el momento,
(en que me mires con piedad amante)
que en tanto tiempo he imaginado tanto.
¿Y qué haré entonces con mi gran tormento
Pensar que llega mi postrero instante
que en tanto tiempo he imaginado tanto.
6.
Mientras la tarde ponga la diadema
de su fulgor letárgico y tranquilo,
moribunda gloriola, en la suprema
fronda del tilo;
mientras mi sentimiento tenga asilo
en la palabra hispana y por emblema
lágrimas; mientras trace en noble estilo
la razón de mis horas: el poema,
la olvidaré... Mas hoy, hoy otra vez,
Memoria, lamentemos lo perdido.
¡Oh, Sombra, no te vayas! Dolorida
habla otro instante y otro más después;
porque si éste es el tiempo del olvido,
¡oh, Sombra! no es el de la despedida.
7.
Si como sombra fue mi pensamiento,
sombra eterna abrazada a tu figura,
si me diste tan largo sufrimiento,
sufrimiento y dulzura...
Y si en mi breve juventud fulgura
la tuya, como en mudo firmamento
el brillo de la luna; y si perdura
con secreto lamento
la angustia que me viste en la mirada
y que en otra pupila repetida
yo no sé si fue cita o despedida,
¿por qué pasamos sin decirnos nada?,
¿por qué dejar que se marchite en vano
la rosa blanca del amor humano?
también la aurora al fin rasga el severo
luto nocturno y ríe en el zorzal;
mucho tiempo en el surco está dormido
en laborioso sueño el útil grano,
y engarza al fin la espiga en el verano;
también mi amor estéril y escondido,
se levanta en su noble estampa humana
de pie sobre la estrofa castellana.
2.
Hermosa es la sidérea compañía
de siete estrellas en la oscura frente
del universo... Pero está vacía
la sombra que la octava hermana ausente.
¿Qué ignoto espacio su fulgor rocía
desde una eternidad, sola y silente?,
¿qué destino, a ella sola desprendía
como una flor del grupo refulgente?
El aderezo de las siete estrellas
es bello y como lágrimas son ellas...
pero pienso en la otra: ¡en la que falta!...
Veré más rostros y pasión más alta,
pero con fiel angustia, solamente
pensaré en esa que perdí, ¡la ausente!
3.
Por la bella sonrisa de alegría
que sin ser para mí, la hice mía,
por la bella sonrisa
mi verso ilusionado se desliza.
Por la bella mirada que vagaba
en lo vago... y creí que me miraba,
por la bella mirada
nace y nace mi estrofa enamorada.
Pupila indiferente, boca roja
que mirando y sonriendo dais consuelo,
¡que me disteis tesoro sin quererlo
e ilusión sin saberlo!
Fuisteis como la flor que se deshoja,
que se deshoja y engalana al suelo.
4.
Como es de amantes necesaria usanza
huir la compañía y el ruïdo,
vagaba en sitio solo y escondido
como en floresta umbría un ciervo herido.
Y a fe, que aunque cansado de esperanza,
pedía al bosquecillo remembranza
y en cada cosa suya semejanza
con el ser que me olvida y que no olvido.
Cantar a alegres pájaros oía
y en el canto su voz no conocía;
miré al cielo de un suave azul y perla
y no encontré la triste y doble estrella
de sus ojos... y entonces para verla,
cerré los míos y me hallé con ella.
5.
Seis años llevo con la misma suerte...
Quiero salvarme del doliente estado:
mando a mis ojos que no quieran verte;
¡los ojos suaves porque te han mirado!
La vida en vano me ha labrado fuerte
para dejarme a mi memoria atado...
No más por ti la voz se me despierte;
¡la voz que es suave porque te ha nombrado!
Nada me dice que llegó el momento,
(en que me mires con piedad amante)
que en tanto tiempo he imaginado tanto.
¿Y qué haré entonces con mi gran tormento
Pensar que llega mi postrero instante
que en tanto tiempo he imaginado tanto.
6.
Mientras la tarde ponga la diadema
de su fulgor letárgico y tranquilo,
moribunda gloriola, en la suprema
fronda del tilo;
mientras mi sentimiento tenga asilo
en la palabra hispana y por emblema
lágrimas; mientras trace en noble estilo
la razón de mis horas: el poema,
la olvidaré... Mas hoy, hoy otra vez,
Memoria, lamentemos lo perdido.
¡Oh, Sombra, no te vayas! Dolorida
habla otro instante y otro más después;
porque si éste es el tiempo del olvido,
¡oh, Sombra! no es el de la despedida.
7.
Si como sombra fue mi pensamiento,
sombra eterna abrazada a tu figura,
si me diste tan largo sufrimiento,
sufrimiento y dulzura...
Y si en mi breve juventud fulgura
la tuya, como en mudo firmamento
el brillo de la luna; y si perdura
con secreto lamento
la angustia que me viste en la mirada
y que en otra pupila repetida
yo no sé si fue cita o despedida,
¿por qué pasamos sin decirnos nada?,
¿por qué dejar que se marchite en vano
la rosa blanca del amor humano?
8.
En la fosca y solemne cumbre crece
el leucerón; la nieve es su sustento;
y en el hospitalario valle el viento
las campanitas del muguete mece.
La flor que en el radioso encumbramiento
solitaria y sufrida languidece
no se puede juntar con la que ofrece
al llano azul su perfumado aliento.
Y sin embargo, al fin, las dos cortadas,
en una misma copa se marchitan
en sombrías alcobas, olvidadas...
Inútil nos separa opuesta suerte,
y en vano los orgullos nos evitan:
nos hallaremos juntos en la muerte.
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