PARÁBOLA OITAVA
E que essa janela poderia ser a nossa a nossa a nossa
e também amei esses homens que morreram essas mulheres
que morreram
não porque o buscassem mas porque os mataram
não porque se quisessem mártires ou ícones mas porque
acreditaram num
mundo onde não minguasse justiça e pão
Foi-lhes esse para sempre um acto de amor e de amor
em vários actos
um acto de amor definitivo e cruel
sólido como vagas memórias de todos os futuros
também amei os que defenderam a sua Comuna
até nas paredes
de Père Lachaise
e os que viveram como ratos nas trincheiras de Kobani
para afastar fascismos
e derrubar santificados criminosos de todas as teocracias
carrascos em nome de deus
os que caíram sob as asas da Sombra para manter
a sacrossanta liberdade
para dizer alto o seu nome de dignidade escrito
os que defenderam as velhas jacqueries com um amor
de sangue e de luares
e voltaram a morrer na Carretera de La Muerte
sem conseguirem
chegar à vista de Almeria
e nas Termópilas frente às imensas multidões
e nos pavilhões gelados de Treblinka
os que enchem fossas nas largas campinas andaluzas
os que batalharam derredor Spartacus com as armas
do ânimo e da insubmissão
os que mesmo nas trevas proclamavam o seu amor
e o inventavam até
naquele muro arruinado por entre anúncios de aparelhos
de rádio
e detergentes
pois que
inventaram o amor com carácter de urgência.
E encontrá-los-emos onde houver uma flor rubra e essencial
onde estiver pousado sobre a porta o pássaro desconhecido
e admirável de
Daniel Filipe que também inventou o amor
quando
o escreveu nessa suprema elegia
e caminhou para sempre envolto numa cortina de música
porque
tudo poderia ser o amor pois não sabíamos apenas sabíamos
que
sempre existiria au bout du chagrin une
fenêtre ouverte
une fenêtre éclairée
e que essa janela poderia ser a nossa a nossa a nossa
e por isso a de toda a gente que o amor tocou para sempre
PARÁBOLA OCTAVA
Y que esta ventana pudiera ser nuestra, nuestra, nuestra
y también amé a esos hombres que murieron, a esas mujeres
que murieron
no porque lo buscaran, sino porque fueron asesinadas
no porque quisieran ser mártires o íconos, sino porque
creían en un
mundo donde la justicia y el pan nunca escaseaban
Esto fue siempre un acto de amor, y de amor
en muchos actos
un acto de amor definitivo y cruel
sólido como vagos recuerdos de todos los futuros
También amé a quienes defendieron su Comuna
incluso en los muros
junto al Padre Lachaise
y a quienes vivieron como ratas en las trincheras de Kobani
para repeler el fascismo
y para derrocar a los criminales santificados de todas las teocracias
verdugos en nombre de Dios
a quienes cayeron bajo las alas de la Sombra para mantener
la sacrosanta libertad
para proclamar a viva voz su nombre de dignidad escrito
a quienes defendieron las antiguas jacquerías con un amor
de sangre y de noches de luna
y murieron de nuevo en el Camino de la Muerte
sin lograr
llegar a ver Almería
y en las Termópilas ante las inmensas multitudes
y en los pabellones helados de Treblinka
los que llenan zanjas en las vastas llanuras andaluzas
los que lucharon alrededor de Espartaco con las armas
del espíritu y la insubordinación
los que incluso en la oscuridad proclamaron su amor
y lo inventaron hasta
en aquel muro en ruinas, entre anuncios de radios
y detergentes
porque ellos
inventaron el amor con urgencia.
Y los encontraremos dondequiera que haya una flor carmesí y esencial
donde el pájaro desconocido se posa en la puerta
y admirable
Daniel Filipe, quien también inventó el amor
cuando
lo escribió en esa elegía suprema
y caminó eternamente envuelto en una cortina de música
porque
todo podía ser amor, pues no lo sabíamos, solo sabíamos
que
siempre existiría al final del dolor una
ventana abierta
una ventana iluminada
y que esta ventana podía ser nuestra, nuestra, nuestra
y por lo tanto, de todos aquellos a quienes el amor tocó para siempre
Fernando Cabrita As Trinta Parábolas do Amor Imperecível. Colecção: On y va, Poesia. 2025
www.onyva.pt
(Fuente: Voces del extremo)

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