Antígona
¿Por qué, Hemón, te empeñas en asirme?
¿Por qué insiste tu sangre que se pierde
En abrazar los vaivenes de mi peplo?
Déjame, cervatillo,
Bailar en el aire
¿No oyes que el Bóreas tañe su canción
En el lazo de mi cuello?
Soy ave de la cueva que me guarda
En ella trazan mis piernas su vuelo
A veces errático
A veces circular
En ella oscilo
Me repliego
Y me hundo a veces en una quietud tan oscura
Que tú, animal del día, bramarías de espanto
¿Por qué, bestia mía,
Esta ofrenda inútil?
¿Por qué derramas tu sangre solar
Ante mi altar nocturno?
No es, Hemón, que no te sienta
Fuiste en mí la última estampida de lo diurno
El último lazo antes del lazo
Pero tu muerte no te acerca
Solo mi cuerpo a tu cuerpo cabalga
Tú, corcel encabritado,
Galopas la muerte sin que yo te vea
¿En qué ríos te detienes?
¿En qué abismos te desbocas?
Acaso, potrillo,
Bebas del Leteo
Y ya no me nombres
Y aunque sepas ahora del filo y de la sangre,
Nada ha de llegarte de mis muertes
¿Cómo decirte, Hemón,
Que en la danza de mi peplo
Concluye la danza de una estirpe
Que destrozó su carne con su carne?
¿Cómo decirte que bailan en mis pies
Los pies heridos de un niño
Que en mi cuello un eje se fractura
Y es el eje de un carro que se rompe
Cuando el hijo arremete contra el padre?
¿Cómo decirte que cuando el Bóreas se agita,
Mi vientre se retuerce
Como si recibiera
De su retoño
Simiente?
¿Cómo decirte que el Bóreas
Hace que mis miembros choquen
Como dos hermanos que se matan?
¿Cómo contarte, Hemón, que mis ojos
miraron las cuencas vacías de mi padre
Y en ellas vieron la vergüenza?
¿Cómo contarte que mis ojos miraron
Las cuencas vacías de mi hermano
Y en ellas vieron el vacío?
Tú, por más que sangres,
Potro de luz encabritado
No sabrás de mis muertes
No has de saber
Que esta tarde
Ya en mi cueva
Oí voces de varón que se acercaban
Anunciando el fin de mi castigo
Esta tarde, Hemón,
Oí a los hombres
Oí tu voz
Y apuré el lazo
Catharina
Yo, Catharina Hönn
Concebí un niño en septiembre
En abril, al mediodía, lo alumbré
Según los jueces
Falté a las leyes de Dios y de los hombres
El cura asintió
Persignándose
Dijo
Que solo a Dios me podía encomendar
Y que lo hiciera con fervor
Para salvarme del infierno y sus abismos
(Nada repliqué
Mas tengo para mí
Que el infierno cabe en un colchón de paja)
Con mi historia
Los notarios llenaron
Cinco folios
Que elevaron al gran duque
Quien confió la decisión a sus consejeros
(Nada objeté
Pero adivino que mi historia
Cabe en media cuartilla:
Yo, Catharina Hönn,
Concebí un niño en septiembre
Lo alumbré en abril, al mediodía,
Y lo oculté en la paja)
Los consejeros tardaron seis meses
En expedirse
Dijeron
Que aligerar mi pena sería inadecuado
Pues ¿cuál sería el ejemplo para otras
Débiles como yo?
Nada impugné
Tres días tardó el verdugo en requerirme
En el patíbulo leyeron los cargos
(Bien los conocía:
Yo, Catharina Hönn,
Concebí un niño en septiembre
Me creció a despecho
Lo alumbré en abril, al mediodía
Retorciéndome
Tres veces
Lo herí
Y lo oculté en la paja
Todo en silencio
Sobre el colchón angosto
En un cuarto más angosto todavía)
El cura volvió a persignarse
Entre rabia y pena
Me miraban las gentes
Decían algunos
Que bien lo merecía
Por apartarme de Dios
Nada repliqué
Mas tengo para mí
Que es Dios el que se aparta
Ifigenia
Despósame, puñal, no te acobardes.
Elige un sitio dulce para el hecho:
Garganta palpitante o gentil pecho,
Adéntrate allí, novio, no te tardes.
Mas tiemblas. Son, pues, vanos tus alardes
Y la hombría en que fundas tu derecho
De lacerar mi carne en tu provecho
Para que un viento más propicio aguardes.
Si así es como mi patria me desposa,
Destino más dichoso considero
El de Helena, a quien llamas licenciosa.
Si preguntas, puñal, también prefiero
A esta boda en la Hélade gloriosa
Una bárbara unión con extranjero.
El coro desmembrado toma la forma de un oratorio en un registro ácido y a la vez compasivo con los sufrimientos de la especie humana. Dice Mauro Fernández en el prólogo: “Hay aquí formas establecidas de la poesía: soneto, romance, romancillo, estancia; un trabajo visible sobre la tradición (…) En el poema que cierra el Acto 4, Abel enumera e identifica las voces que están junto a él en la muerte y en el poema. Varios personajes están en la literatura misma, otros en la historia, incluso algunos están en los diarios: costureras esclavas, albañiles, niñas prisioneras, guerrilleros, presos, Desdémona, Alyona Ivanova, Antígona, Septimus, Ofelia, Salomé.... Hay una ronda que canta en la muerte lo que no ha podido decir”
(Fuente: https://moebiusenlaradio.blogspot.com/.../emilia...

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