1
El tiempo es un anciano que descansa.
FRANCISCO BRINES
Casi libre de pensamientos
el anciano se aposenta
en el más pequeño
banco del parque.
El viento que levanta las faldas
le trae una leve sensación de bienestar.
Las horas llamearon su cuerpo.
Ahora está colocado
en esta miniatura de asiento
que le servirá de almohada.
Su cama será un conjunto de hilachas
con forma de estrella
pero sin luz.
Él, percibirá
en su extraño mundo
que la muerte merodea
como incendio voraz
su anatomía.
Vegetativamente sonríe
en una mueca
escoltada por dientes
que existieron.
A su lado la vida continúa.
Ratas multiplicadas en las aceras.
Ligeras lluvias acarician las rosas pisoteadas.
Una mariposa se pasea solitaria
y una luciérnaga
parece mantener la esperanza de que pronto
la noche cesará.
En este lugar todos avanzan veloces
para alcanzar algún espacio.
Nadie se detiene a acompañar
a este ser que lleva
el tiempo entre los huesos.
3
La daga que construyes para herirme. El cuchillo imantado que lanzas a mi pecho.
La tea con que incendias mis pisadas. La herida en mí descuidado rostro.
Las abejas que entrenas para emponzoñar mi espíritu.
Las aguas infectadas del jardín que cultivas para ensañarte en mi cuerpo derribado.
El pistoletazo que buscaste en el poema de Maiakosky para penetrar en mi sien.
Los restos de cicuta que indagas en la historia para que su esencia destruya mis entrañas.
Las investigaciones que avanzas para aprender y aplicarme las torturas más sublimes de la postmodernidad.
La cámara de gas que fuiste a conocer para estudiar la posibilidad de mi holocausto particular.
La mirada que exhibes cada mañana forzando a refugiarme en la quietud.
¿No son suficientes para detener tus asedios a mi sombra?
5
Los ojos que insertaste en las paredes
no ven más que a las paredes mismas.
Hacia los lados emerge una luz desvanecida.
¿Es que le falta amor a esos ojos?
Un museo silente tu mirada.
Sólo el oblicuo sentido de la vida
mantiene esta ilusión
de sentimientos contrapuestos.
8
Ninguna de estas imágenes se parecen a ti.
Son máscaras burlándose de mis mañanas,
vacío en que navega mi ser.
Pensativa parecías desaparecer en otro sueño
y dejas tu recuerdo colgando en una duda.
Permite que me quede con alguna de tus formas,
la más tenue quizás,
la que se desvanece con el solo intento de mirarla.
14
Desde mi aliento disparé tu nombre al firmamento.
Nada pasó en la inmensa constelación.
Lo intentaré de nuevo hasta que un eco
responda algún sonido,
de las letras que te aprisionan.
18
Vete
Cualquier
Gesto
Transferido
Por
La sangre
Podría
Destruir
La madrugada.
Tempestad del silencio (2014)
Santo Domingo: Editorial Santuario, 2014, pp. 15-16, 19, 21, 24, 30 y 34
(Fuente: Óscar Limache)
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