CORO
La prolijidad, desdichado lector,
no se corresponde con la índole
de mi carácter. Me maldispone
trabajar de prólogo, (amén
de este atavío arlequinesco).
Digo: como pueblo
soy una caricatura del primer mundo.
Debiera componer un mundo, ¿no?
Ahora salgo para advertir una razón:
la melancolía no era el único pasto
de las aves. Comedia o no,
cada quien arrastra el trayecto de su risa.
Lo supo Aristófanes, frente a la amargura
ateniense; y el inefable Fidel Pintos,
cuya fealdad sin palabra
nos consolaba de nosotros mismos.
Está dicho: para un pueblo joven, lo risible
compromete innumerables músculos.
Leda llora el cocoliche
Meledetto il Kaiser, Leda, perqué llorá.
No ai visto qui a arribato il signore
Pane... El mismo, cittadino a la Floresta,
coloquialista americano, tutto un bardo...
No, no e' un ganso. Lo ganso sono ansare
qui grídano di notte e moléstano la cuadra.
Leda, Leda, abrile le gambitte, si e'
un capomastro di prestigio, alto e forte:
un vero Jove... Ma qué importa si usa
cocoliche. Noi, no siamo tan nobile, ¿no?...
¿Cóme que volete un argentino?
¡Mala pécora, si questo paese dá merda!
Guardáte al Gínsbero, nene, lo bitinique,
que me si'strola la verdolería.
PUERTA
Ahí estás, cerrada igual que un párpado,
como si detrás no hubiera
un evaporado país, tronar de un corno
de la fantasía:
llanura,
mueca o sonrisa
para cada ahogado acontecer.
RAJA,
con esplendor vibrando
en el hábito de lo efímero,
cada línea, cada línea,
como el dolor
pidiendo aire, corriendo el cerrojo
de una indestructible
eternidad
desmantelada.
(Fuente: Henderson Espinosa)
No hay comentarios:
Publicar un comentario