Blando
En consonancia con la regla de la ironía –que requiere que alberguemos al enemigo de este lado de la barricada– el cascarón del águila nonata o el pelícano, diseñado para dar protección hasta que los grandes picos se endurezcan, es lo primero en absorber veneno. Aquel estuche mineral es blando y giboso cual luna sobre un lago: un agua elástica, gomosa, pesadillesca que jamás se quiebra. En otros ámbitos también observo la pantomima de la lucha, una blandura que se extiende a todos.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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