dejé caer mi antiguo diccionario
de sinónimos y antónimos por antojo
y aún no lo he elevado
(¿qué es la altura cuando uno mira hacia abajo?
¿me imagino un dinosaurio...?)
quizás ya, el culícido demonio yace aplastado
enceguecido y su caótico violín
en el propio vaho sangriento
de mil festines fúnebres
(quién podría explicar todo ello?
¿me imagino algún ateo...?)
ese mosquito nunca creyó
y nunca supo si yo existo o no
y el sol me marea
a la noche
cuando fumo
y leo
y escribo
tal vez solo o solamente
ungido y omnipresente
yo no encuentro una sola falla,
es el silencio entre todas las letras
negras y yugulares de abril,
buscando un amor, era
(...) sabes, un punto muerto
aún contiene lo que he respirado
y tu pequeño aguijón
apartado de mi vena
(Fuente: Daniel Rafalovich)
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