NO ESPERO A NADIE
Sabré, aunque partas con el viento, cómo
hacerte regresar. Sé de dónde viene tu lejanía.
Parte, como los recuerdos hacia su pozo
para el eco y esperándote.
Sabré cómo hacerte regresar.
Parte en las flautas de los antiguos pueblos del mar
y en la caravana de la sal por su periplo infinito. Parte.
Tu canto se escapa de ti, de mí y de mi tiempo
en busca de un nuevo caballo que haga danzar a su ritmo
libre. No encontrarás al imposible sentado, esperándote,
como el día que te encontré, el día que te hice nacer
de mi deseo.
Sabré cómo hacerte regresar.
Iré con el río de un destino a
otro porque el viento está preparado para arrancarte de
mi luna y, sobre mis árboles, las últimas palabras están preparadas
para caer en la plaza del Trocadero. Retorna
para encontrar el sueño y parte
hacia cualquier oriente y occidente que te lastren de exilio
y me alejen un paso de mi lecho y de uno
de los cielos de mi triste alma. El fin
es hermano del comienzo. Parte y encontrarás lo que dejaste
aquí, esperándote.
Yo no te he esperado, ni he esperado a nadie.
Como todas las mujeres solitarias en sus noches, yo tenía que
peinarme despacio, administrar mis asuntos, romper
sobre el mármol el frasco de colonia e impedir
a mi alma que se ocupara de sí misma en
el invierno. Como si le dijera: abrígame
y yo te abrigaré, esposa mía, y cuida tus manos.
¿Qué les importa a ellas el descenso del cielo sobre
la tierra o el viaje de la tierra al cielo?
Cuida tus manos para que ellas te porten -"tus manos
son tus maestras", decía Éluard-. Parte.
Yo te amo y no te amo.
No te he esperado, ni he esperado a nadie.
Tenía que escanciar el vino
en dos copas rotas y prohibir a mi alma
que se ocupara de sí misma esperándote.
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en "El lecho de una extraña", Hiperión, Madrid, 2005. Ed. y trad., María Luisa Prieto. En la imagen, Mahmud Darwish (Al-Birwa, Palestina, 1941-Houston, EE. UU., 2008 / Periódico de Poesía)
(Fuente: Jonio González)
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