lunes, 8 de abril de 2024

Louis Paul Boon (Aalst, Bélgica, 1912 - 1979)

 

 
 

La pequeña Eva de la calle del Hacha Torcida (1956)
- algunos fragmentos

.
                            - trad. Jan de Jager
 
 
 
Martes día incoloro
ni siquiera llueve
largos filamentos calientes
donde detrás de la fábrica de gas comienza
Eso que la gente llama los terrenos baldíos –
una línea de tranvía para nadie
¿por qué hay una parada?
entre los matorrales y los pastos altos
el hombre de la bolsa busca comida para conejos
y encuentra además otra cosa
siempre buscamos otra cosa
que lo que encontraremos –
el cuerpito casi desnudo
de la pequeña eva blancken
perdida desde la noche del domingo
 
pequeño indicio: un hombre que vestía una gabardina de color pálido (desde ahora todas las gabardinas resultarán sospechosas) le habló a otra chiquita en las inmediaciones de la calle del Hacha Torcida (me gustaría saber Qué es lo que dijo porque lo que importa son sus palabras y no los términos que emplean comúnmente los periódicos) unos instantes antes de la desaparición de mi pequeña eva
 
un momento de abatimiento en el barrio
un hormiguero atravesado
por una pala
un mar
cuya rompiente de pronto se detuvo
el barullo en la casa de sus padres
en esta edición encontrarán los lectores que gustan de asesinar criaturas todos los detalles de este hecho atroz (de hecho es atroz que Esto merezca ser denominado un hecho) así como una descripción de la pequeña asesinada
el hombre de la bolsa de comida para conejos
motivo para un van gogh gris
o pongámosle un grosz
lo mismo da mientras sea gris
un hombre de guadaña oxidada
con un fondo indefinido de fábrica de gas –
un hombre que mete comida de conejos
en una bolsa
en la tarde
las sombras se alargan
y más estirado suena el silbato del tranvía
y los periódicos dicen bastante apartado
el sujeto primero no se dio cuenta de qué se trataba
¿quién no reconoce un cuerpo desnudo? pero en fin
los chicos vienen a menudo a jugar y arman
carpas
pequeñas casas de mantas viejas y bolsas de arpillera
no me (avivé) en seguida
y entonces descubrí lo que resultó ser el cuerpito
de una pobre chiquita
una pequeña con las piernas un tanto encogidas – ay un tanto inapropiado ese “un tanto” – las manos implorando a su dios su asesino, lo cual viene a ser una mera desilusión óptica porque en realidad están atadas con una delgada cuerda
una soga
que hizo hincharse azules
esas manos
 
medias negras por debajo de la rodilla
la braguita arremangada hasta los muslos
como se desuella a los conejos
por el rostro le había corrido algo de sangre
y por lo demás unas lesiones
y arañazos en los brazos
ahí estaba yo dice el hombre de la bolsa
un trozo de tela ensangrentada y unas baratijas,
anillos de fantasía de vidrio y unas monedas
¿así se atraen estas pequeñas conejitas rosadas
hacia las tierras baldías
con bisutería barata y moneditas?
las otras prendas amontonadas
el suelo húmedo y ya
un escarabajo que se escabulle
la pequeña eva blancken los periódicos la denominan El cuerpito
es llevada a la morgue de la cárcel
todavía no conoce el descanso que es
el derecho propio de los cadáveres
en el transcurso de la noche
la autopsia asesina
los doctores de la ley no saben
que matan un cadáver
la alta luz eléctrica les aterriza en las manos
magos
sacerdotes de la ciencia
el cuerpito mucho más desnudo que
rodeada de comida de conejos en la tierra baldía
el pasto mojado los matorrales crecidos
la mesa en cambio una tabla de picar.
los doctores de la ley alrededor, curiosos monos blancos de la ciencia – uno a la cabeza del cuerpito dice la estrangularon con las manos y el pañuelo le fue atado
al cuello con posterioridad – y el otro en el otro extremo dice no fue violada, de ninguna manera
en la cocina destartalada el padre
de sesenta años la puerta de calle abierta
a la marea de mujeres de pueblo
niños como olas en la playa
es bicicletero de oficio siempre desocupado
y a menudo borracho
se lo ve calmo, sentado junto a la estufa
(tenía seis hijos ahora le quedan cinco)
y dice la pequeña eva de apenas ocho años
y otros de 12, 10 y 6
la de ocho ahora ausente
una muela extraída
un hueco al que hay que habituarse
él tiene sesenta y a menudo borracho
ella tiene treinta y a menudo cachonda?
con toda circunspección se le informa la terrible noticia, y aunque resulte increíble debemos consignarlo […] esta circunspección resultó un tanto superflua, esta madre de treinta años de edad recibió la noticia con total ecuanimidad – incluso cuando la policía se lo explicó por segunda vez (será que no entendió?) no pareció impactada
otra niña agnes relata que un hombre de gabardina
le habló al anochecer
en la calle solitaria –
prometiéndole una muñeca grande
el pálido engabardinado
con la gorra hasta los ojos
que son el espejo del alma
el cabello pegoteado en la frente también pálida
y a la vista una muñeca grande
que prometía y daría
pero hay más
la mujer en cuestión la señora de cloots
volviendo la semana pasada de la ciudad
con su hija de once años la pequeña agnes
con su vestido blanco de novia sagrada
cerca de la medianoche (por qué tan tarde
si esa es la hora en que las lechuzas cagan brea)
de retorno por las calles que gimen de soledad
junto a unas planchas de hormigón
bajo la luz de la luna
se acuclilla con el vestido blanco
de la hostia sagrada (un poco) alzado
y apenas cumplidas las necesidades
surge de lo oscuro un hombre
que les habla –
por poco no le pisa el vestido
cual isla blanca en torno a la acuclillada
la señora cloots los ojos espantados
el corazón latiendo a mil, con la niña de la mano
el paso presuroso, en silencio,
pero el hombre sigue siguiéndolas
un caimán en las aguas oscuras
de la calle alunada
secreteando palabras de amor y lascivia
lo sabemos a la pequeña eva
ya la vieron otras veces con hombres
¿estamos predestinados a ser asesinados
como otros están predestinados a ser asesinos?
una marca que identifica
a los animales salvajes
que el sacerdote sacrifica
pero para qué llevarla
a los baldíos campos elisios
donde se asesina y se ama
por qué matarla sin amarla
por qué atarla con una soga
estrangularla para que no gritara
afuera en la lluvia pálida
merodea un desconocido
en una selva de ladrillo
en una selva de gabardinas
 
(Fuente: Jan de Jager)

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