
DOLOR SIN MADRE
tiempo
cuando el
dolor cabía
íntegra
mente en
las manos de
la madre y
era posible
creer que
dolía
menos o
acaso se
podía
partir ese
dolor como
un pan algo
reseco y
poner la
peor parte
en boca de la
madre esa
boca hecha
para tejer
la sal
modia el
runrún
que lo
llevaba a
pulso hasta
la orilla
del día.
E incluso
hubo ese
tiempo
cuando a
brumaba
ese estar de
la madre
tan plan
chando sus
provisorios
pantalones y
sin embargo con
seguía des
migajar el
dolor y como
Hansel o
Gretel lo
iba des
parra
mando
en el sendero
hacia la
casa de
ella que ya
no era la
suya.
Pero ha
llegado
al fin ese
tiempo
en que ya
no hay
frazada ni
boca o
casa capaz
de con
tener ni
un solo
gajo de este
dolor tan
suyo y tan
intransferible
como un
diente
hueco o
una uña
encarnada.
Ha llegado
el momento
en que el
dolor es su
yo indi
visible y
ancho
como ese
río inmóvil a
cuya orilla
iba tomado de
la mano de
esa madre que
ya no se con
duele de
nada ni
cose ni
cuece ni
borda
ni des
borda
porque está
ya más
allá del
dolor y
del olvido.
(Fuente: Daniel Rafalovich)
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