domingo, 14 de abril de 2024

Dante Alighieri (Florencia, Italia, 1265 - Ravena, 1321)

 

 
LECTURA DANTIS
 
Purgatorio, 6 y 7
Sordello - Diatriba contra Italia - La playita de los nobles que 
quieren redimirse
 

6
Cuando se termina el juego de la zara, *
aquel que pierde se queda dolorido,
repitiendo los lances, y triste aprende;
 
con el otro se va toda la gente:
uno va delante, otro de atrás lo toma,
y uno, al lado, le llena la cabeza;
 
él no se amilana, y esto y lo otro escucha;
al que le dio la mano, se la suelta,
y así de la pandilla se defiende
 
Tal era yo en aquella turba espesa,
volviendo a ellos, allá y acá, la cara,
y, prometiendo, me libraba de ella.
 
Allí estaba el Aretino, que de los brazos **
fieros de Ghin de Tacco tuvo la muerte,
y el otro, que se ahogó yendo a la caza.
 
Allí rogaba con las manos levantadas
Federico Novello, y aquel de Pisa
que hizo parecer fuerte a Marzucco.
 
Allí el conde Orso y el alma separada
de su cuerpo por odio y por envidia,
como él decía, no por culpa cometida;
 
Pier da la Broccia nombro; y que se arrepienta,
mientras esté en la tierra, la dama de Brabante,
para que no vaya a andar con peor ralea.
 
Cuando me libré de todas las sombras
que rogaban para que otros rogasen,
tan apuradas por hacerse santas,
 
yo comencé: "Parecería que me niegas,
oh luz mía, que esté expresado en algún texto
que al decreto del cielo la oración doblega;
 
"y esta gente, sin embargo, ruega por esto:
¿será entonces su esperanza vana,
o no comprendo bien lo manifiesto?"
 
Y él a mí: "Mi escritura es llana;
y la esperanza de estos es certera,
si bien se mira con la mente sana;
 
"que la cima de juicio no se aplana
porque fuego de amor cumpla en un punto
la satisfacción que deben los que llegan;
 
"y donde yo traté sobre este asunto,
no se enmendaba, por rezar, defecto,
porque el rezo de Dios estaba lejos.
 
"Realmente en tan alta duda no te pares,
hasta que aquella no te diga
qué luz hay entre la verdad y el intelecto.
 
"No sé si me entiendes: hablo de Beatriz;
tú la verás arriba, en la cumbre
de este monte, feliz y sonriente".
 
Y yo: "Señor, vayamos más de prisa,
que ya no me fatigo como antes,
y veo ya que el monte arroja sombra".
 
"Iremos con el día por delante",
repuso, "todo lo que podamos;
pero no es la cosa como la imaginas.
 
"Antes de llegar arriba, verás regresar
aquel que se oculta tras la cuesta,
tal que sus rayos ya no quiebras.
 
"Pero mira allá un alma que, quieta,
sola solita, mira hacia nosotros:
esa nos enseñará la vía más corta".
 
Llegamos a ella: oh ánima lombarda,
¡cómo te estabas altanera y desdeñosa
y en el mover los ojos, honesta y tarda!
 
Ella no nos decía cosa alguna,
pero nos dejaba pasar, solo mirando
a modo de león cuando reposa.
 
Pero Virgilio se acercó rogando
que nos mostrase la mejor subida;
y aquella no respondía a su demanda,
 
mas de nuestra tierra y de la vida
nos interrogó; y el dulce duca comenzaba:
"Mantua...", y la sombra, toda en sí sumida,
 
se alzó hacia él desde el lugar en donde estaba,
diciendo: "¡Oh mantuano, yo soy Sordello ***
de tu tierra!"; y uno y otro se abrazaron.
 
¡Ah sierva Italia, del dolor albergue, ****
nave sin timonel en gran tormenta,
no señora provinciana, sino burdel!
 
Aquella ánima gentil estuvo así dispuesta,
solo al dulce sonido de su tierra,
a hacer a su paisano aquella fiesta;
 
y ahora en ti no están sin guerra
tus vivos, y uno al otro se atormentan
aquellos a quienes un mismo muro encierra.
 
Busca, mísera, a lo largo de las playas
tus marinas, y luego mira en ti
si alguna parte goza de la paz.
 
¿De qué vale que te acortase el freno
Justiniano, si la silla está vacía?
Sin aquel, tu vergüenza sería menor.
 
Ah gente que debiste ser devota,
y dejar sentar a César en la silla,
si entendieras lo que Dios te anota,
 
mira cómo esta fiera es indomable,
por no ser corregida con espuelas,
luego que pusiste mano en esa rienda.
 
¡Oh Alberto alemán que abandonas
a la que se hizo indómita y salvaje,
y debiste espolear en sus ijares,
 
justo juicio de las estrellas caiga
sobre tu sangre, y sea nuevo y claro,
tal que tu sucesor le tenga miedo!
 
Que han, tú y tu padre, tolerado,
distraídos allá por la codicia,
que el jardín del imperio sea un desierto.
 
¡Ven a ver Montescos y Capuletos,
Monaldos y Filipescos, hombre sin cuidado:
¡aquellos tristes, y estos con recelos!
 
¡Ven, cruel, ven, y mira la opresión
de tus gentiles, y cura sus defectos,
y verás cómo es Santaflor de oscura!
 
Ven a ver a tu Roma que llora,
viuda y sola, y de noche llama:
"Mi César, ¿por qué no me acompañas?"
 
¡Ven a ver la gente cuánto se ama!
Y si nada nuestro a piedad te mueve,
ven a avergonzarte de tu fama.
 
Y si me permites, oh sumo Jove,
que en tierra fuiste por nos crucificado,
¿están tus ojos justos vueltos a otro lado?
 
¿O es preparación que en el abismo
de tu juicio haces, para algún bien,
de nuestro entendimiento separado?
 
Porque las ciudades de Italia todas llenas
están de tiranos, y un Marcelo se vuelve
cada aldeano que milita en algún bando.
 
Florencia mía, puedes estar contenta
por esta digresión que no te toca,
gracias a tu pueblo, que así lo piensa.
 
Muchos tienen en el corazón justicia
y tarde se acuerdan de tender el arco;
pero tu pueblo la tiene a flor de labios.
 
Muchos rechazan la común caridad;
pero tu pueblo solícito responde,
sin ser llamado: "¡Yo me encargo!"
 
¡Ponte contenta, que tú tienes dónde:
tú rica, tú con paz, tú con juicio!
A decir verdad, el efecto no lo esconde.
 
Atenas y Lacedemonia que hicieron
las antiguas leyes y fueron tan civiles,
dieron con su buen vivir pequeño ejemplo,
 
frente ti, que haces tan sutiles
decretos, que a mitad de noviembre
no llegan los que en octubre hiciste.
 
¡Cuántas veces, en el tiempo que recuerdas,
leyes, moneda, oficio y costumbres
has mudado, y renovado ciudadanos!
 
Y si bien recuerdas, y ves la luz,
te verás semejante a aquella enferma
que no puede descansar sobre las plumas,
y dando vueltas cree que se cura.
 
 
 
* Antiguo juego de dados. El grito de ¡Zara! proferido ante el golpe de suerte, parece provenir del árabe zahr, dado, la misma raíz de azar en castellano.
** Dante presenta a más almas de muertos por la violencia: Benincasa de Caterina, el Aretino, fue juez y jurista: un forajido, Ghino de Tacco, entró al tribunal durante un proceso, en Roma, lo mató, lo decapitó y se llevó la cabeza; Tacco, que asolaba Maremma, fue perdonado por el Papa y nombrado caballero de San Juan: murió asesinado; "el otro", ahogado cuando fue a la caza, es Guccio Tarlati de Pietramala, muerto en el Arno mientras perseguía a sus enemigos, tras la batalla de Campaldino; Federico Novello era nieto del emperador Federico II y gobernó Florencia: fue muerto en circunstancias dudosas; "aquel de Pisa" que dio coraje a Marzucco era el hijo de este, Farinata de Scoringiani, muerto por el conde Ugolino. El conde Orso murió como consecuencia de una venganza. Pier de la Brosse, cirujano, aconsejó a Felipe de Francia acerca de las intrigas de su segunda esposa, María de Brabante: fue acusado de conspiración y ahorcado en 1267; Dante previene a la Brabante que mejor le sería arrepentirse para estar allí y no descender al Infierno (la "peor ralea").
*** Sordello da Goito o Sordel de Goit fue un trovador mantuano, sabio en literatura, muerto en 1269. Sirvió en distintas cortes, en España, Francia e Italia. Dante Alighieri lo elogia en De vulgari eloquentia pues "se valió de la patria lengua vulgar". Aquí, perdona su soberbia, a la que compensa atribuyéndole la virtud de la honestidad, de valor muy elevado, y significado más amplio que el actual, asimilable a la nobleza.
**** Se desencadena a partir de esta estrofa un durísimo alegato contra Italia y en especial contra Florencia, en este caso, irónico. Primero Dante apostrofa a la Iglesia, cuyos pontífices no supieron tomar las riendas que les dio el emperador Justiniano, y tampoco han visto la necesidad de devolver los fueros políticos a los laicos. Recuerda lo que "Dios anota", esto es, probablemente, el dar al César lo que es del César. Luego, arremete contra el monarca alemán Alberto de Ausburgo, hijo de Rodolfo, "rey de los romanos" (no llegó a ser coronado emperador) entre 1298 y 1308, quien desoye el llamado histórico, en opinión de Alighieri, a tomar el lugar de César. Le reprocha el desinterés por los italianos, "jardín del imperio", dividido en mil facciones, de las que cada jefe es un "Marcelo", en alusión al cónsul Cayo Claudio Marcelo, opositor enconado del César. Santaflor es mencionado como oscuro por ser un condado absolutamente dominado por la violencia política en esos años. La diatriba muestra a la vez el desencanto de Dante, exiliado y lejos ya de los güelfos (papistas), por la Iglesia y los monarcas germanos mencionados. Es claro su repudio irónico -una ironía dura que apenas se vio en el Infierno- a la mezquina anarquía de su patria, y su opción por un poder central fuerte.
 
 
7
Luego que el recibimiento honesto y alegre
fue reiterado tres y cuatro veces,
Sordello se echó atrás y dijo: "¿Tú, quién eres?"
 
"Antes de que a este monte fuesen enviadas
las almas dignas de subir a Dios,
mis huesos fueron por Octavio sepultados.
 
"Yo soy Virgilio; y por ninguna otra culpa
que la de no tener fe no tuve el cielo".
Así respondió entonces el duca mío.
 
Como el que delante de sí
ve de pronto algo que lo maravilla,
y cree y no, diciendo, "Es... no es...",
 
tal quedó aquel; luego inclinó la frente
y humildemente se acercó otra vez,
y lo abrazó, donde abraza un niño. *
 
"Oh gloria de los latinos", dijo, "por quien
mostró lo que podía nuestra lengua,
oh mérito eterno del lugar en el que fui,
 
"¿qué mérito o qué gracia a mí te muestra?
Si soy de oír tus palabras digno,
dime si vienes del infierno, y de qué círculo".
 
"Por todos los del doliente reino",
repuso él, "aquí he venido;
virtud del cielo me mueve, y con él vengo.
 
"No por hacer, sino por no hacer he perdido
ver el alto Sol que tú deseas
y que tarde por mí fue conocido.
 
"Lugar hay abajo no triste de martirios,
solo de tinieblas, donde los lamentos
no suenan como gritos, sino como suspiros.
 
"Allí estoy con los párvulos inocentes,
mordidos por los dientes de la muerte antes
que fueran de la humana culpa dispensados;
 
allí estoy con los que no vistieron
las tres santas virtudes, y sin vicio
supieron de las otras, y las siguieron.
 
"Pero si tú sabes y puedes, algún indicio
danos, para que podamos subir rápido allá,
donde el purgatorio tiene recto inicio".
 
Respondió: "Lugar cierto no me dieron;
lícito es para mí subir y andar en torno.
Hasta donde pueda, como guía te acompaño.
 
"Pero mira ya cómo declina el día,
y andar allá, de noche, no se puede;
bueno sería pensar dónde quedarnos.
 
"Almas hay, a la derecha de acá, remotas:
si me permites, te llevare con ellas,
y tendrás deleite en conocerlas".
 
"¿Cómo es eso?", fue dicho. "¿El que quisiese
subir de noche sería detenido
por alguien, o no sube el que no puede?"
 
Y el buen Sordello por la tierra pasó el dedo,
diciendo: "¿Ves?, ni de esta raya
pasarías después que el sol haya partido:
 
"no porque otra cosa detenga la subida
más que la nocturna tiniebla
que te quita la voluntad con impotencia.
 
"Pero bien se puede con ella volver atrás
y pasear junto a la costa, errando,
mientras el día cierra el horizonte".
 
Entonces mi señor, casi admirado,
"Llévanos", dijo, "donde tú dices
que puede ser la espera placentera".
 
No mucho nos habíamos alejado,
cuando vi una cañada en aquel monte,
igual que los valles de aquí abajo.
 
"Al sitio", dijo la sombra, "iremos,
en donde la costa hace un regazo,
y allí el nuevo día esperaremos".
 
Entre cuesta y llano había un sendero oblicuo
que conducía al extremo de aquel valle,
donde más bajo que los otros muere el borde.
 
Oro y plata fina, carmín y albayalde,
añil, leño lúcido y sereno,
fresca esmeralda en el punto en que se rompe,
 
por la hierba y la flor que había en aquel seno,
cada uno en sus colores sería vencido
como por su mayor es vencido el menos.
 
No había solamente natura allá pintada,
sino suavidad de miles de olores
que hacían uno, incógnito y distinto.
 
Salve, Regina, sobre el verde y las flores,
sentadas allí cantando ánimas vi,
que en el valle no parecían desde fuera.
 
"Antes que el poco sol se anide",
comenzó el mantuano hacia nosotros,
"entre aquellos no quieran que los guíe.
 
"Desde esta altura, actos y rostros
conocerán mejor de todo ellos,
que reunidos con tales allá abajo.
 
"Aquel que se sienta más alto y tiene cara **
de haber descuidado lo que debía hacer,
y que no mueve la boca con el canto,
 
"fue Rodolfo emperador, y podía sanar
las plagas que a Italia tienen muerta,
tal que más tarde renacerá por otros.
 
"El otro, que con la vista lo conforta,
reinó en la tierra donde nace el agua
que el Moldava lleva al Elba, y el Elba al mar.
 
"Otocar se llamó, y ya en pañales
fue mucho mejor que Wenceslao, su hijo
barbudo, quien en lujuria y ocio pace.
 
"Y el naricitas, que en estrecho conciliábulo
parece estar con el de benigno aspecto,
murió escapando y desflorando el lirio:
 
"¡miren allá cómo se bate el pecho!
Miren el otro que hizo de su palma
para su mejilla, suspirando, un lecho.
 
"Padre y suegro son del mal de Francia:
fueron sus vidas sucias y viciosas,
de ahí viene el dolor que los lancea.
 
"Aquel tan membrudo y que concuerda
cantando, con aquel del naso macho,
de cada valor llevó ceñida cuerda;
 
"y si rey después de él hubiese sido
el jovencito que tras él se sienta,
habría ido el valor de vaso en vaso,
 
"lo que no se puede decir del otro rey;
Jaime y Federico tienen los reinos;
el legado mejor, ninguno tiene.
 
"Raras veces en las ramas se propaga
la humana probidad; y esto quiere
quien la da, y de ellos se reclama.
 
"También por el narigón van mis palabras,
no menos que por el otro, Pedro, que con él canta,
por quien Pulla y Provenza se lamentan.
 
"Tanto es la planta menor que la semilla,
cuanto más que Beatriz y Margarita,
Constanza de su marido se envanece.
 
"Miren el rey de la vida simple,
sentado allá solo, Enrique de Inglaterra:
tiene en sus ramas su mejor herencia.
 
"Aquel que más bajo se sienta en tierra,
mirando hacia arriba, es Guillermo marqués,
quien, por Alejandría y por su guerra,
hace llorar a Monferrato y Canavés".
 
 
* Esto es, cayó de rodillas y abrazó las piernas de Virgilio.
** Sordello pasará a contar quiénes son los reunidos en torno a la santa canción en el paradisíaco valle. No son santos, sino nobles, guerreros, intrigantes. Rodolfo, el Ausburgo, ya recibió la diatriba de Dante en el canto anterior, junto con su hijo Alberto, pues ninguno de los dos luchó por sus derechos en Italia. Otocaro II, rey de Bohemia, violó los pactos de vasallaje a Rodolfo; según Sordello, el hijo de Otocaro, Wenscelao, fue peor, pero ambos tuvieron vidas reprobables. Felipe II, rey de Francia, a quien Sordello llama "naricitas", murió de tristeza tras ser derrotado por Pedro de Aragón; de allí lo de "desflorar el lirio", enseña del escudo real. El de "benigno aspecto" es Enrique II, rey de Navarra. Ambos fueron padre y suegro de Felipe, el Hermoso, rey de Francia entre 1285 y 1314, quien ejecutó a los jefes de los Templarios y saqueó sus bienes; era considerado por Dante el más corrupto de los monarcas de su tiempo. El "membrudo" es el propio Pedro de Aragón, casado con Constanza, la hija del germano Manfredo, a quien derrotaron Carlos de Anjou y la Iglesia según se narra en el Canto Segundo. El de maschio naso (diríamos nosotros, "nariz machaza") es el propio de Anjou, el aliado con la Iglesia para recuperar Sicilia de manos de Manfredo y autor de crímenes infames, según creía Dante, entre otros, el asesinato de Santo Tomás: Dante estaba seguro de que había envenenado al doctor de la Iglesia. El jovencito es Alfonso III. La Pulla abarcaba el reino de Nápoles, que junto con la Provenza fueron el legado de Carlos II. La "planta" es inferior a Carlos I, la "semilla", tanto como fue superior a este Pedro III. Beatriz y Margarita fueron esposas de Carlos I y Carlos II, y Constanza, como se dice más arriba, de Pedro III. El rey de Inglaterra, Enrique III, parece mejor que los demás y se sienta aparte. Más abajo se sienta el marqués Guillermo de Monferrato, puesto que no fue rey. Gibelino, es decir partidario del imperio, fue llamado Spadalunga (espada larga) y, prisionero de los güelfos (papistas) en la ciudad italiana de Alejandría de la Paglia, murió encerrado en una jaula. Su hijo Juan arrasó Alejandría. Dante no encontró, al parecer, otro motivo para imaginar todas estas almas en el Purgatorio que no fuera el de haber muerto arrepentidas. Sus tremendas figuras son, aun así, descritas sin concesiones por Sordello en el escenario edénico en el que cantan, devotos.
Divina Comedia, Dante Alighieri, versión de Jorge Aulicino, LOM, Santiago de Chile, 2018
Comentarios aparte:
Dante sigue en el estilo narrativo del Infierno, con pinceladas de los ambientes vulgares que sirven para comparar a veces las conductas de estas almas, que no son de condenados sino de penitentes destinados al Cielo. Vale decir, se trata de virtuosos.
El movimiento del Canto es el de un espíritu, el de Dante. Desde el fastidio que le causa la vulgaridad, Dante pasa al desdén olímpico y finalmente a la invectiva política.
Ya había visto que las buenas almas se pisoteaban en las playas para acercarse, después de comprobar que no es un alma sino un ser de carne y hueso. Ahora, más almas de aquellos que se arrepintieron in extremis lo acosan, "apuradas por hacerse santas", como al que gana un juego de dados en la taberna o en la calle y todos lo siguen con zalamerías y pedidos. Así termina su generoso ofrecimiento de dar cuenta de ellos al volver a la tierra. Como quien dice, das la mano y te agarran hasta el codo.
*
Antes de pasar a la contemplación de la mirada olímpica sobre esas menudencias, Dante mantendrá un breve diálogo doctrinario, de la mayor importancia para él y para la época.
Dante le pregunta a Virgilio si quizá leyó mal la Eneida, en cuyo Canto VI la Sibila dice que el decreto de los dioses no puede ser modificado por plegarias. Hasta el momento, los penitentes han dicho que las plegarias de los vivos pueden acortar su tiempo en el Purgatorio. Virgilio le responde con dos argumentos: uno, que sustancialmente el juicio de Dios no cambia, sólo que los deudos pueden pagar el pasaje del muerto. Parece que el criterio comercial, justamente, inquieta a Dante. Su pregunta tiene el trasfondo de la herejía cátara, que aún no estaba extinguida, y el sordo debate por las llamadas "indulgencias". Uno de los aspectos de aquella herejía era la afirmación de que el juicio de Dios es irrevocable. El segundo argumento de V. es que el dicho de la Sibila hay que entenderlo en el contexto de la obra: el rezo es el de un pagano y su plegaria no puede llegar a Dios (al presente Dios). Es uno de los deslindes que hace Dante entre el paganismo y la religión cristiana. Se vio sin embargo que su Infierno está poblado de paganos, como si las faltas de éstos contra sus dioses se extendieran al Dios judeocristiano. Virgilio quizá siente que avanzó mucho en un terreno doctrinario que no es el suyo y termina por decirle a Dante que ya le responderá Beatriz sobre este asunto, cuando llegue ante ella.
*
Sordello da Goito mira como un "león cuando reposa", altivo pero sereno, seguro de sí mismo y de su territorio. El gran trovador mantuano pregunta por el origen de los dos poetas y sólo abandona su pose desdeñosa cuando Virgilio pronuncia la entrañable palabra "Mantova" (Mantua). Al reconocerse como paisanos, Virgilio y Sordello se abrazan afectuosamente. Los comentaristas no se ponen de acuerdo acerca de a qué grupo de almas pertenece la de Sordello: si al que acaban de dejar atrás o al que verán enseguida. Los primeros son muertos por la violencia y no se arrepintieron hasta su muerte; los segundos no murieron con violencia pero dejaron el arrepentimiento para el final. Todos estos, desde Manfredo en adelante, son llamados "negligentes" en los comentarios y se los divide según el tipo de negligencia, con mayor afán clasificador que el que muestra Dante. Hay quien dice que Sordello no está ni en un grupo ni el otro pero, metidos en el caso, habría que aclarar que no hay datos seguros sobre el modo en que murió Sordello, de manera que incluso podría ser que Dante lo haya puesto allí como mojón y figura de digno comportamiento.
*
Sea cual fuese la razón por la que Sordello está en el Purgatorio, su abrazo con Virgilio desata un discurso político de los más extensos y apasionados de la Comedia. Su eje es la nueva posición que Dante tomó en su exilio: Italia debe unificarse y para eso necesita de un conductor fuerte. Esta es la razón -junto con la tremenda corrupción del Papado- de que Dante prácticamente cambiara de bando. "Prácticamente" porque puede verse aquí su amargura ante el desprecio en que el Sacro Imperio tenía a su "jardín", Italia, aunque la idea central, la de la unificación, estaba por encima del apoyo al Imperio. Utópica para la época era la noción de una Italia unida, si se piensa que la unificación no se dio hasta el siglo XIX. Notable que existiese ya el concepto de nación, que era como si se ampliase el afecto por el "paese" que muestran Virgilio y Sordello, para unir todos los feudos, todas las ciudades y todos los reinos en un único país.
--Robert Browning escribió en el siglo XIX su 'Sordello', poema dramático que en su momento se consideró incomprensible. Ezra Pound hace un poco de burla de él en el II de sus Cantos: "Hang it all, Robert Browning,/ there can be but the one "Sordello." / But Sordello, and my Sordello?" Lo cual Jan de Jager traduce: "A la mierda todo, Robert Browning, / no puede haber más que un 'Sordello' / Pero Sordello- ¿y mi Sordello?"
---
Terminada la invectiva de Dante, sigue el relato del encuentro de Virgilio y Sordello. En otras ocasiones Dante hizo discursos parecidos, a la manera de los apartes en el teatro en que un actor le habla directamente al público. En el caso de las invectivas contra Florencia, Dante tuvo como destinatario imaginario a la ciudad, mientras que en este su público imaginario es toda Italia, y quizá por eso el discurso fue más largo.
Cuando se separa de Virgilio, Sordello le pregunta quién es: lo abrazó solo porque lo supo mantuano, no sabe el nombre. Virgilio se lo dice y Dante vuelve a usar recursos muy expresivos para contar la sorpresa de Sordello. Después, Sordello abraza al maestro "donde un chico abraza", esto es, las piernas: se arrodilla ante él. Hace enseguida una loa a la virtud de Virgilio de llevar el idioma hasta sus límites. Pregunta luego en qué parte del infierno está y Virgilio le describe el limbo, donde no se oyen lamentos sino suspiros, y le explica que están allí los que no fueron bautizados pero no cometieron ninguna falta. No han conocido, dice, las virtudes teologales -fe, esperanza y caridad- pero tuvieron virtudes laicas que se acercan a ellas. Virgilio le pregunta a Sordello si puede guiarlos, y de inmediato este acepta, pues no tiene lugar fijo en el que deba quedarse, pero le anuncia que hay un límite: no se puede subir de noche. Los comentarios a esta prescripción son muchos y contradictorios. Si se sigue el texto, se verá que a Virgilio le intriga la prohibición de la marcha nocturna y solicita saber si alguien detiene a los penitentes o si se trata de un problema de capacidad humana. Sordello traza un línea delante y le responde que no podrían pasarla (aunque está tan cerca) porque las tinieblas provocarían en ellos la pérdida de la voluntad y la impotencia. Es claro que las tinieblas están animadas de poder sobrenatural y es fácil darles un valor simbólico. Que este sea bíblico o pagano depende del lector. Los antiguos ejércitos no marchaban de noche. En La Biblia, las tinieblas significan casi siempre el mal.
*
Para pasar la noche, les propone Sordello un corto viaje a un pequeño valle donde hay gente que les será grato ver. La belleza de ese valle florido en un remanso de la costa es comparada por Dante con distintos colores y objetos materiales: oro, plata, albayalde, carmín -que proviene de las cochinillas querme-, añil, "leño luciente" (madera brillante: puede ser ébano) y esmeralda recién rota, que es cuando se ve más verde porque aún no fue opacada por el aire. También los olores, recuerda Dante, forman uno solo, desconocido.
La referencia alquímica me parece clara. El proceso de purificación es una trasmutación. El metal puesto en el crisol es el alma.
Viene a continuación un simple inventario, suministrado por Sordello, de las figuras que allí cantan sin cesar una de las más antiguas antífonas a la Virgen. Sordello los enumera en orden jerárquico. No todos fueron justos ni honestos y se lamentan por eso. No bastó el arrepentimiento antes de morir -que Dante, desde luego, sólo supone- para darles entrada directa al Purgatorio.
*
Este pequeño valle es, en las terrazas del Antepurgatorio, un lugar aparte, una especie de pequeño Paraíso reservado a los monarcas cristianos que se arrepintieron tarde. No deambulan como las otras sombras ni se preocupan por adelantar camino, porque saben -como el haragán Belacqua del Canto IV- que tiene que pasar un tiempo preestablecido antes de que se les permita pasar la puerta del Purgatorio
Los comentaristas se empeñaron a lo largo de los siglos en encontrar distintos grados de penitencia en el Antepurgatorio. Una es segura: las almas de estos arrepentidos a último momento pueden, como dijo Sordello, andar, pero también pueden sentarse mientras esperan el simple paso del tiempo.
 
 
Traducción: Jorge Aulicino
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Imagen:
Sordello se arrodilla ante Virgilio; iluminación en una manuscrito del siglo XV, Biblioteca Vaticana
El valle de los príncipes, William Blake, siglo XIX
 
 
(Fuente: Jorge Aulicino)

 

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