East Coker II
Versión: Isaías Garde
¿Qué es lo que hace el tardío noviembre
Con la turbación de la primavera
Y con las criaturas del ardor del verano
Y con las campanillas del invierno retorcidas bajo los pies
Y con las malvas que apuntan demasiado alto
Del rojo al gris para venirse abajo
Rosas tardías llenas de nieve temprana?
Retumba el trueno entre estrellas rodantes
Que simulan carros triunfales
Desplegados en guerras consteladas
El Escorpión combate contra el sol
Hasta que el sol y la luna caen
Lloran los cometas y las Leónidas vuelan
A la caza de los Cielos y las planicies
Giran en un vórtice que llevará
Al mundo hacia ese fuego destructor
Que arde antes de que reine la capa de hielo.
Esa fue una manera de expresarlo -no muy satisfactoria:
Un estudio perifrástico en un estilo poético gastado,
Que nos mantiene en la lucha intolerable
Con las palabras y sus significados. La poesía no importa.
No era (y empezamos de nuevo) lo que uno esperaba.
¿Cuál sería el valor de la tan buscada.
De la tan anhelada calma, la serenidad otoñal
Y la sabiduría de la edad? ¿Nos habrán engañado,
O se habrán engañado a sí mismos, los viejos de voz apacible,
Legándonos un simple boleto de engaño?
La serenidad no más que un deliberado letargo,
La sabiduría no más que un conocimiento de secretos muertos
Inútiles en la oscuridad hacia la cual miraron
O de la cual apartaron los ojos. Hay, nos parece,
Como mucho, solo un valor acotado.
En el conocimiento derivado de la experiencia.
El conocimiento impone un esquema y falsea,
Ya que el esquema es nuevo a cada momento
Y cada momento es una nueva e impactante
Valoración de todo lo que hemos sido. Sólo nos desengañamos
De aquello que, engañando, ya no puede dañar.
En el medio, y no solo en el medio del camino,
Sino en todo el camino, en un bosque oscuro, en una zarza,
Al borde de un precipicio, donde no es seguro apoyar el pie,
Y amenazados por monstruos, por luces malas,
Nos exponemos al hechizo. No quiero oír
Hablar de la sabiduría de los viejos, sino de su locura,
De su miedo al miedo, de su frenesí, de su miedo a estar poseídos,
O a pertenecer a otro, o a otros, o a Dios.
La única sabiduría que podríamos alcanzar
Es la sabiduría de la humildad: la humildad es infinita.
Las casas ya están todas bajo el mar.
Los bailarines ya están todos bajo la colina.
II
What is the late November doing
With the disturbance of the spring
And creatures of the summer heat,
And snowdrops writhing under feet
And hollyhocks that aim too high
Red into grey and tumble down
Late roses filled with early snow?
Thunder rolled by the rolling stars
Simulates triumphal cars
Deployed in constellated wars
Scorpion fights against the Sun
Until the Sun and Moon go down
Comets weep and Leonids fly
Hunt the heavens and the plains
Whirled in a vortex that shall bring
The world to that destructive fire
Which burns before the ice-cap reigns.
That was a way of putting it - not very satisfactory:
A periphrastic study in a worn-out poetical fashion,
Leaving one still with the intolerable wrestle
With words and meanings. The poetry does not matter.
It was not (to start again) what one had expected.
What was to be the value of the long looked forward to,
Long hoped for calm, the autumnal serenity
And the wisdom of age? Had they deceived us,
Or deceived themselves, the quiet-voiced elders,
Bequeathing us merely a receipt for deceit?
The serenity only a deliberate hebetude,
The wisdom only the knowledge of dead secrets
Useless in the darkness into which they peered
Or from which they turned their eyes. There is, it seems to us,
At best, only a limited value
In the knowledge derived from experience.
The knowledge inposes a pattern, and falsifies,
For the pattern is new in every moment
And every moment is a new and shocking
Valuation of all we have been. We are only undeceived
Of that which, deceiving, could no longer harm.
In the middle, not only in the middle of the way
but all the way, in a dark wood, in a bramble,
On the edge of a grimpen, where is no secure foothold,
And menaced by monsters, fancy lights,
Risking enchantment. Do not let me hear
Of the wisdom of old men, but rahter of their folly,
Their fear of fear and frenzy, their fear of possession,
Of belonging to another, or to others, or to God.
The only wisdom we can hope to acquire
Is the wisdom of humility: humility is endless.
The houses are all gone under the sea.
The dancers are all gone under the hill.
(Fuente: Isaías Garde - Zoon phonanta)

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