3 poemas de NIEBLA EN COSTAFREDA
BAJO LA TIERRA
Busco, bajo la luz del alba,
con las manos en la tierra,
raíces de la memoria perdida,
semillas negras en el olvido.
Sabia memoria de un tiempo
en el que hube de escoger
caminos y sueños que creí
verdaderos, totalmente ciertos.
Sueños que perdí en los días
donde fui discípulo de sombras,
jinete mudo en la noche,
aprendiz de antiguos errores
que nuevos aparecen bajo la luz.
Con ira arranco tierra bajo mis pies,
interrogándome por el hombre
que oculté tras las palabras.
Con desazón remuevo la tierra
donde habré de reencontrarme
con el hombre que ha ido
muriendo en mí.
SOLEDAD
La soledad es una habitación llena de mí,
con la ausencia desparramada por el suelo
como las hojas de una tarde otoñal,
sin nadie cerca, perdiéndome en el frío.
La soledad soy yo, dueño de mi nada.
El sueño del amor no me pertenece,
ni tampoco aparece entre la retama
cuando abandono el camino.
Avanzo atornillándome el silencio a la garganta.
La soledad responde por mi nombre.
Soy la huella en el agua
que la lluvia no esconde.
DÍAS EN SYRACUSE
Una extrema delgadez y la muerte en los ojos.
Así le vimos llegar, aquella tarde, a Syracuse.
La sonrisa, aquella sonrisa jovial de juventud,
escondía un dolor que aún no era visible,
un mal que los versos sí expresaban
con una amargura que iba más allá
de la incurable soledad cosida al hueso.
Disfrutaba de la ciudad, de los paseos,
de las conversaciones con nuevos amigos,
apurando al límite las escasas horas
que estaba despierto, libre del peso
de la enfermedad que lo mantenía atrapado
entre las sábanas de una cama
deshecha todo el tiempo.
Leyó poemas solemnes en un recital
donde fuimos descubriendo
a un hombre que venía de regreso,
despidiéndose de la vida
y sin vida despidiéndose.
Quisimos entender que un poeta
finge todo cuanto escribe.
Y no fue cierto.
Aquella lectura fue el ensayo
de una despedida
para quienes le acompañamos
en el breve trayecto
de la luz contra el suelo.
Brindamos, con la última copa,
en el último bar,
por un futuro reencuentro.
Le vimos irse feliz,
cargado de bolsas y promesas.
Le vimos perderse
por los largos pasillos del silencio
con una extraña delgadez y la muerte
hundiéndose en el azul taciturno
de sus ojos de niño.
© José Luis García Herrera. Niebla en Costafreda. Dip. de Cáceres, 2023.
(Fuente: Voces del extremo)

No hay comentarios:
Publicar un comentario