miércoles, 7 de febrero de 2024

Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949)

 

"La línea del coyote"; Libro Segundo / Hacia el mal.

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1.2
Aquellos que se acariciaban bruscamente
sobre la mesa del recreo junto al Río.
Habían llegado en una vieja moto,
era fácil confundirlos con el mal.
Pero no eran el mal por lo que aparentaban
con las camperas raídas y el amor a la nafta
en combustión y a los ruidos profundos de la máquina.
Si atravesaron toda la provincia en moto,
cualquiera hubiese apostado
que no se habían extasiado
ni intentado hacerlo con el vuelo de las garzas
a las orillas de la ruta,
ni con la vida del pantano,
ni con el movimiento del pasto bajo el viento.
Del mismo modo, tampoco los arroyos químicos
los inquietaron o mortificaron,
ni la basura en el bosque,
ni los neumáticos junto a los arroyos.
Esos ángeles insensibles partieron la naturaleza
por el asfalto. Fueron perfectamente equilibrados
sustentándose en su propia velocidad
y en la vida de sus cuerpos.
Y con lo que no habla no hablaron.
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9.4
Supongamos un carnaval de santos,
una feria de divinidades,
un feriado universal de la ética.
Es entonces posible que lo dañado en tus cristales,
la impertinencia del sol, el dolor de ciertas figuras
a las que llamás paisajes, disminuya.
Hablarás al animal de manera tal
que se entenderán sin registro
y los movimientos de lagartijas de las galaxias
huyendo de sí mismas no entregarán sentido.
Buda no escribió, ni Cristo,
y ese fue el mensaje, el medio.
Pero es que quise poner en relación
el mundo abismal de los reptiles
con el de los severos halcones
y el placer que de allí deviene no cede.
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LA LÍNEA DEL COYOTE. Buenos Aires. Ediciones del Dock, Col. Pez náufrago, 1999.
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(Fuente: Alicia Silva Rey)

 

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