Había
tres vagos
envainados
de blanco
y manchas rojas,
chanceando,
rascándose los huevos
en la calle
del Matadero de Valle Fértil.
No había
sapos aplastados en la ruta,
ni perros callejeros,
tuquitos o libélulas,
ni un par de Testigos
de Jehová
gastando suelas,
ni señales
provenientes del espacio,
ni un mísero cartón
o una botella
a la espera
del Mamamama
y su bicicleta.
Había
un gimoteo
intramuros
de vaca dulce y curiosa
que no acababa de morir
y que nunca acaba de morir.
Héctor Giuliano
- Inédito-
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