Son, acaso, fenómenos físicos
y son, por tanto, necesidades
intelectuales del observador,
pero además, lentas crispaciones
de una materia, rasgaduras, golpes
esculpiese una estrella, o como
si todavía nada fuera a darse más
que así: el mundo. Y de repente
somos esa partícula desprendida
de la voluntad de un astro que
se nos ríe y no es posible ya
asumir, después de todo, nuestras
ideas de perfección porque acaso
sean intelectualidades torpes para
un milagro que, al fin, las expulsa.
Si vieras cómo el milagro es el que
esculpe la tontería y nos ha dado
estos rostros y estas manos y nos
ha puesto, alegremente, a no explicarnos
nada ya, sino a bailar atontados como
agradecidas marmotas bajo los
particulares elementos de la noche.
(Fuente: Daniel Freidemberg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario