EL CEMENTERIO DE KOSINA
Es el cementerio de un caserío hebreo. Es Asiria y la misteriosa putrefacción de Oriente en los campos de Volinia cubiertos de cizaña.
Talladas piedras grises con inscripciones que datan de tres siglos. Burdo apretujamiento de altorrelieves tallados en granito. Imágenes de peces y de ovejas sobre una muerta cabeza humana. Retratos de rabinos con gorra de piel. Rabinos con una correa ciñéndoles la estrecha cintura. Bajo caras sin ojos, la línea ondulada y pétrea de la rizada barba. Aparte, al pie de un roble despedazado por el rayo, la cripta del rabino Azriil, muerto por los cosacos de Bogdán Jmelnitzki. Cuatro generaciones yacen en este panteón, más bajo que la vivienda del aguador, y las lápidas, las verdosas lápidas, cantan sobre ellas la canción del beduino:
«Azriil, hijo de Ananías, boca de Yahvé.
Elías, hijo de Azriil, cerebro que combatió cuerpo a cuerpo con el olvido.
Volf, hijo de Elías, príncipe raptado en Tor en su decimoctava primavera.
Judá, hijo de Volf, rabino de Cracovia y de Praga.
¡Oh, muerte, oh codiciosa, oh ávida ladrona!
¿Por qué no tienes compasión de nosotros aunque sólo sea por una vez?»
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en "Caballería roja", Barral, Barcelona, 1970. Trad. de Juan Laín Entralgo. En la imagen, Isaak Emanuílovich Bábel (Исаак Эммануилович Бабель, Odesa, Imperio ruso, 1894-Fusilado en la prisión de Butyrka, Moscú, URSS, el 27 de enero de 1940)
(Fuente: Jonio González)
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