ROCÍO DE AGUA BENDITA
Ésta es la iglesia de mi niñez: llena de peonías rojas, suspiros e incienso.
El sacristán canoso apaga soplando las velas vespertinas.
Ondean banderas de seda, serpentean cintas azules.
Santos delgados ocupan su sitio en reclinatorios desgastados y entonan rezos
vespertinos.
Pero mi pecado no se ha cumplido aún.
La tarde cual una úlcera inflamada.
Vuelven mis hermanos del bosque. Quema el aire. En las cestas llamean fresas
como brasas.
Tengo hambre de injusticia...
Entonces se oyen truenos.
Las manzanas dulces pierden la cabeza. Como lluvia caliente caen rebotando
en la alta hierba y estallan con el peso del zumo.
Dejad de lado los incensarios de soga gruesa. No me rociéis con el hisopo.
Me he adentrado yo misma en el turbio cenagal. Verdes lentejuelas resbalaron
por entre mis dedos, y las algas del fondo se han enroscado en mi talle.
Me he lavado con lodo negro.
Y estoy ahora más blanca que la nieve.
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en Janine Degutyté y Biruté Pukeleviciuté, “Entre el sol y la posesión”, Publicaciones de la Universidad de Cádiz, Cádiz, 2002. Ed. y trad. del letón, Biruté Ciplijauskaité. En la imagen, Biruté Pukeleviciuté (Kaunas, Letonia, 1923-Vilnius, Letonia, 2007 / 15 Min.lt)
(Fuente: Jonio González)
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