miércoles, 18 de octubre de 2023

Anne Carson (Canadá, 1950)

 

Oh papá

 

Un pajarito rojo cantaba en un peral muerto tres notas. O me puse

a imitarlo con mi voz. El pajarito agregó una floritura (de cuatro

notas) e intenté seguirlo. El pájaro afinaba. Yo no. Los dos nos

dimos cuenta e intentamos un par de ves más: el pájaro se había

dado vuelta en su rama (tal vez) para mirarme, y dado que no había

una manera exacta de acabar con aquello, tras agacharme a recoger

el diario, entré en la casa. Una parte de mi se quedó abierta. Una

parte pequeña. Pero no me enojé conmigo misma. Siempre deseamos

eso los humanos.


De noche, úlrtimamente, se me da por acostarme en el grano de las

cosas. Las noches como ésa. O a media tarde pasan mudamente,

hechos jirones, otros cuartos, él era un hombre que sabía lo que es

la dedepción. Las cosas miran para otro lado. Las cosas locas son

más afiladas de lo que les reconocemos.


Teníamos la costumbre de llevarlo a dar vueltas en coche. No

sabíamos bien si le gustaba, sus años de demencia. Un día se nos

quedó el auto, en medio de un diluvio, y entramos al café bar de

un hotel barato. Pedimos café o sopa, nos sentamos con los abrigos

puestos, porque él no se sacaba nunca el suyo, y habría parecido

raro. Después llegaron los cafés y él alzó la mirada, sintiéndose de

pronto abandonado, y dijo: “Pensé que era un banquete”.

 

    Traducción de Ezequiel Zaidenwerg




No hay comentarios:

Publicar un comentario