Aguerrida,
casi un borrón
en la imperial arrogancia
que la montaña
desata en sus pliegues
y groseras potestades,
ensoñada,
donde no cabe un gramo
que pueda recordar algo,
donde se emborrachan
el reproche o la ira;
jornadas de roca viva,
arañas y hormigas
no se aposentan aquí;
mulas extenuadas
y ese frío y ese sol
como catástrofes diarias,
ampolla y quemazón,
más que peores
pero ineludibles;
tímida,
gris el amable tallo,
argénteo, mejor,
mentolado,
refrescante,
jugoso con restricciones,
un palmo de altura,
engañosa,
parece claudicar
en ese pedrerío voraz,
y no tanto,
hipóstasis,
una gracia intemporal,
la hermosilla,
ni envidiada ni necesaria,
cabeza dura,
y sus rojos, blancos
y extraños azules
enflorecidos,
audaces,
cautelosos,
ejerce su poder
no en ese fatalismo
de puertas entornadas
sino en nuestra imbecilidad
y desasosiego.
- Inédito-
No hay comentarios:
Publicar un comentario