UN CONJURO
¿Cómo puedes tú
tener un nombre entre los nombres?
ni aunque sea un verbo
que diga Pasó
Pasará, Pasara
¿cómo pueden hablar de ti los hombres?
Es mentira en flor;
semilla de sus errores:
porque si te nombran,
parece que ya
saben lo que eres,
y hasta pueden creer que te conocen;
y se dicen “Sí,
ya sé que viene; así que entonces,
hago testamento”,
“me arreglo con Dios”
o “disfruto todo
lo que se pueda abarcar de aquí hasta el tope”.
¡Ah, qué mala fe
la de esa voz que a ti te esconde
y te vuelve blanca
idea y te da
en el tiempo hora,
tú que el tiempo pariste con dolores!
Sí: también —lo sé—
mentira son los otros nombres,
y si digo rosa
la rosa sin más
se me queda helada
en los labios diciendo rosa rosae
o si ahora —¿ves?—
he dicho labios, con el roce
de sus nombres secos
mis labios están,
y besar no saben,
sino sólo matando lo que toquen.
Pero el tuyo es
quizá raíz de todo nombre;
y si a ti del tuyo
te libran y ya
nunca más te nombran,
quizá vivan las rosas y los hombres.
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en “Libro de conjuros”, Editorial Lucina, Zamora, 2000.
(Fuente: Jonio González)
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