sábado, 6 de febrero de 2021

León Plascencia Ñol (México, 1968)

 

 

Uno

Lo negro, lo profundo:
una imperfección, lo oscuro,
lo que no se nombra, lo
gris que desciende, una mancha
que cae perpendicular.

 

Al sur de San Petersburgo está la ciudad de Daugavpils, antes llamada Dvinsk. Bajo el régimen zarista, a principios de 1900, las opciones de trabajo ahí eran escasas y las jóvenes del lugar veían la prostitución como una salida laboral. Para escapar de ese destino, Anna Goldin se casó a los quince año con el farmacéutico Rothkowitz. Tuvo cuatro hijos. El menor de ellos, Marcus, el futuro Rothko, el más sensible e hipocondríaco, fue iniciado en el Talmud.

 

§

Dos

La memoria que queda,
lo elemental casi, la fe de un trazo,
lo indefinido, la materia,
una figura, un mundo, lo rojo,
que quema.

 

Rothko no te entra por los ojos sino como un fuego a la altura del estómago.
Un arbusto que arde pero no quema.

§

 

Tres

Lo mostrado, lo curtido
lo visible,
lo intocable, lo intocado que
sobrevive, para dónde,
lo animal.

 

“Sólo estoy interesado en expresar las emociones humanas más elementales: tragedia, éxtasis, perdición… ¡Y si piensas que se manifiestan sólo como relaciones de color, entonces no has entendido nada!” Rothko, desde luego, no era entonces el primer (ni el último) pintor en atribuir al arte la capacidad de revelar un nuevo orden de experiencia.

 


• León Plascencia Ñol, Animales extranjeros, México, Ediciones Era / Coneculta Chiapas, diciembre 2020, 132 p.

 

(Fuente: Nexos)

 

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