sábado, 30 de septiembre de 2017

Nicanor Parra (Chile, 1914 - 2018)


Preguntas y respuestas


¿Qué te parece valdrá
la pena matar a dios
a ver si se arregla el mundo?
-claro que vale la pena
-¿valdrá la pena jugarse
la vida por una idea
que puede resultar falsa?
-claro que vale la pena
-pregunto yo si valdrá
la pena comer centolla
valdrá la pena criar
hijos que se volverán
en contra de sus mayores
-es evidente que sí
que nó
que vale la pena
-pregunto yo si valdrá
la pena poner un disco
la pena leer un árbol
la pena plantar un libro
si todo se desvanece
si nada perdurará
-tal vez no valga la pena
-no llores
-estoy riendo
-no nazcas
-estoy muriendo

 
***


Que Dios nos libre de los comerciantes
sólo buscan el lucro personal
que nos libre de Romeo y Julieta
sólo buscan la dicha personal
líbrenos de poetas y prosistas
que sólo buscan fama personal
líbrenos de los Héroes de Iquique
líbrenos de los Padres de la Patria
no queremos estatuas personales
si todavía tiene poder el Señor
que nos libre de todos esos demonios
y que también nos libre de nosotros mismos
en cada uno de nosotros hay
una alimaña que nos chupa la médula
un comerciante ávido de lucro
un Romeo demente que sólo sueña con poseer a Julieta
un héroe teatral
en convivencia con su propia estatua
Dios nos libre de todos estos demonios
si todavía sigue siendo Dios.


***

jueves, 28 de septiembre de 2017

Ingrid Bringas (México, 1985)

 

La fábula del deseo



No se consuela a un hombre antes de su muerte
dos de cada diez hombres mueren en la soledad
nueve de cada diez hombres mueren rodeados de flores
algunos mueren en su propio jardín
otros en su propio excremento.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Nicolás Meneses (Chile, 1992)


CONTACTO CON CORRIENTE
Pocas cosas se recogen del suelo
y se limpian tanto
como a un hombre
carbonizado.
Cuando los enfermeros llegan
pisan la tierra con cuidado
como queriendo
desactivar una bomba
iluminan las manos achurrascadas
con el cobre reluciente
fundido en hierro, fósforo
y levantan el cuerpo.
La sangre coagulada en el piso
forma un charquicán de hematíes
plaquetas
leucocitos.

martes, 26 de septiembre de 2017

Anne Carson (Canadá, 1950)


Poema “Ensayo sobre las cosas en las que más pienso”,

de Anne Carson



En el error.
Y en sus emociones.
Estar a punto del error es una condición del miedo.
Estar en medio del error es estar en un estado de locura y de derrota.
Darte cuenta de que has cometido un error produce vergüenza y remordimiento.
¿O sí?

Veamos.
Mucha gente, incluyendo a Aristóteles, opina que el error
es un suceso mental interesante y valioso.
Cuando habla de la metáfora en su Retórica,
Aristóteles dice que hay tres tipos de palabras:
las extrañas, las ordinarias y las metafóricas.

“Las palabras extrañas simplemente nos descolocan;
las palabras ordinarias nos transmiten lo que ya sabíamos;
usando metáforas es como nos topamos con lo nuevo y con lo fresco”
(Retórica, 1410b10-15).
¿En qué consiste esa frescura de las metáforas?
Aristóteles dice que la metáfora hace que la mente se experimente a sí misma

en el acto de cometer un error.
Ve la mente como algo que se mueve a lo largo de una superficie plana
hecha de lenguaje ordinario
y luego de repente
esa superficie se rompe o se complica.
Emerge lo inesperado.

Al principio parece raro, contradictorio o incorrecto.
Y después sí tiene sentido.
Y es en ese momento cuando, según Aristóteles,
la mente se dirige a sí misma y se dice:
“¡Qué verdad es! ¡Y aun así cómo lo había malinterpretado yo todo!”
Es posible aprender una lección de los errores auténticos de las metáforas.

No es solo que las cosas no son lo que parecen,
y de ahí que nos confundamos;
además, dicha equivocación es en sí valiosa.
Pero esperad un momento, dice Aristóteles,
hay mucho que ver y sentir por ahí.
Las metáforas le enseñan a la mente

a disfrutar del error
y a aprender
de la yuxtaposición entre lo que es y lo que no es.
Hay un proverbio chino que dice:
un pincel no puede escribir dos caracteres en la misma pincelada.
Y aun así

eso es justamente lo que hace un buen error.
Veamos un ejemplo.
Es un fragmento de cierto poema griego antiguo
que contiene un error de aritmética.
Por lo visto el poeta no sabe
que 2+2=4.

Fragmento Alkman 20:
[?] lo cual hacen tres estaciones, verano
e invierno y en tercer lugar otoño
y en cuarto lugar primavera cuando
hay florecimientos pero comer suficiente
no lo es.

Alkman vivió en Esparta en el s. VII a.C.
Entonces Esparta era un estado pobre
y es improbable
que Alkman llevara una vida de rico bien alimentado.
Este hecho es el contexto de sus observaciones
que desembocan en el hambre.

Siempre tenemos la sensación de que el hambre
es un error.
Alkman hace que experimentemos este error
con él
mediante un uso efectivo del error computacional.
Para un poeta espartano pobre sin nada

en sus bolsillos
al final del invierno,
ahí viene la primavera
como una ocurrencia a deshora de la economía natural,
la cuarta en una serie de tres,
desequilibrada su aritmética
y su verso yámbico.

El poema de Alkman se parte en dos a mitad camino con ese metro yámbico
sin dar ninguna explicación
sobre de dónde viene la primavera
o sobre por qué los números no nos ayudan
a controlar mejor la realidad.

Tres cosas me gustan del poema de Alkman.
Primero, que es pequeño,
ligero
y económico de una manera más que perfecta.
Segundo, que parece sugerir la presencia de ciertos colores como el verde pálido
sin ni siquiera nombrarlos.

Tercero, que consigue sacar a relucir
algunas preguntas metafísicas de primer orden
(como la de Quién hizo el mundo)
sin un análisis excesivo.
Fijémonos en que en el predicado verbal “lo cual hacen” en el primer verso
no hay sujeto: [?]

Es muy poco habitual en griego
que el predicado verbal no tenga sujeto; de hecho,
es un error gramatical.
Si les preguntáis, los filólogos estrictos os dirán
que este error no es más que un accidente de transmisión,
que el poema tal y como nos ha llegado
con toda seguridad es un fragmento suelto
de un texto más extenso
y que es casi seguro que Alkman nombró
al agente de la creación
en los versos precedentes.
Bueno, puede ser.

Pero, como sabéis, el principal objetivo de la filología
es reducir todo placer textual
a un mero accidente histórico.
Y no me siento cómoda con la idea de que podemos saber exactamente
qué es lo que quiere decir el poeta.
Por lo tanto, dejemos el interrogante aquí

al comienzo del poema
y admiremos la valentía de Alkman
a la hora de confrontar aquello que queda entre paréntesis.
La cuarta cosa que me gusta
del poema de Alkman
es la impresión que da

de hacer que se desembuche la verdad, en contra de sí misma.
Muchos poetas aspiran
a conseguir este tono de lucidez inadvertida
pero pocos se dan cuenta tan fácilmente como Alkman.
Por supuesto, su simplicidad es un fake.
Alkman no es para nada simple,
es un maestro de la organización
(o lo que Aristóteles llamaría un “imitador”
de la realidad).
La imitación (mímesis, en griego)
es el término que utiliza Aristóteles para designar a los errores auténticos de la poesía.
Lo que me gusta de este término

es la facilidad con la que admite
que aquello con lo que nos las vemos cuando hacemos poesía es el error,
la obstinada creación del error,
el rompimiento deliberado y la complicación de los errores
de los cuales puede emerger
lo inesperado.

Así que un poeta como Alkman
deja a un lado el miedo, la ansiedad, la vergüenza, el remordimiento
y el resto de emociones tontas que asociamos con el hecho de cometer errores
para aceptar
la verdad verdadera.
La verdad verdadera en el caso de los humanos es la imperfección.

Alkman rompe con las reglas de la aritmética
y hace peligrar la gramática
y no da pie con bola en cuanto a la forma métrica de sus versos
para llevarnos a aceptar este hecho.
Al final del poema el hecho sigue ahí
y probablemente Alkman no tiene menos hambre.

Sin embargo, algo ha cambiado en el coeficiente de nuestras expectativas.
Porque, haciendo que nos equivocáramos,
Alkman ha perfeccionado algo.
Sí, ha mejorado algo, ha mejorado algo de una manera
más que perfecta.
Con un solo pincel.


(Traducción de Berta García Faet)

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(poema en su idioma original, inglés)

cover

Poem “Essay on What I Think About Most”,

by Anne Carson


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domingo, 17 de septiembre de 2017

Brian Alvarez (Buenos Aires, 1991)


SESIÓN DE AUTOAYUDA PARA SERES DE LUZ

 

Usted lanza la caña.
La caña lo convierte en alguien
que lanza. Buscan.
Al final de un pasillo hay una puerta con luz,
y buscando en la luz, la caña.
Al final de la caña hay luz
y detrás de la luz, usted, que sostiene y ya no lanza.
Entre usted y la luz hay ahora
un vínculo: el vínculo
no lo convierte en luz,
sino en alguien enlazado a la luz
por la caña
y los tres buscan con la forma
de la red, del lazo. Los tres y el lazo.
(Pero usted no es la luz: no recibe la caña.)
Ésa es toda la solidaridad
que es posible esperar de otros
cuando todavía no se pertenece.
Pero usted ahora conoce la luz y sabe
que la luz lo rechaza.
La luz busca la caña, pero no la ve.
La caña no rechaza. Viene de la luz.
(El rechazo es una forma de unión,
no sufra, y toda unión
necesita un filo de rechazo.)
Usted sostiene la luz por medio de la caña.
Del mismo modo, al paraíso
se accede por el último portón del mal.
Hace la diferencia el deseo
que se persiga
una y otra vez, la decisión
de qué es lo que se va a buscar por siempre
y con qué resultado. ¿No es una metáfora
aburrida
la eternidad?





–
–

viernes, 15 de septiembre de 2017

José Emilio Pacheco




Alta traición

 





No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de
pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.



jueves, 14 de septiembre de 2017

Hugo Padeletti (Santa Fé, Argentina, 1928 - 2018)


DEMETRIUS ON STYLE



Es la seda o la vida. La crisálida
muerta, la abolida
mariposa
son residuo. El poema
es otra cosa. Es,
de pronto,
su propia mariposa.
Lo primero es la hebra. Lo que sigue
-acogido o cambiado,
reducido, realzado, dividido,
en eco o en contraste-
depende. Largamente
se rehace. Si vive,
sobrevive.
Suele ser caprichosa
la punta, una ocurrencia
casual:
el vuelo de una mosca, los humores
del mar, un pensamiento
de Marco Aurelio. Acaso,
jubiloso, un monumento
de retamas en flor -la inteligencia
de su ahora amarillo.
Y basta. Lo segundo
es saber detenerse. La homilía,
el despliegue previsto, lo rotundo
simétrico
es coturno. El que escucha
se adelanta. Los puentes
discontinuos,
al revés,
valorizan el salto.
Diría, pese a Horacio,
a tal cuerpo otros miembros:
delfines en los bosques, jabalíes
en el mar e imprevistos
de púrpura. El poema
respira por sorpresa. Cada pausa
lo deja renacer,
le incorpora silencio -ciertas islas
son el agua.
Demetrio
definía el estilo
que me gusta
como árido. Estilo
de semillas, diría,
fertilizante:
MULTA PAUCIS
Las órdenes son cortas, los lamentos
son largos, las semillas
son árboles.
Volvamos
a las orlas de púrpura, a las astas
de ante, el engastado
de granates. ¿Son gratuitos?
El lugar del poema
es la atención, el foco. Donde nace
allí renace. Halos
de oro, campos
de gules, lemas
morales –el botín de la urraca–
son anzuelos.
Son redes, estas rutas
cifradas
cuyo anverso es el tapiz.
Del país de la seda sinuosas caravanas
trajeron esta muestra
donde duermen dragones.

 

En Poemas (1960 - 1980)