sábado, 1 de abril de 2023

Tsao Zhi (Matsu Island, Taiwan, 1957)

 

Cuitas 





 

 

 

La luna ilumina el alto pabellón.

Sus brillantes luces están deambulando.

Arriba, una mujer nostálgica

suspira y lamenta con gran tristeza.

Es la esposa del viajero,

que se marchó hace diez años.

¡Qué ausencia tan larga!

¡Qué soledad tan sufrida!

Él es el polvo del camino,

y ella, el barro hundido en el estanque.

¿Cómo se podrían reunir?

Desesperada, exclama:

«Quiero una suave brisa

para lanzarme a sus brazos.

Pero si me rechazara,

¿qué sería de mí?».

 

 

 

en Poesía clásica china, 2001


(Fuente: Descontexto)

 

Tu-Fu (China, 713-770)

 

Poema de Tu Fu

 

Tenemos talento.
La gente dice que somos
los poetas más notables de estos días.
Nuestras casas son pobres,
trivial nuestro renombre.
Mal comidos, mal vestidos,
los criados nos miran desde arriba.
En el mediodía de nuestra edad tenemos arrugas.
¿A quién le importa, qué sabe nadie de lo que nos pasa?
Somos nuestra propia audiencia.
Sólo nosotros sabemos lo que somos.
Un día, junto a los poemas de los grandes muertos, alguien leerá los nuestros.
Al menos tendremos descendencia.
 
 

(Fuente: Miguel Gaya / Vía Eduardo J Espósito)

 

Antonio Gamoneda (Oviedo, España, 1931),

 


Diván de Nueva York













 
Tú en la tristeza de los urinarios, ante las cánulas de bronce (amor, amor en las iglesias húmedas);
ah, sollozabas en las barberías (en los espejos, los agonizantes estaban dentro de tus ojos):
así es el llanto.
Y aquellas madres amarillas en el hedor de la misericordia:
así es el llanto.
Ah de la obscenidad, ah del acero.

Vi las aguas coléricas, y sábanas, y, en los museos, junto a la dulzura, vi los imanes de la muerte.
Te desnudaron en marfil (ancianas, en los prostíbulos profundos) y te midieron en dolor, oscuro:
así es el llanto, así es el llanto.
Ten piedad de tus labios y de mi espíritu en los almacenes;
ten piedad del alcohol en los dormitorios iluminados.
Veo las delaciones, veo indicios: llagas azules en tu lengua, números negros en tu corazón:
ah de los besos, ah de las penínsulas.

Así es el llanto;
así es el llanto y las serpientes están llorando en Nueva York.

Así es el llanto.


En  "Lápidas" [1986], Antología poéticaBiblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Otra Iglesia Es Imposible - El PlacardPoemas del Alma - El CulturalTamtam Press - Hoy Es Arte - El Mundo - El País - ABC

Foto: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
 
(Fuente:  Otra Iglesia Es Imposible)

 

constantino mpolás andreadis (Argentina)

 

de POEMAS INCOMPLETOS


parece un poema traducido/ de una lengua no hablada todavía/ una lengua que espera ser fundada/ fundada y difundida y corrompida/ por un poema que bien puede ser éste/ que es mera traducción/ falaz espejo/ de esa lengua futura que ahora nace/ de esa lengua futura que ahora ha muerto/ para abrir un camino/ para quemar las naves/ para que finalmente este poema/ sea leído en su lengua original/ a través de esta pobre traducción/ sólo gracias a ella

 

(literatura constantino)



 

Louis MacNeice. (Irlanda del Norte, 1907 - Inglaterra, 1963)

 

Oración antes de nacer

 

No he nacido aún; oh, escúchame.
No dejes que el vampiro o la rata o la comadreja o el
ogro deforme se acerquen a mí.
 
No he nacido aún; consuélame.
Temo que el género humano con altos muros me emparede,
con fuertes drogas me confunda, con hábiles mentiras me seduzca,
en potros de tortura me atormente, en baños de sangre me revuelque.
 
No he nacido aún; procúrame
agua que me acaricie, pasto que crezca para mí, árboles que me hablen,
pájaros, un cielo que me cante, y una luz blanca
en el fondo de mi alma, que me guíe.
 
No he nacido aún; perdóname
por los pecados que el mundo cometa en mí, por mis palabras
cuando hablen por mí, mis pensamientos cuando piensen por mí,
por mi traición generada por traidores fuera de mi control,
por mi vida cuando asesinen con mis manos,
por mi muerte cuando vivan por mí.
 
No he nacido aún; ensáyame
en los papeles que interpretar y apuntes que seguir
cuando los viejos me sermoneen, los burócratas me intimiden,
las montañas me desprecien, los amantes se rían de mí,
las olas blancas me inciten a la locura y el desierto
me llame a la perdición y el mendigo rechace mi limosna
y mis hijos me maldigan.
 
No he nacido aún; oh, escúchame,
no dejes que el bruto o el hombre que cree ser Dios
se acerquen a mí.
 
No he nacido aún; oh, lléname
de fuerza contra aquellos que quieran congelar mi humanidad,
obligarme a ser un autómata mortífero, transformarme en un diente
de engranaje, una cosa con un rostro, una cosa,
y contra todos aquellos que pretendan disolver mi integridad,
aventarme como a una flor de cardo aquí y allá o derramarme
aquí y allá, como agua entre las manos.
 
No los dejes convertirme en una piedra y no dejes que me derramen.
De lo contrario, mátame.
……

[Trad.: Gerardo Gambolini.]

 

Lucía Lubarsky (Río Cuarto -zona rural-, Córdoba, Argentina, 1985) Reside en Buenos Aires

 

3 poemas 3 (+1)


Fotografía de Alessandra Sanguinetti

Corríamos desnudas
por los caminitos del campo, nuestros cuerpos
se rozaban blandos y el viento
se abría para que corramos livianas.
El mundo era algo abstracto que cada cierto tiempo
aparecía en las conversaciones de los grandes
sin embargo nuestro universo
estaba delimitado por ese horizonte naranja y verde
que une lo sólido con lo infinito.
Nos encantaba que el aire fresco
entrara en nosotras y cada tanto
cayéramos rodando sobre el pasto como bichos bolitas
éramos chicas y los eucaliptus parecían
dinosaurios que nos miraban desde el cielo.
Mamá decía que no podíamos
correr así en el bajo, donde vivían los muchachos
pero nosotras salíamos de la mano
despojadas y mullidas a descubrir caminos.
Ahora sueño con hombres que me corren
desnudos por el campo con el sexo pendulando
unos me gritan cosas al oído
mi sangre se dispara y los músculos
hierven para huir. Corro tan rápido que no alcanzo
a rozar el suelo y el corazón
palpita delante
como si se hubiera disparado primero.

de La distancia habitable, Pánico el Pánico, Buenos Aires, 2019
para leer una reseña en COLECTIVO GLAUCE BALDOVIN


Fotografía de Alessandra Sanguinetti

Cuando pateás
una pelota por primera vez
la dirección es errática, infinita,
sin embargo el recorrido
traza un diagrama impecable
ninguna otra cosa
podría haber sucedido
entre la fuerza y el trayecto
de su objeto de deseo:
querer así, del modo
no aprendido.

de La distancia habitable, Pánico el Pánico, Buenos Aires, 2019


La distancia habitable, Pánico el Pánico, Buenos Aires, 2019

*

Fotografía de Alessandra Sanguinetti

Hago un pozo
las manos como raíces
entierro ciruelas robadas
en un rincón del monte
los pájaros tardarán días en notarlo
el abono tiene su tiempo
pulpa semilla disolución bonanza,
la putrefacción es un estado
similar al nacimiento
pero en su ocaso

de El sonido de la luzZindo & Gafuri, Buenos Aires, 2016
para leer una reseña en OP.CIT. POESÍA

El sonido de la luzZindo & Gafuri, Buenos Aires, 2016


*
B O N U S  T R A C K 

Fotografía de Alessandra Sanguinetti

una tarde entera me llevó 
sacarlos de sus macetas negras
y trasladarlos a unas más grandes y robustas
no podía diferenciar cuál era cuál ¿cuánto tardamos 
en entrar en relación? pedí ayuda 
para entender sus hojas
los veía blandos, desconcertados 
en el invernadero del campo, mamá 
multiplicaba las plantas como levadura
entendía la temperatura necesaria de la tierra
los mensajes en el color de sus hojas
curaba con paciencia la embichada, se movía 
en esa fauna natural como si fuese una más 
como si oyera el lenguaje silencioso de las plantas
nosotros la seguíamos, entusiastas 
cortabamos envases para alojar a las que vendrán
porque siempre vendrían más 
ella, sumergida en ese mundo desaparecía
entre la tierra, el sustrato y el compost
en ese ciclo tibio de crianzas, guías y despedidas 
no parecía frustrarse con los finales
acariciaba la muerte con sus rulos espumosos 
exultantes entre la luz de esa nave bajo tierra 
que destellaba entre sus plásticos, el agua
y los nuevos tallos, entrar ahí 
era traspasar al portal de la humedad 
donde otro orden marcaba el pulso, salíamos 
cuando la tarde caía, agotados, con las uñas
cubiertas de barro, rosados, hambrientos y en pleno
estado de conmoción, habíamos sido
parte del proceso del mundo; las lombrices
nuestras amigas y creamos hogares 
para que semillas despierten 
cada tanto volvíamos a visitar 
y cosechábamos novedades
algunas habían resistido la helada y otras
habían caído en el campo de la batalla
nos entristecíamos pero mamá decía 
que es parte de la vida y siempre algo 
se va perder para que otro brote tenga espacio 
como ella era la diosa de ese reino, sus palabras 
nos calmaban y olvidábamos pronto las heridas
ahora veo los doce plantines 
intentando ser algo en la altura 
sobre pilas de cemento, en un espacio
expatriado, desconocido y una mujer 
que los mira desde la ventana por la noche
y los saluda, como la niña que volvía cada tanto 
a ver sus crianzas en el invernadero del campo y sé
que algunas van a caer y otras
cargaran mas fuerzas para desplegar
sus hojas, y eso también es escuchar
el murmullo de las plantas


Lucía Lubarsky
(Río Cuarto -zona rural-, Córdoba, Argentina, 1985)
Reside en Buenos Aires
P

 

 

 

 

 

(Fuente: Emma Gunst)

Jorge Eduardo Eielson (Perú, 1924-2006)

 

Campidoglio

 


 
 
 
usted no sabe cuánto pesa
un corazón solitario
hay noches en que la lana oscura
la lana tibia que me protege
llega hasta el cielo
y mientras duermo mientras respiro
mientras sollozo
se me derrama la leche hirviendo
sobre la cara
y entonces una máscara magnífica
con la sonrisa del rey de espadas
cubre mi llanto
y todo eso no es nada todavía
usted no me creerá
pero luchar luchar luchar
todas las noches con un tigre
hasta convertirlo en una magnolia
y despertarse
despertarse todavía y no sentirse
aún cansado y rehacer aún
raya por raya el mismo tigre odiado
sin olvidar los ojos los intestinos
ni la respiración hedionda
todo eso para mí
es mucho más fácil mucho más suave
créame usted
que arrastrar todos los días
el peso de un corazón desolado
 
 

Jorge Eduardo Eielson en Habitación en Roma (1952), incluido en Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua española (1950-2000) (Galaxia Gutenberg Círculo de lectores, Barcelona, 2002, selecc. de Eduardo Milán, Andrés Sánchez Robayna, Blanca Varela y José Ángel Valente).
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras)