lunes, 1 de marzo de 2021

Eugénio de Andrade (Brasil, Póvoa de Atalaia, 1923-Porto, 2005)

 

 

Escalofrío en la tarde




No sé quién, ni en qué lugar,
pero alguien se me debe de haber muerto.
Sentí esa muerte en un escalofrío de la tarde.
Cualquier amigo, uno de los varios
que no conozco y sólo la poesía lo
sustenta. Tal vez la muerte fuese
otra: un pequeño reptil
al sol súbito y caliente de marzo
aplastado por golpe certero;
un perro atropellado por un bruto
que, al volante, se cree un dios
de arrabal, con éxito garantizado
junto a tres o cuatro putas de turno.
Tal vez la de una estrella, porque también
ellas mueren, también ellas mueren.

(de Os sulcos da sede, 2001)
 
 

~

A Vitorino Nemésio, algunos años después



Nadie te lee los versos, tan admirables
algunos, y la prosa no tiene muchos lectores,
aunque todos reconozcan, aun los que
nunca te leyeron, que es magnífica.
La moda es Pessoa, pobre: da para todo;
y la culpa es suya, con esa conmovedora
incapacidad para ser él mismo.
De nada le sirvió haber dicho y redicho
que la fama era para las actrices.
Qué vocación de borrego tienen las mayorías:
no hay altanería universitaria o machote
uniformado que no diga que la patria
y la lengua o la puta que los parió.
No, contigo, eso no resultó. Durante años
y años te olvidaron en el estante:
eras el Caballero de las Tristes Figuras.
Conversión al catolicismo, fretes al estado
nuevo, premios del sni no ayudaban mucho
a que te leyesen, además de haber otros poetas
festejando por señal bien mediocres, pero
«demócratas convictos», cosa que dicen que no fuiste.
Esto de morir por la patria no es para
todos y tú, decididamente, para la muerte
no tenías ninguna inclinación. Al final,
además de los alciones a quienes dabas los ojos,
sólo tenías versos, y algunos bien malos,
cosa además de pequeñísima importancia,
como ejemplarmente, después de muerto, probó
Pessoa, que está, como se sabe, en el paraíso.
Pobre, pensaba tener tiempo para poner orden
en el arca, pero la muerte vino antes de la hora.
Contigo al menos eso no pasó,
bebías menos, pudiste recoger la casa.
Nada de esto importa ya, y de resto
¿qué leen esos que leen cuando leen?» 
 
 

~

Hay días



Hay días en que creemos
que toda la basura del mundo nos cae
encima. Después
al llegar al balcón avistamos
los niños corriendo en el dique
mientras cantan.
No sé sus nombres. Uno
u otro se parece a mí.
Quiero yo decir: a lo que fui
cuando llegué a ser
luminosa presencia de la gracia,
o de la alegría.
Una sonrisa se abre entonces
en un verano antiguo.
Y dura, dura todavía.

(de Os lugares do lume, 1998)

***

Versiones de Raquel Madrigal Martínez
 
 

/

Arrepio na tarde



Não sei quem, nem em que lugar,
mas alguém me deve ter morrido.
Senti essa morte num arrepio da tarde.
Qualquer amigo, um dos vários
que não conheço e só a poesia
sustenta. Talvez a morte fosse
outra: um pequeno réptil
no sol súbito e quente de Março
esmagado por pancada certeira;
um cão atropelado por um bruto
que, ao volante, se julga um deus
de arrabalde, com sucesso garantido
junto de três ou quatro putas de turno.
Talvez a de uma estrela, porque também
elas morrem, também elas morrem.
 

(de Os sulcos da sede, 2001)

~
 
 

A Vitorino Nemésio, alguns anos depois



Ninguém te lê os versos, tão admiráveis
alguns, e a prosa não tem muitos leitores,
embora todos reconheçam, mesmo os que
nunca te leram, que é magnífica.
A moda é o Pessoa, coitado: dá para tudo;
e a culpa é dele, com aquela comovente
incapacidade para ser ele próprio.
De nada lhe serviu ter dito e redito
que a fama era para as actrizes.
Que vocação de carneiro têm as maiorias:
não há fúfia universitária ou machão
fardado que não diga que a pátria
é a língua ou a puta que os pariu.
Não, contigo, isso não pegou. Durante anos
e anos arrumaram-te na prateleira:
eras o Cavaleiro das Tristes Figuras.
Conversão ao catolicismo, fretes ao estado
novo, prémios do sni não ajudavam muito
a que te lessem, além de haver outros poetas
a festejar, por sinal bem medíocres, mas
«democratas
convictos», coisa que dizem que não foste.
Isto de morrer pela pátria não é para
todos e tu, decididamente, para a morte
não tinhas nenhuma inclinação. Afinal,
além dos alciões a quem davas os olhos,
só tinhas versos, e alguns bem maus,
coisa aliás de pequeníssima importância,
como exemplarmente, depois de morto, provou
Pessoa, que está, como se sabe, no paraíso.
Coitado, pensava ter tempo para pôr ordem
na arca, mas a morte veio antes da hora.
Contigo ao menos isso não aconteceu,
bebias menos, pudeste arrumar a casa.
Nada disto importa já, e de resto
que lêem esses que lêem quando lêem?»
 
 

~

Há dias



Há dias em que julgamos
que todo o lixo do mundo nos cai
em cima. Depois
ao chegarmos à varanda avistamos
as crianças correndo no molhe
enquanto cantam.
Não lhes sei o nome. Uma
ou outra parece-se comigo.
Quero eu dizer: com o que fui
quando cheguei a ser
luminosa presença da graça,
ou da alegria.
Um sorriso abre-se então
num verão antigo.
E dura, dura ainda.

(de Os lugares do lume, 1998)
 
 
 
(Fuente: La comparecencia infinita)

 

Constantino Kavafis (Alejandría, Egipto, 1863 - 1933)

 

 

He ido     




No tengo ligaduras; 
me abandoné a todo. 
He ido en la noche iluminada 
hacia goces que eran mitad reales 
mitad elaborados por mi espíritu. 
Y he bebido un vino fuerte 
como beben aquellos 
que se entregan valerosamente al placer. 




Cuerpo, recuerda     




Cuerpo, recuerda, no sólo el ardor 
con el cual fuiste amado; 
no sólo los lechos sobre los cuales 
te has acostado, sino esos deseos 
que brillaban por ti en los ojos
y temblaban en los labios,
y que un obstáculo fortuito
ha impedido que se cumplan…
Ahora que todo eso pertenece al pasado,
casi parece que te has abandonado a ellos…
Cuerpo, recuerda esos deseos
que por ti brillaban en los ojos
y temblaban en los labios.



Un candil




En una pequeña estancia
completamente vacía
con los cuatro muros
tapizados de telas verdes
un bello candil se incendia,
y una pasión, un deseo lujurioso
arde en cada llama.
Los fuegos del candil
inundan la pequeña estancia
de una claridad que no se parece en nada
a las luces habituales.
Y la voluptuosidad de su calor
no está hecha para cuerpos pusilánimes.



Fuente: Centro Editor de América Latina, Los grandes poetas, 1988 vía Fb Liliana García Carril
Traducción: Juan Carvajal
 
 
(Fuente: El poeta ocasional)

 

Ismael Velázquez Juárez (México, 1960)

 

 

TRES POEMAS DE POEMAS IDIOTAS

 

 

 

 

se rompió

la taza del baño

quise arreglarla

pero no pude

tampoco supe sacar

de ahí ninguna enseñanza

es como cuando uno

se queda mirando

el paisaje

la taza del baño rota

es una escena rural en china

con una cabañita

en el bosque

envuelta en un poco

de niebla

 

 

—————————————————

 

 

cuesta mucho

perderte

en medio

del bosque

y caer muerto

ni se diga

el viento

—ese inútil

cuando

se le necesita—

solo sabe

arrastrar hojas

 

 

—————————————————

 

 

mientras compraba brócolis

escuché dos conversaciones al pasar

en una de ellas

alguien dijo:

envejecer es recordar

(hablaba de música que ya nadie escucha)

y en la otra:

siempre olvido lo importante

(se refería a condimentos y platillos echados a perder)

ahora que lavo los brócolis

las dos frases se las arreglan

para buscarse y acomodarse por sí solas

una junto a la otra:

envejecer es recordar

lo que no quieres

y olvidar lo que te importa

 

 

 


En Poemas idiotas

 

Ediciones Liliputienses

 

 

(Fuente: Papeles de Pablo Müller)



 

Sigitas Parulskis (Obeliai, Lituania, 1965)

 

 

FRÍO


 Madre

 con Madre


 bajamos 

 al sótano a buscar pickles


 El agua del barril estaba turbia

 el líquido cubierto de moho

 Madre dijo


 Ah, pero el agua está fría

 el agua está fría repetí yo


 y de dónde viene este frío

 que me entumece el brazo


 tal vez de la oscuridad

 de la noche o del suelo


 del suelo


 debajo del suelo hará aún más frío




 EL MURO


 cada mañana yo solía correr al cementerio

 adyacente para

 desparramar los fragmentos de sueños

 y de olores desagradables que se habían juntado durante

     la noche,

 en ese lugar de mi cuerpo donde sospecho

 que el alma yace dormida


 era un cementerio extraño - los católicos,

 los ateos y los ortodoxos reunidos en una punta

 en la otra -sólo judíos, aunque leer

 lo que estaba inscrito en las lápidas cuesta creer

 que para ellos la Torá era el más importante

 de los libros


 un día el cementerio fue dividido por un horrendo

 muro de bloques de cemento


 me gustaban los cementerios - el miedo a la muerte

 lo alienta a uno a saber todo más íntimamente y no

 a salir corriendo

 cuando apareció el muro comencé a evitar

 visitar ese sitio


 los muertos que no pueden hablar entre sí son más terribles

 que los vivos que se estrangulan unos a otros




  BIBLIOTECA

           "de pronto se abrieron los estantes y entró un niño..."

                                                           -Kornelijus P.


 Yo estaba sentado en la sala de lectura de la biblioteca, 

     el gran hall 

 junto a una mesa enorme, absolutamente solo, la

 copa de mi cráneo rebosando

 con el vino de la información de cien años

 mi cabeza hilaba de ello, como lo hicieran

 las largas sombras

 que caían de la espalda de las sillas


 Luego, hacia el atardecer, un hombre al que

nunca había visto antes, vestido de negro, se me acercó

 dijo que era un vendedor, zumbando un poquito,

 el sonido de la "r" como un engranaje saltando en su garganta


 Me ofreció un reloj, hecho en 1908, Señor, dijo

 no se arrepentirá.

 "Solitarios" relojes dorados de bolsillo con cadena-

 los mejores

 la elección de ese año, cada uno de sus minutos será

 oro sólido, aún para mí Señor, diciendo estas palabras

 la voz del hombre cobró un tono patético - tendré algo

 para recordar

 cuando en 1943, yo un anciano 

 padre de tres, desnudo, sin siquiera

 un pequeño bolsillo

 para un reloj de bolsillo, me arrearon

 dentro de la cámara de gas.

 

***



SIGITAS PARULSKIS nació en Obeliai en 1965. Es poeta,

ensayista y dramaturgo. Estudio lengua y literatura lituana 

en la Universidad de Vilna y actualmente da clases de es-

critura creativa en la Facultad de Filología de esa Universi-

dad. 
Ha recibido numerosos premios literarios, incluyendo el 

Premio Nacional de literatura en 2004.

Ha sido traducido a numerosas lenguas. Tal vez estas sean

las primeras versiones de sus poemas en castellano.

Vive en Vilna.



 


 Eugenijus Alisanka (Ed.) Six Lithuanian Poets. Arc Publi-

 

 

(Fuente: Idiomas olvidados)

 

Endre Ady (Hungría, 1877-1919).

 

 

LLANTO POR EL AYER DE AYER

 
 
Mi mano esparce su triste bendición:
Oh, señas muertas del ayer,
Oh, placer muerto de agasajos,
Oh, nuestras pequeñas tristezas,
Oh, nuestras esperanzas de ayer,
Oh, verbo de ayer de ayer:
Noli tangere.
 
Hemos mirado: lo mejor
Del hombre, por el puente alto del arco iris
Camina para ser Dios
Y se enriquece con ricos
Más delicados, con nuevos estímulos,
Pero a pesar de todo es magnífico este ganado
Hermoso, el Hombre: el mundo mismo.
 
El cáliz de nuestra egolatría se desbordó,
Quiso ofrecerles de beber a todos
Y con su ánimo pesado, sirvió este delicioso vino.
 
Y ahora: un orgullo de luto:
"No temas", "No compartas", pequeños estímulos
Sobre planes gloriosos, masacrados
Que fueron vida y fueron más
Que hombres pequeños, caídos, devastados.
Oh, los ambientes de ayer, imágenes
Muertas, santas ahogadas en fosas asesinas.
 
Mi mano esparce su triste bendición:
Oh, señas muertas del ayer,
Oh, placer muerto de toques
Oh, nuestras pequeñas tristezas.
Oh, nuestras esperanzas de ayer,
Oh, verbo de ayer de ayer
Noli tangere.
 
Oh, Tiempo de verdugo,
Oh, verbo de ayer de ayer,
Encanto embellecido con tu embrujo.
 
 
 
____________________
versión del húngaro de Yolanda Ulloa en "Poemas / Versek", Z-füzetek, Budapest, 2015, edición bilingüe, archivo digital. 
 
 
 
(Fuente: Jonio González)

Salvatore Quasimodo (Italia, 1901-1968)

 

 

En las frondas de los sauces 

 


¿Y cómo hubiéramos podido cantar
con el pie extranjero sobre el corazón,
entre los muertos abandonados en las plazas
sobre la hierba dura de hielo, ante el gemido
de cordero de los niños, ante el negro alarido
de la madre que iba a encontrar a su hijo
crucificado en el poste del telégrafo?
En las frondas de los sauces, como exvotos,
también nuestras liras estaban colgadas,
levemente oscilaban al triste viento.
 
 
 
 

incluido en Antología esencial de la poesía italiana (Editorial Espasa Calpe, Madrid, 1999, selec. de Luis Martínez de Merlo, trad. de Antonio Colinas).
 
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras)


 

Robin Coste Lewis (Compton, California, EEUU, 1964)

 

 

VERANO

 
El verano pasado, dos víboras jóvenes y discretas dejaron,
en otras tantas mañanas, su piel en mi pequeño porche. Como ahora
todos somos postmodernos, me comporté como si no las viese,
ni entendiera lo que sabía que daba vueltas
dentro de mí. En lugar de ello, le dije a mi hijo
que parara de contestar siempre. Pelé
una banana. Y eché pestes contra Dios —contra Su arrogancia,
Su descaro— por esperar todavía nuestra devoción
por haber creado el amor. Y los mosquitos. Y le mostré
a mi hijo las pieles muertas parecidas al papel, así
sabría, también, lo que se siente cuando algo aparece
ante tu puerta —dos veces— para decirte lo que ya sabes.
 
 
____________________
en "Voyage of the Sable Venus", Alfred A. Knopf, Nueva York, 2015. Versión de Jonio González. 
 
 

SUMMER
 

Last summer, two discrete young snakes left their skin
on my small porch, two mornings in a row. Being
postmodern now, I pretended as if I did not see
them, nor understand what I knew to be circling
inside me. Instead, every hour I told my son
to stop with his incessant back-chat. I peeled
a banana. And cursed God—His arrogance,
His gall—to still expect our devotion
after creating love. And mosquitoes. I showed
my son the papery dead skins so he could
know, too, what it feels like when something shows up
at your door—twice—telling you what you already know.
 
 
 
(Fuente: Jonio González)