Rimas sacras, Soneto XVIII
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío, que a mi puerta, cubierto de rocío, pasas las noches del invierno escuras? ¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras, pues no te abrí! ¡Qué estraño desvarío si de mi ingratitud el yelo frío secó las llagas de tus plantas puras! ¡Cuántas veces el ángel me decía: Alma, asómate agora a la ventana, verás con cuánto amor llamar porfía! ¡Y cuántas, hermosura soberana: Mañana le abriremos — respondía –, para lo mismo responder mañana!
“Come en casa Borges. [...] Habla de un poeta Roggiano que en una reunión sometió a la consideración de Wally Zenner uno de sus últimos sonetos: ‘¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?’, etcétera. Wally esperó hasta el final, creyendo que no oía bien, o que no había entendido, o que desde alguna palabra empezaría el aporte original del poeta; pero irrefutablemente el final fue: ‘para lo mismo responder mañana’. Wally balbuceó: ‘No, hay un error... el soneto es de Lope de Vega’. ‘No —aseguró. el poeta—. Es mío.’ BORGES: [Pronto] anunciará que prepara ‘Las golondrinas’ de Bécquer y ‘El estío’ de Selgas. Cuando publique su libro se descubrirá que es algo mucho más importante, una antología de la poesía española. [...] ¿Cómo interpretaría el soneto Zenón de Elea? Diría: ‘Qué, puede estar sin que haya plagio; tengo, también; yo, también; que, también; mi, también...’, pero yo sospecho que al llegar a la última palabra el mismo Zenón descubriría el plagio”. (1957)
(Esta semana, los poemas y entradas del Borges de Bioy Casares fueron seleccionados por Patricio Pron).


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