viernes, 30 de octubre de 2026

Djuna Barnes (Storm King Mountain, EEUU, 1892-Nueva York, EEUU, 1982)

 

 

 

 

 

Poesía reunida (1911-1982)

 

LA SOÑADORA

 

Cae la noche, en oscurecidas formas que parecen

Tantear, con misteriosos dedos hacia la ventana –luego-

Descansan en el dormir, envolviéndome, como un sueño

Fe mía -¡que yo pueda despertar!

Y gotea la lluvia con el mismo triste, insistente ritmo.

Temblando a través del vidrio, inclinándose lacrimosa,

Y suave golpetea, como pequeños pies temerosos.

Fe mía -¡qué tiempo este!

El plumoso fresno aletea; allí sobre el vidrio,

El fuego moribundo lanza un parpadeante rayo fantasmal,

Y luego se cierra la noche y la lluvia que cae suave

Fe mía -¡qué oscuridad.

EL LIBRO DE LAS MUJERES REPULSIVAS (1915)

 

DESDE LA QUINTA AVENIDA HACIA ARRIBA

 

Algún día bajo alguna dura

Estrella caprichosa-

Desplegando un poco su luz

Hacia lo lejos,

Te conoceremos como la mujer

Que eres.

Pues aunque alguien te tome y te arroje

Fuera del espacio,

Con tus piernas medio estranguladas

En tus encajes,

Aguantarías al mundo hasta que la locura

Aflorara en tu rostro.

Veríamos tu cuerpo en la hierba

Con fríos ojos pálidos.

Nos esforzaríamos en tocar esas lánguidas

Extensiones de muslos

Y oír tus agudos breves modernos

Babilónicos gritos.

Pero no funcionaría. Te sentiríamos

Enroscada en tu miedo.

Reclinada sobre los fértiles

Campos mirando de soslayo

Mientras urges algún amargo secreto

Por el oído.

Vemos tus brazos humedecerse

En el calor,

Cómo pulsa en el latido

De los desbordantes corazones que rezuman

A tus pies.

Te vemos inclinada con el cabello

Abultado sorbiendo

La salpicada humedad de algún vago

Labio inferior.

Tu blanda saliva, desleída

Por orgías, goteando.

En otro tiempo no hubiéramos llamado a esa

Mujer “tú”,

Cuando recostada sobre el bazo

De tu madre estirabas

Tu boca hacia su seno como

Lo hacen los engañosos músicos.

Te zambulles grandiosa para caer

De cara

Desnuda-mujer-niña

Haciendo muecas.

Con tu vientre combado majestuoso

Hacia el espacio.

 

DESDE LA TERCERA AVENIDA EN ADELANTE

 

Y camina ahora sobre pies que giran hacia fuera

Junto a la basura de la calle

O rueda bajo una sucia sábana

Dentro de la ciudad.

Ya no se menea para quitarse el vestido,

No se arrodilla sumisa para confesar.

Una pequeña conciencia, sin angustias

Y se instala.

¡Oh Dios! se instala, decimos;

Quiere decir que sus poderes se escapan,

Quiere decir que retrocede día a día

Del bien o del mal.

Y así mira al suelo

O escucha junto a una puerta abierta,

O se acuesta, boca arriba a roncar

Tanto fuerte como tristemente. O se sienta junto al fuego de porcelana,

Se sienta, voceando mansa en una silla

Con el cabello muy rizado, endurecido ondeado

Sobre los ojos.

O sonríe demasiado vacía hacia el espacio-

Y hay un espacio vacío en su cara-

Donde nada suplantó el lugar

De los agudos y duros gritos.

O aún la oímos en la escalera,

Con algunas plegarias elementales,

Hasta que las corta y exclama

Una amada mala palabra.

En alguna parte bajo su apurada maldición,

Un muerto yace confinado en su ataúd,

Y amigos y familiares se dispersan,

Sin emoción.

Esas muertas vivientes en sus habitaciones

Deben notar cuán parciales son las tumbas

Que llevan a los hombres de vuelta a sus úteros

Mientras los suyos deben ayunar.

Y los que florecen en jarras

Ya no miran a las estrellas,

En vez de ello, miran hacia los diminutos automóviles-

Y viven despavoridos.

 

VISTO DESDE EL “L”

 

Así está de pie –desnuda- estirándose aburrida

Dos peines de ámbar descansan en sus cabellos.

Una imprecisa y deteriorada alfombra

Baja el polvoriento tamo de la escalera.

Ella no ve, no le importa

Siempre ha estado allí.

Al frágil mosaico de su ventana

Que mira rígido hacia la calle,

Allí lo garabatean vacilantes gorriones-

Allá lo graban con sus oscilantes patas.

Y también se va formando, a cada latido

De camisa y sábana.

Pero las ropas de ella son menos atrevidas

Que su cuerpo en su madurez,

Cosidas a máquina como ella está

Cosida a máquina a su alma de por vida.

Enredándose majestuosa en el vicio

Goteando encorvada en la rima.

Deslizándose desde la costura de la virtud,

Hacia el crimen.

Aunque sus labios son vagos como el capricho

En su juventud-

Florecen vívidos y repulsivos

Como la verdad.

Hasta los jarrones durante la fabricación

Son ordinarios.

 

OCASO DE LO ILÍCITO

 

Tú, con tus largas y vacías ubres

Y tu calma,

Tu ropa blanca manchada y tus

Fláccidos brazos.

Con dedos saciados arrastrándose

En tus palmas.

Tus rodillas muy separadas como

Pesadas esferas;

Con discos sobre tus ojos como

Cáscaras de lágrimas,

Y grandes lívidos aros de oro

Atrapados en tus orejas.

Tu pelo teñido cardado a mano

Alrededor de tu cabeza.

Labios, mucho tiempo alargados por sabias

palabras

Nunca dichas.

Y en tu vivir todas las muecas

de los muertos.

Te vemos sentada al sol

Dormida;

Con los más dulces dones que tenías

Y no has conservado,

Nos afligimos de que los altares de

Tu vicio reposen profundos.

Tú, el polvo del ocaso de

Un amanecer húmedo de fuego;

Tú la gran madre de

La cría ilícita;

Mientras las otras se encogen en virtud

Tú has dado a luz.

Te veremos mirando al sol

Unos cuántos años más;

Con discos sobre tus ojos como

Cáscaras de lágrimas;

Y grandes lívidos aros de oro

Atrapados en tus orejas.

 

THE LITTLE REVIEW (1918)

 

EL LAMENTO DE LAS MUJERES

I

¡AY DIOS MÍO!

¡Ay Dios mío, qué es lo que amamos!

¿Esta carne puesta en nosotros como un guante arrugado?

Huesos tomados deprisa de alguna lujuriosa cama,

Y por ímpetu, el empujón del diablo.

Qué es lo que besamos con prisa,

Esta boca que busca la nuestra, o aún másese

Pequeño ojo lastimoso en la engañada cabeza,

Como si lamentara aquello que a nosotros nos falta.

Este pálido, este más que anhelante oído atento

Que oye la lastimosa boca el suave lamento,

Para marcar la silenciosa y la angustiada caída

De aún otra caliente y deformada lágrima.

Brazos cortos y magullados pies muy separados

Para caminar eternamente con nosotros desde la salida.

¿Ay Dios, es esta la razón que amamos

-No son tales cosas golpes mortales al corazón?

 

II

A…

Las venas de otro se han instalado en mis días

Su miseria, tanto como la tuya es la mía

Sin embargo dime, ¿no es esta la mirada de una virgen

Fija en la tuya?

Me vuelvo siempre y soplo la llama de la vela

En la oscuridad, dejando caer mis lágrimas,

Cancelando el final del juego

Durante cuarenta años.

Y en la oscuridad oigo la temerosa queja

De ese semiherido, sin identificar

Alguien inexpresablemente solo-

Y desconcertado.

No, no me toques con demasiada ternura o bondad

Pues tengo palabras para toda las aflicciones

Y una olvidada mano enfermiza en el infierno

Rompió primero este vestido.

Siempre, sí siempre, siempre, así conmigo

El polvo de otro se mezcla aquí, cuando yo termine-

Mientras que el tuyo, mi amor, durante mil años

Se coagulará en paz.

PLAYBOY (1923)

 

 

A UNA QUE SE SIENTE DIFERENTE

 

Esta noche no puedo conocerte y lloro

Por la amargura que sobre ti es como blando sueño

De la que tú eres la única poseída-

Y como una en larga tela de luto vestida-

Profundamente empapada en ropas que cuentan la forma de la pena

Pliegue sobre pesado pliegue, como hoja sobre hoja.

Estás de pie, toda trémula con ahogados gritos,

Y con frías lágrimas como vidrio en tus ojos.

Delgadas sombras, más oscuras que lo oscuro hierven

Con espumosa somnolencia y monstruosa fatiga

El solemne ceceo de cosas inoportunas

Se acerca; y en altas alas de lamento

El tiempo frío grita a nuestro lado, desprendiendo chispas de dolor

-De las que tú eres el centro y la cantinela.

 

VANITY FAIR (1923)

 

A UNA DE OTRO HUMOR

 

¿Oh amada querida, debería dejar

De mirarte, siempre con ojos húmedos,

Y quejumbrosos besos de estos labios donde yace

Más miel que en tus áloes? ¿Debería romper

Aún más oscuras hierbas, y suspirando no perder de vista

Con fingida lamentación y gritos temerosos,

Rodeándote lentamente con blasfemias

Porque estaría bailando? No, me falta

La necesaria torpe salmodia de la desesperación.

No resuena en mí tu sombrío humor,

Ni está  en mi corazón. Ni en ningún lugar

Dentro de mi carne, la misma carne que enamoraste.

¿Entonces para qué aflojar mi trenzado pelo

Ocultando mis ojos, y pretender que cavilo.

 

 

FINIS

¿Para ti, para mí? Por qué entonces la hiriente

hora,

El viento en las cortinas, y el

Paso

De algún jardinero tardío arrancando la flor

Que pondrán entre nuestros corazones cuando

hayamos muerto.

 

Inédito. Cagnes-sur-Mer, 1924-25

 

RETRATO DE UNA DAMA CAMINANDO

 

En el Norte los pájaros empluman un largo viento.

Ella es hermosa.

El Otoño forma hielo en la cáscara del limón.

Sus lentas costumbres acompañan la oscura mente.

La escarcha impone una frágil quietud en la laguna.

Sobre el fresco, pequeño montón de húmeda hierba

Los pájaros caen como una lluvia de vidrio.

 

 

TERCERA PARTE

POEMAS INÉDITOS DE PATCHIN PLACE

1940-1982

 

TENDRÍA QUE HABER JARDINES… YA NO HAY ENJAMBRE…

 

Tendría que haber jardines para viejos en los que quejarse

¿Pues dónde está el gran rizo de toro pavoneándose en la pierna?

Nada tan vencido como la ingle del viejo

Donde ahora cuelga una resentida bolsa,

Un saco de marchitos infantes en su pierna.

Ya no hay enjambres bullendo en él ahora

Su corazón es una colmena

Que ha ahuyentado a todas sus abejas,

Se mantiene vivo

Por estremecimientos;

La reverberación del olvido es su movimiento,

La desintegración ahora lo es todo como movimiento;

No obstante como diestro gato caerá sobre sus cuatro patas

En el paraíso, al revés.

 

 

LLORADO (Y otros preguntan…)

 

Y otros preguntan, ¿Cómo es ser poseída

Por una que no puedes retener, al ser ella vieja?

No hay pájaro en  mi ojo construyendo un nido

Para una novia que tiembla contra el frío,

Ni hay allí una garra que pueda detenerla

-Yo evito que la pezuña pise su aliento-

La enmarañada señal que cuelga ensuciando un hilo,

El que une al mundo terrenal. Yo contesté

en un suspiro

Mantengo una mujer, como todos lo hacen,

nutriendo la muerte.

 

 

Prólogo de PHILLIP HERRIN.

Selección, epílogo y notas de OSÍAS STUTMAN

Traducción de OÍAS STUTMAN y ROSA LENTINI

Poesías reunidas 1911-1982. Tarragona. Ediciones Igitur. 2004. Págs. 25-51, 55, 73, 131-132, 148.

 



 

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