SEMA
Mi respiración se aquieta
en las notas del ney.
Giro en compases de noche
y silencio.
Me dejo caer.
Mis pies rotan
y mis manos,
suspendidas,
se afinan.
Niego la gravedad.
Sostengo un cuerpo que,
a la altura del amor,
se abisma en otra música,
se realiza en otro tiempo.
***
OUD
Yo que vos no iría tras las huellas
de un árbol que se infecta.
El aire que respira este bosque
perfuma mi cuerpo lacerado.
Debo atravesar este sendero
de ramas que crujen,
de cortezas fisuradas,
de naturaleza que exige
una libra de savia
a las comisuras de la herida.
Miro los troncos abiertos.
Supuran.
Conozco el precio de lo bello,
la putrefacción de la vida.
En "Otomana" Unbudha editorial 2025
(Fuente: Diego Roel)
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