miércoles, 1 de julio de 2020

Montserrat Alvarez (Zaragoza, España, 1969)



Las tácitas palabras del cliente



"Esto", me sonreíste, chiquilla, "tiene un precio"
Te sentiste tan fría y tan cruel al decirlo
pero me enterneciste, la verdad

"a tu edad", te ensañaste, "una mujer 
tan bella como yo 
nunca haría el amor contigo gratis"
intentabas pensarte como la triunfadora en esta lucha,
la que creó ilusiones y las rompió después
deje que lo pensaras, pobrecilla:
bien sabía que era para ti necesario
no hiciste un buen negocio
Soy un viejo, es verdad, y sin embargo 
al conducirte hacia los aposentos
a esto destinados en mi casa
sentí tu admiración hacia mis posesiones
por ti atisbadas entre la penumbra
Los nobles materiales que te hablaban 
de un mundo en el que no podrías nunca entrar
excepto en tu función de delicada puta
-delicada, más convenientemente
calculadora a fin de no inspirar 
al cliente el fastidio de los remordimientos-

Y el poder que palpabas de reojo
te llenaba de algo tan próximo al amor
que te sentí devota a pesar tuyo
como si el recorrer mi cuerpo aquella noche
-cuerpo acabado, es cierto, y nada apetecible-
fuese para ti honra y no mancilla.

El amor de una noche, que enseguida 
comenzaste a borrar de tu memoria 
para mirarlo bajo la figura 
del cínico interés, entonces fue real, 
aunque no quieras verlo, pobrecilla.

Porque tú me adorabas
lo sentía en tu entrega
absoluta; más tarde, con esa lucidez 
de la resaca que sigue al despertar 
de una ebria ilusión- ilusión de la cual 
tú, y no yo, fuiste presa- lograrías convencerte 
de que no hubo en ti

pasión, sino artificio;
negocio, no arrebato, y la mentira 
propia de un trabajo lucrativo

Pero yo sé más que eso, porque tuve 
el estremecimiento de tu piel
De tu piel que no miente
La fiebre y el exceso que el goce representa 
frente a la obligación; su gratuidad, que dice 
esa fascinación inconfesable
que hizo mío tu amor por una noche

Sólo por una noche, mas entero
Breve tiempo de amor, pero amor puro
-si cabe hablar así de algo tan impuro 
como es siempre el amor-

Eso me diste, que es como dar la vida
Y supe, como ocurre
inevitablemente en estos casos
que habría bastado una palabra mía 
para que te quedaras definitivamente

Nada de esto 
podrías admitirlo, más aún que por orgullo, 
por mero instinto de supervivencia
Y sin embargo
me diste el fino tacto de la amante
timidez de tus manos deslumbradas,
tu dolorida, extática belleza,
toda a mí, por completo

Calculadora y cruel te pensarías
ya tras el despertar, con la sonrisa irónica
de quien acaba de obtener ventaja
de un pobre incauto, más los dos sabíamos 
que en esta transacción perdiste tú, pequeña

Aunque burlona marches satisfecha
como quien ha cobrado una fortuna
y desplumando a un viejo
al que sonriera en la cafetería
sabes igual que yo que hiciste un mal negocio
 
Mal negocio
Me diste el buen amor de tu piel melancólica
suavísima, la seda solitaria 
de tu deseo famélico,
tu hambriento corazón , tu ardor innecesario,
de ímpetu suicida

Yo, chiquilla,
sólo te di dinero.










(Fuente: La ley de Bartleby blog)

Jonio González (Buenos Aires, 1954)



IUBILAEUS

ha dejado de ser para algunos
lo que nunca fue para nadie
ha empezado a ser para otros
lo que ya era para todos
ahora cultiva maleza
en el jardín fragante
si no lo hiciese
su vida sería la misma
abre el libro
y sacrifica palabras
si no lo hiciese
su vida sería la misma
ya es tarde sin embargo
para acomodarse entre los hombros
de unos y de otros
y abrirse paso hasta alcanzar alturas
que sólo alcanzan necios y vencedores

Ángel Corpa (España, La Mancha, 1952)



 Cadenas 
 

No hay libertad sin cadenas.
Puede que la tenga Dios.
Puedes tú mismo tenerla,
puede tenerla el tirano.
Es lo mismo,
a fin de cuentas,
es la libertad rodeo
que va dando la cadena
 
Cadenas de hierro,
cadenas de plata,
apenas aquellas
me dejaban libre
estas me amarraban.
 
Libertad
¡que gran palabra para el preso!
carcelero
tú nunca podrás gozarla
Cadenas de hierro,
cadenas de plata,
apenas aquellas
me dejaban libre
estas me amarraban.

La libertad de vivir.
Pero, ¿y la libertad madre,
la libertad de morir?

No hay libertad sin cadenas.
No hay libertad sin cadenas.
No hay libertad sin cadenas.
No hay libertad sin cadenas.

Puede que la tenga Dios.
Puedes tú mismo tenerla,
puede tenerla el tirano.
Es lo mismo,
a fin de cuentas,
es la libertad rodeo
que va dando la cadena.

Le soltaron algo más a la cadena
y yo dije: ¡Me dieron la libertad!
La cadena es siempre igual:
eslabón que a mí me sueltan
a otro se lo apretarán.

Cadenas de hierro,
cadenas de plata,
apenas aquellas
me dejaban libre
estas me amarraban.

La libertad de vivir
pero, ¿y la libertad madre,
la libertad de morir?
No hay libertad sin cadenas.
No hay libertad sin cadenas.
No hay libertad sin cadenas.
No hay libertad sin cadenas.
Puede que la tenga Dios.
Puedes tú mismo tenerla,
puede tenerla el tirano.
Es lo mismo,
a fin de cuentas,
es la libertad rodeo
que va dando la cadena.
 
 
 
Letra de Eduardo Álvarez y Ángel Corpa
Música e interpretación del grupo Jarcha
 
 
 
 
(Fuente: Poesía de El Toro de Barro)

Dylan Thomas (Inglaterra, 1914-1953)



Colina de los Helechos




Cómo era joven tambien resultaba fácil bajar las ramas de manzana

Sobre la casa cantaba feliz porque la hierba era verde por
la noche y arriba estaban las estrellas

El tiempo me deja cazar y subir
dorado por el apogeo de sus ojos

y honrado entre los carros fui príncipe de los pueblos de manzanas
Y una vez por debajo del tiempo tuve los árboles y las hojas
del sendero con margaritas y cebada
por los ríos de luz inesperada.

Y como era verde y despreocupado, famoso entre los graneros

sobre el patio feliz y cantando mientras la granja estaba en casa,
en el sol que es joven solo una vez,
el tiempo me dejo jugar y ser
dorado en la misericordia de sus medios,
verde y dorado
yo era cazador y pastor de los terneros
caían sobre mi cuerno los zorros que ladraban claros y frios en las colinas

Y durante el sábado sonaba lentamente
entre los guijarros de las corrientes sagradas.

Todo el sol estaba hermoso al correr en el heno

campos altos como la casa
las melodías de las chimeneas eran el aire
jugando encantador y acuoso
y el fuego verde como la hierba.

Todas las noches bajo las simples estrellas
mientras cabalgaba para ir a dormir junto a los búhos se llevaban la granja.

Escuché la luna bendecir entre los establos, los tarros nocturnos
volando por los pajares y los caballos.
destellando en la oscuridad.

Y luego despertar, y la granja, como un vagabundo ,blanco
por
el rocío, vuelve, con la polla en el hombro: todo fue
brillando, fueron Adam y la doncella,

El cielo se reunió de nuevo
Y el sol creció alrededor ese mismo día.
Entonces debe haber sido después del simple nacimiento de la luz

En el primer lugar giratorio; los caballos hechizados caminan cálidos
fuera del relincho verde

estable

En los campos de alabanza.

Y honrado entre zorros y faisanes por la casa gay
bajo las nuevas nubes felices como el corazón con el sol nacido una y otra vez,
corrí mis caminos descuidados,
mis deseos corrieron por la casa de heno

y nada me importaba en mis intercambios celestes que el tiempo me permite

En todas sus vueltas melodiosas tan pocas y tan mañanas
ante los niños verdes y dorados

Nada me importaba en los días de corderos blancos ; ese tiempo me llevaría
hasta el palomar abarrotado por la sombra de mi mano
en la luna que siempre está saliendo
cabalgando para dormir

Debería escucharlo volar por los altos campos
y despertar a la granja que huyo para siempre de la tierra y sin hijos.

Oh, como era joven y fácil a merced de sus medios
el tiempo me mantuvo verde y muriendo
aunque canté encadenado por el mar.





Reedición y Conversión:
[La Revancha de Chunga]

Aimé Césaire (Martinica, Francia, 1913-2008)



Las armas milagrosas

 

El gran machetazo del placer rojo en plena frente había sangre y ese árbol que llaman flamígero y que nunca merece tanto ese nombre como en las vísperas de ciclones y de ciudades saqueadas la sangre nueva la razón roja todas las palabras de todas las lenguas que significan morir de sed y solamente cuando morir tenía el sabor del pan y la tierra y el mar un gusto de antepasado y ese pájaro que me grita que no me entregue y la paciencia de los alaridos en cada rodeo de mi lengua

la arcada más bella es un chorro de sangre
la arcada más bella es una ojera lila
la arcada más bella se llama noche
y la belleza anarquista de tus brazos en cruz
y la belleza eucarística y llameante de tu sexo en cuyo nombre saludaba la barrera de mis labios violentos

había la belleza de los minutos que son las joyas en liquidación del bazar de la crueldad el sol de los minutos y su bonito hocico de loho que el hambre hace salir del bosque la cruz roja de los minutos que son lampreas en marcha hacia los viveros y las estaciones y las fragilidades inmensas del mar que es un pájaro loco clavado muerto en la puerta de las tierras cocheras había hasta el terror tales como el relato de julio de los sapos de la esperanza y de la desesperanza podados de astros por encima de las aguas allí donde la fusión de los días que permite el bórax da cuenta de las lamparillas gestantes las fornicaciones de la hierba que no se deben presenciar sin precauciones las cópulas del agua reflejadas por el espejo de los magos las bestias marinas para ser tomadas en el hueco del placer los asaltos de vocablos todas troneras humeantes para festejar el nacimiento del heredero varón simultáneamente con la aparición de las praderas siderales en el flanco de la bolsa con volcanes de agaves de despojos de silencio el gran parque mudo con el agrandamiento silúrico de juegos mudos con las angustias imperdonables de la carne de batalla según la dosificación siempre por rectificar de los gérmenes que deben destruirse

escolopendra escolopendra
hasta el párpado de las dunas sobre las ciudades prohibidas castigadas por la cólera de Dios
escolopendra escolopendra
hasta el desastre crepitante y grave que arroja las ciudades enanas delante de los caballos más fogosos  cuando en plena arena levantan
su portón de rejas sobre las fuerzas desconocidas del diluvio
escolopendra escolopendra
cresta cresta moldura rompe rompe en sable caleta pelambres en aldea
dormidos sobre sus piernas de pilotes y safenas de agua cansada dentro de un instante se producirá la derrota de los silos olfateados de cerca
el azar rostro de pozo de condotiero ecuestre con charcos artesianos y las cucharillas de los senderos libertinos por armadura
rostro de viento
rostro uterino y lémur con dedos excavados en las monedas y la nomenclatura química
y la carne dará vuelta sus grandes hojas de banano que el viento de los tugurios fuera de las estrellas que señalan la marcha hacia atrás de las heridas de la noche hacia los desiertos de la infancia fingirá leer
en un instante se tendrá la sangre vertida donde las luciérnagas tiran de las cadenillas de las lámparas eléctricas para la celebración de los compitales
y el infantilismo del alfabeto de los espasmos que hacen los grandes ramajes de la herejía o de la connivencia
habrá el desinterés de los transatlánticos del silencio que surcan día y noche las cataratas de la catástrofe alrededor de las sienes sabias en migración
y el mar retraerá sus pequeños párpados de halcón y tú intentarás apoderarte del instante el gran feudatario recorrió su feudo a la velocidad de oro fino del deseo por los senderos de neuronas observa bien si el pajarillo no ha ingerido la estola el gran rey atónito en la sala llena de historias adorará sus manos pulquérrimas sus manos levantadas en el rincón del desastre entonces el mar retornará a su incómodo lecho apretado cuídate de cantar para no apagar la moral que es la moneda obsidional de las ciudades privadas de agua y de sueño entonces el mar se sentará a la mesa muy suavemente y los pájaros cantarán muy suavemente en las básculas de la sal la canción de cuna congolesa que la soldadesca me ha hecho olvidar pero que el mar piadosísimo de las cajas craneanas conserva sobre sus láminas rituales

escolopendra escolopendra
hasta que las cabalgatas vagabundeen por los prados salinos de abismos con el murmullo humano rico de prehistoria en las orejas

escolopendra escolopendra
hasta que no hayamos alcanzado la piedra sin dialecto la hoja sin torreón el agua frágil sin fémur el peritoneo seroso de los anocheceres de manantial


en Les Armes miraculeuses (1946), incluido en Antología de la poesía surrealista de lengua francesa (Fabril Editora, Buenos Aires, 1961, selec. y trad. de Aldo Pellegrini).




(Fuente: Asamblea de palabras)

Olga Orozco (La Pampa, 1920 - Buenos Aires, 1999)



CON ESTA BOCA, EN ESTE MUNDO



No te pronunciaré jamás, verbo sagrado,
aunque me tiña las encías de color azul,
aunque ponga debajo de mi lengua una pepita de oro,
aunque derrame sobre mi corazón un caldero de estrellas
y pase por mi frente la corriente secreta de los grandes ríos.

Tal vez hayas huido hacia el costado de la noche del alma,
ese al que no es posible llegar desde ninguna lámpara,
y no hay sombra que guía mi vuelo en el umbral,
ni memoria que venga de otro cielo para encarnar en esta dura nieve
donde sólo se inscribe el roce de la rama y el quejido del viento-

Y ni un solo temblor que haga sobresaltar las mudas piedras.
Hemos hablado demasiado del silencio,
lo hemos condecorado lo mismo que a un vigía en el arco final,
como si en él yaciera el esplendor después de la caída,
el triunfo del vocablo, con la lengua cortada.

¡Ah, no se trata de la canción, tampoco del sollozo!
He dicho ya lo amado y lo perdido,
trabé con cada sílaba los bienes y los males que más temí perder.
A lo largo del corredor suena, resuena la tenaz melodía,
retumban, se propagan como el trueno
unas pocas monedas caídas de visiones o arrebatadas a la oscuridad.

Nuestro largo combate fue también un combate a muerte con la muerte, poesía.
Hemos ganado. Hemos perdido,
porque ¿cómo nombrar con esta boca,
cómo nombrar en este mundo con esta sola boca en este mundo con esta sola boca?




Poesía completa

                   Adriana Hidalgo editora



                 (Fuente: Papeles de Pablo Müller)

Francisco Layna (Madrid, 1958)



Carla Harryman sabe escribir cartas
[orgullosos de no necesitar habitación]
Detrás del edificio hay un continente
y detrás del continente un niño
confunde
por la agonía del pez, que salta y
salpica,
tiene mucha fuerza y muere detrás.
            Esto sucede en un género que
pregunta
            y otro que reflexiona sobre
la lengua.
            Carla escribe: “Querido Sawako…
estoy interesada en cómo
la interpelación afecta
a tu escritura”.
            En Orange, California, seguro
que
            un día sin números en la izquierda.
            Nació el once de enero y dijo que una mujer
conoce
            bien las diferencias entre el
            etcétera y la forma de eludir
            compromisos, a pesar de su
altura
            excesiva, 2 metros y 2
centímetros
            que mantenidos en vilo
significan riqueza.
Los americanos, ya se sabe, tienen
hijos
 y afirman conocer la intención
del recién llegado que ama el
azúcar,
y las mujeres que se descalzan
para beber mejor.
            Eso dicen los americanos.
¿Oyes tú como los
guitarristas
celebran y dos calles más
arriba
el niño y el pez del principio quedan ya para
siempre en la historia de la
grafología?
Que así sea es necesario
para la pluralidad
de los mundos
históricos.
            Los poetas americanos se
cansan
            y deciden levantar ahí mismo
el campamento,
            encender la hoguera, piden
a los perros
            que ladren y muerdan a los que no sepan
            calentar el hierro…
Carla Harryman
es
            poeta que
            ni firma
            ni estrena sombrero
            cuando alguien
            muere.
           
Leen los poetas la carta que Susan Howe escribió a un periódico deportivo
[“de verdad: lo he intentado”, escribió Richard Brautigan
antes de la Magnum 44]
Nueva Inglaterra es el lugar de donde provengo.
No sé si es la forma más adecuada de iniciar un saludo a amigos y hermanos.
Hay un aviso que me cruza la nuca y usa mis ojos para reflejarse: llevo días percibiendo el sonido de algo no engendrado, que se asoma sobre la seguridad y la santificación.
Por eso os escribo.
La gracia es dada a unos pocos y sé que la escritura ya no me acompaña.
¿Alguien más se reconoce en esa categoría?
Los que se ganan la vida observando comen a escondidas porque tienen miedo.
Temen que sonido y significado sean equívocos.
A mí me entristece el error que cometo cuando lo intento.
A partir de ahí cualquiera de nosotras reconocerá
que a veces el silencio se convierte en un ser.

Jon Davis quisiera casarse dentro de un cuadro de Chagall
[¿cuáles son las diferencias entre consuelo y satisfacción?
o al fin y al cabo, la falta de aire también puede llevar adjetivos]
Las jirafas tienen siete
huesos en el cuello.
El siguiente dato comprobado
es que los murciélagos
comen una tonelada
de mosquitos al año.
He tenido llamadas
terroríficas, por la noche.
La luz tiene
entonces
un amarillo
que solo
entonces
tiene.
Detrás, el cuento,
sus actores,
la historia
en cada uno de
sus milímetros.
Tengo en las manos
la lupa de mi padre
y observo la línea
terrible en mi piel.
El teléfono al que me refiero
es antiguo comparado
con lo que pretendo.
¿Nos hemos quedado
en las intenciones,
el cielo estrellado
y la ley moral?
Supongo que
            es
            indicio de vejez.
La anécdota es parte
de la constelación,
aquí mismo,
en este exacto sitio.
Esto
            nunca
            se podrá negar.
Siete vértebras
cervicales,
el mismo número
en humanos.
Mil doscientos
mosquitos
por hora.
Mi buena amiga
Dana habla
de la Poética
de la Evasión.
Yo preferiría
-depende de quien
ponga la música-
hablarles de la
Poética de la Cautela,
al menos verbal.
Todo conduce a la increíble facilidad
con que el poema se deja decir.
Me gusta cuando ocurre
a pesar
de la intención, quizá porque
las vértebras de las jirafas
son bastante más grandes
que las de los humanos.
En 1952 mi cuerpo
era la segunda y la
tercera letras
de una hipótesis.
            Desde entonces
            buscan un hueco,
            un sonido al que
            incorporarse.
Cobalto es el nombre
de un poema de
David Berman.
Él esperaba que alguien
entrase, sonriera y su
cuarto se tiñera de rojo.
También es el nombre
del caballo que nosotros
jamás venderíamos.
Cuando en 1987 yo escribía
Las peligrosas diversiones
aún William Matthews
y Philip Levine estaban
con nosotros y decidían
el aumento del cobre
y la dirección en verano.
            Nadie entró en
la habitación y
            yo ahora veo
los murciélagos
            de Goya y creo
que la oscuridad
            es una especie
de agua.
El resultado es que
no quiero estar
solo en mi mirada,
ser único en
mi acto de ver.
     Escribir en el aire
(Fuente: 40entenablogspot)