(Juana en el fuego)
(Juana en el fuego)
Me condenaron porque vi señales
y un ventarrón hereje que partía
el santo vuelo de la patria mía
y aprendí a misionarme en los vitrales
que derramaban hordas de poesía
y encajeté en mi espada la osadía
cuando les ordené matar los males
sin entender que la fe es un pecado
cuando la cruz se nos vuelve un alarde
más peligroso que un ángel cobarde
y que Dios no está a salvo de lo odiado.
Pero el puro dolor es perdonado
y esto lo digo mientras todo arde.
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