viernes, 16 de febrero de 2024

T. S. Eliot (EEUU, 1888 -1965)

 

Miércoles de Ceniza (1930)

 

(Dedicatoria de la primera edición: A Vivienne Eliot)

 

1

Porque no tengo esperanza de volver otra vez

Porque no tengo esperanza

Porque no tengo esperanza de volver

deseando el don de este hombre y la capacidad de aquel hombre

ya no me esfuerzo por esforzarme hacia tales cosas

(¿por qué habría de extender sus alas el águila envejecida?)

¿Por qué habría yo de lamentar

el desvanecido poder del reino acostumbrado?

Porque no tengo esperanza de conocer otra vez

la gloria inválida de la hora positiva

porque no pienso

porque sé que no conoceré

el único verdadero poder transitorio

porque no puedo beber

ahí donde florecen árboles y brotan fuentes, pues ahí no hay nada otra vez.

Porque sé que el tiempo es siempre tiempo

y el lugar es siempre y sólo lugar

y lo que es efectivo es sólo efectivo por una vez

y sólo para un lugar

me alegro de que las cosas sean como son y

renuncio al rostro bienaventurado

y renuncio a la voz

porque no puedo tener esperanza de volver otra vez

por consiguiente me alegro, teniendo que construir algo de que alegrarme

y ruego a Dios que tenga misericordia de nosotros

y ruego que pueda olvidar yo

esos asuntos que discuto demasiado conmigo mismo

explico demasiado

porque no tengo esperanza de volver otra vez

que respondan estas palabras

por lo que se ha hecho, para que no se vuelva a hacer

ojalá el juicio sobre nosotros no sea demasiado gravoso

Porque estas alas ya no son alas para volar

sino simples aspas para batir el aire

el aire que ahora está completamente tenue y seco

más tenue y más seco que la voluntad

enséñanos a estar sentados tranquilos.

Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte.

Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.

II

Señora, tres leopardos blancos estaban sentados al pie de un junípero

a la fresca del día, habiéndose nutrido hasta la saciedad

de mis piernas mi corazón mi hígado y lo que se

contenía

en la hueca redondez de mi cráneo. Y Dios dijo

¿Han de vivir esos huesos? ¿han de vivir

esos huesos? Y lo que estaba contenido

en los huesos (que ya estaban secos) dijo

gorjeando:

Por la bondad de esa Señora

y por su amabilidad, y porque

honra a la Virgen en meditación,

brillamos de claridad. Y yo estoy aquí desmembrado

ofrezco mis acciones al olvido, y mi amor

a la posteridad del desierto y al fruto de la calabaza.

Es eso lo que recobra

mis tripas las cuerdas de mis ojos y las porciones indigeribles

que rechazaban los leopardos. La Señora se ha

retirado

con una túnica blanca, a la contemplación, con una

túnica blanca.

Que la blancura de los huesos ofrezca expiación para el olvido.

No hay vida en ellos. Como estoy olvidado

y querría estar olvidado, así querría olvidar

así, devoto, concentrado en propósito. Y Dios dijo

Profetiza al viento, al viento sólo pues sólo

El viento escucha. Y los huesos cantaron gorjeando

con el estribillo de la cigarra, diciendo

Señora de los silencios

tranquila y agitada

desgarrada y enterísima

rosa de la memoria

rosa del olvido

agotada y dadora de vida

acongojada y llena de reposo

la Rosa única

es ahora el Jardín

donde acaban todos los amores

terminan el tormento

del amor insatisfecho

el mayor tormento

del amor satisfecho

fin del viaje

sin fin hacia ningún fin

conclusión de todo lo que

es inconcluible

lenguaje sin palabras y

palabra de ningún lenguaje

gracia a la Madre

por el Jardín

donde acaba todo amor.

Bajo un junípero cantaban los huesos, dispersos y brillantes.

Nos alegra estar dispersos, nos servimos de poco unos a otros,

bajo un árbol a la fresca del día, con el consuelo de la arena,

olvidándose de ellos mismos y el uno del otro,

unidos en la calma del desierto. Esta es la

tierra que os

repartiréis echando a suertes. Y ni división ni unidad

importan. Esta es la tierra. Tenemos nuestra herencia.

III

En la primera revuelta de la segunda escalera

me volví y vi abajo

la misma forma retorcida en la baranda

bajo el vapor en el aire fétido

luchando con el demonio de las escaleras que

reviste

la cara engañosa de esperanza y de desesperación.

En la segunda revuelta de la segunda escalera

les dejé retorciéndose, volviendo abajo:

ya no había más caras y la escalera estaba oscura,

húmeda, mellada, como la boca de un viejo babeando, ya sin arreglo,

o el dentado gaznate de un tiburón envejecido.

En la primera vuelta de la tercera escalera

había una ventana estriada con panza como de higo

y más allá del espino en flor y una escena pastoril

la figura de anchas espaldas vestida de azul y verde

hechizaba el mayo con una antigua flauta.

Dulce es el pelo al viento, pelo pardo al viento

Sobre la boca,

lila y pelo pardo;

distracción, música de la flauta, descansillos y escalones

de la mente en la tercera escalera,

desvaneciéndose, desvaneciéndose: fuerza más allá de esperanza y desesperación

trepando la tercera escalera.

Señor, no soy digno

Señor, no soy digno pero di sólo la palabra.

IV

Quién andaba entre lo violeta y lo violeta

quién andaba entre

las diversas filas de variado verde

yendo de blanco y azul, el color de María,

hablando de cosas triviales

en ignorancia y en conocimiento del dolor eterno

quién se movía entre los demás mientras caminaban,

quién entonces dio fuerza a las fuentes y refrescó los manantiales

enfrió la rosa seca y afirmó la arena

en azul de espuela-de-caballero, azul de color de María, sovegna vos.

Aquí están los años que caminan por en medio, llevándose

allá los violines y las flautas, restaurando

a través de una clara nube de lágrimas, los años, restaurando

con nueva estrofa la antigua rima. Redime

el tiempo. Redime

la visión no leída en el sueño superior

mientras enjoyados unicornios pasan tirando del dorado coche fúnebre.

La silenciosa hermana velada en blanco y azul

entre los tejos, tras el dios del jardín,

con su flauta sin aliento, inclinó la cabeza con una señal pero no dijo palabra.

Pero la fuente se alzó y el pájaro dejó caer su canto

redime el tiempo, redime el sueño

la prenda de la palabra no oída, no dicha

hasta que el viento sacuda mil susurros del tejo

y después de este nuestro destierro.

V

Si la palabra perdida se ha perdido, si la palabra

Gastada se ha gastado,

si la palabra no oída, no dicha

no está dicha ni oída,

sigue siendo la palabra no dicha, la palabra no oída,

la Palabra sin palabra, la Palabra dentro

del mundo y para el mundo;

y la luz brilló en la tiniebla y

contra la Palabra el mundo sin acallar aún daba vueltas

en torno al centro de la Palabra silenciosa.

Oh pueblo mío, qué te he hecho yo.

¿Dónde se encontrará la palabra, dónde resonará

la palabra? No aquí, ahí no hay bastante silencio

no en el mar ni en las islas, no

en tierra firme, en el desierto ni en tierra de lluvia,

para aquellos que caminan en la oscuridad

tanto en el día como en la noche

el tiempo justo y el lugar justo no están aquí

no hay lugar de gracia para los que evitan el rostro

no hay tiempo de alegría para los que caminan entre el ruido y niegan la voz.

¿Rogará la velada hermana por

los que camina en tiniebla, los que te eligieron y se te opusieron,

los desgarrados en el dilema entre estación y estación,

tiempo y tiempo, entre

hora y hora, palabra y palabra, poder y poder, los que esperan

en tiniebla? ¿Rogará la velada hermana

por los niños ante las puertas

que no se quieren marchar y no pueden rezar?

Ruega por los que eligieron y se oponen

Oh pueblo mío, qué te he hecho yo.

¿Rogará la velada hermana entre los esbeltos

tejos por los que la ofenden

y están aterrados y no pueden rendirse

y afirman ante el mundo y niegan entre las rocas

en el último desierto entre las últimas rocas azules

el desierto en el jardín en el desierto

de sequía, escupiendo por la boca la reseca

semilla de manzana?

Oh pueblo mío.

VI

Aunque no tengo esperanza de volver nunca más

aunque no tengo esperanza

aunque no tengo esperanza de volver

oscilando entre el beneficio y la pérdida

en este breve tránsito donde cruzan los sueños

el crepúsculo cruzado de sueños entre nacimiento y agonía

(Me acuso Padre) aunque no deseo desear esas cosas

desde la ancha ventana hacia la orilla de granito

las blancas velas siguen volando al mar, al mar volando

alas sin romper

Y el corazón perdido se pone duro y se alegra

de la lila perdida y las perdidas voces del mar

y el débil espíritu se aviva para rebelarse

por la inclinada vara-de-oro y el perdido olor del mar

se aviva para recobrar

el grito de la codorniz y el chorlito que revolotea

y el ojo ciego crea

las formas vacías entre las puertas de marfil

y el olor renueva el sabor de sal de la tierra arenosa

Este es el tiempo de tensión entre morir y nacer

el lugar de soledad donde cruzan tres sueños

entre rocas azules

pero cuando las voces sacudidas del tejo se van a la deriva

sacúdase al otro tejo y conteste.

Bienaventurada hermana, madre santa, espíritu de la fuente, espíritu del jardín,

no nos consientas que nos burlemos de nosotros mismos con falsedades,

enséñanos a que nos importe y a que no nos importe

incluso entre estas rocas,

nuestra paz en Su voluntad

e incluso entre estas rocas

hermana, madre

y espíritu del río, espíritu del mar,

no me consientas quedar separado

y llegue hasta Ti mi clamor.

 

 

Versión española e introducción de JOSÉ MARÍA VALVERDE

Poesías reunidas. 1909-1962. Madrid. Alianza Editorial. 2000. Págs. 101-116.

(Fuente: La Mecánica Celeste)

 

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