Homenaje a los cien años del nacimiento de Jorge Gaitán Durán (1924-2024)
febrero 13, 2024 por La Mecánica Celeste
AMANTES (1958)
QUIERO
Quiero vivir los nombres
Que el incendio del mundo ha dado
Al cuerpo que los mortales se disputan:
Roca, joya del ser, memoria, fasto.
Quiero tocar las palabras
Con que en vano intenté hurtarte
Al duelo de cada día,
Estela donde habitaban los dioses,
Hoy lisa, espacio para el gesto imposible
Que en el mármol fija el alma que nos falta.
No quiero morir sin antes
Haberte impuesto como una ciudad entre los hombres,
Quiero que seas ante la muerte
El único poema que se escriba en la tierra.
EL INFIERNO
Los hombres ya no viven: como enterradas serpientes
En el otoño, como lunas perezosas en invierno,
En el estío son águilas o tigres, soles sanguinarios
Que arden en el opaco mundo de las cosas,
Guerreros en vigilia como los astros
Para que en inmortales los convierta el cielo mentido.
Nobles o perversos, mas efímeros porque en su obra
Única arrancar un instante al infierno
La misma carne que los delata a los dioses,
Los amantes están solos en la tierra.
Feroces porque el que siempre da recibe injusticia,
Quieren ser como uñas o dientes en el otro,
Como la selva tras la tormenta de verano, quieren
Que nadie vea su debilidad, sino sufra violencia.
Ayuntados como hermosas bestias o en fuga como criminales
La luz los ciega: el hombre no tiene tiempo para reconocerse.
Se abrazan en su miseria hasta encontrar un cuerpo
Impenetrable donde solo la muerte toca fondo:
Sus bocas están juntas, más separadas siguen las almas.
ETICA
Nos olvidamos de la muerte, mas la muerte no nos olvida,
Sino nos cuida, como el padre y la madre después de haber gozado
El cuerpo se levanta en la noche para velar al hijo que odian,
Nos acaricia la planta de los pies en el lecho donde nos ayuntamos,
Solícita. En vano propone una eternidad falaz, Celestina
De las almas, afrenta de dioses que no existen al hombre.
Son ellos su destino, mas se castran. Cambian su obra.
Por dos billetes de banco: uno, la fe; otro, la justicia.
En vano siempre. Mueren sin vivir todo lo que humano es
En la tierra o en el infierno. La carne que alzarlos debió, los abaja.
SE JUNTAN DESNUDOS
Dos cuerpos que se juntan desnudos
Solos en la ciudad donde habitan los astros
Inventan sin reposo el deseo,
No se ven cuanto se aman, bellos
O atroces arden como dos mundos
Que una vez cada mil años se cruzan en el cielo.
Sólo en la palabra, luna inútil, miramos
Cómo nuestros cuerpos son cuando se abrazan,
Se penetran, escupen, sangran, rocas que se destrozan,
Estrellas enemigas, imperios que se afrentan.
Se acarician efímeros entre miles soles
Que se despedazan, se besan hasta el fondo,
Saltan como dos delfines blancos en el día,
Pasan como un solo incendio por la noche.
AMANTES
Somos como son los que se aman.
Al desnudarnos descubrimos dos monstruosos
Desconocidos que se estrechan a tientas,
Cicatrices con que el rencoroso deseo
Señala a los que sin descanso se aman:
El tedio, la sospecha que invencible nos ata
En su red, como en la falta dos dioses adúlteros.
Enamorados como dos locos,
Dos astros sanguinarios, dos dinastías
Que hambrientas se disputan un reino,
Queremos ser justicia, nos acechamos feroces,
Nos engañamos, nos inferimos las viles injurias
Con que el cielo afrenta a los que se aman.
Sólo para que mil veces nos incendie
El abrazo que en el mundo son los que se aman
Mil veces morimos cada día.
AMANTES
Desnudos nos afrentamos el cuerpo
Como dos ángeles equivocados,
Como dos soles rojos en un bosque oscuro,
Como dos vampiros al alzarse el día,
Labios que buscan la joya del instante entre dos muslos,
Boca que busca la boca, estatuas erguidas
Que en la piedra inventa el beso
Sólo para que un relámpago de sangres juntas
Cruce la invencible muerte que nos llama.
De pie como perezosos árboles en el estío,
Sentados como dioses ebrios
Para que me abrasen en el polvo tus dos astros,
Tendidos como guerreros de dos patrias que el alba separa,
En tu cuerpo soy el incendio del ser.
ESTA CIUDAD ES NUESTRA
Tenemos la tierra, porque al cielo hemos negado
Lo que sólo el hombre merece en su violencia:
El amor levantado como roca en la injuria de toda
Patria, para que dioses o criminales seamos un instante
Cuando la voluptuosidad y el duelo nos habitan.
Tenemos el cuerpo, pues desde el cuarto miserable
Donde nos abrazamos sin reposo erigimos una ciudad que es sólo nuestra,
Carne cuya obra toca mundo y que el deseo alza a las estrellas:
No pertenece a los ciegos seres que se despedazan o se ignoran,
Soledades guerreras unidas por la codicia o el tumulto,
Apegadas a cosas que no son suyas, sino del tiempo,
Mientras nuestro fasto único es incendiar nubes que pasan
Por entre los cerros, ponientes rojos como en otoño el bosque,
Felicidades extrañas como un lucero en pleno día,
Ojos con que descubrimos los mil soles que arden
Al mirarnos, sangres que al correr juntas atraviesan
El infierno con música que no es de nadie: el alma,
Tenemos toda la vida por delante y también toda la muerte.
HECHA POLVO
Tanto te amé ese día que la muerte
Voló por la ciudad como mil soles,
Abeja de mi duelo
En el definitivo verano que te llama.
Fui descubriendo un astro en tu desnudo
Tras de mis pasos ciegos por tu sombra,
Presente, ocio feroz, donde toda sangre
Al hombre exige lo que para el cielo es imposible.
El mundo, espejo de mi mano iba
Como una joya opaca por tus ojos,
Te miraba mirar rostros, reinos, memoria
Súbita, nube que como una desdicha
Pasa por la carne de donde me retiro
Desterrado a la ajena imagen que te asalta.
Te fui quitando abrazos, conquistas, el peso
De una dinastía que ahora habita la noche.
Yo te hice habitar en las estrellas.
A ti, arrogancia, cuerpo impenetrable,
La pena de todos vencedora te ha penetrado.
EL GUERRERO
Lleva la muerte en su espalda quien por amor debe morir
O matar lo que ama, magnánimo con su pena
Pues no busca olvido sino infierno.
Si el arma hunde en otro pecho, en su pecho la aloja,
Mas la carroña no es suya sino definitivamente ajena.
Vivo queda, es decir, culpable. No sólo arrastra tormento
Para siempre: mil veces repite su delito.
Porque sanguinario es el príncipe con gentes que no odia ni conoce
Y Dios condena por el mismo mal, él por ella pidió ser condenado.
Castrado, no: aprende a ser hombre quien por serlo sufre, quien
Entre esta tierra y cielo sólo quiere ser hombre. No será su existir fácil
Como respeto de puta: guerrero, sí, o loco pero nunca inocente.
MARCHA FÚNEBRE
Como un dios murió al tocar polvo
Sin que negado hubiera nada de lo humano,
Falaz palabra, olvido, tumulto de la gloria.
Inmolar supo, vivir como todo un hombre
La afrenta, soberbia o asco de sí mismo,
El infierno en la larga noche guerrera
Que es el ser, ocio de una destrucción invencible,
Incendio de la sola presencia que hurtamos a la pena.
Mano violenta o apenas ojo contra el otro, astro
En toda carne, inventó el fasto, los reinos,
La consistencia de los mundos,
Espesor de mil soles, tábano atroz
Que en la nada despiertos mantienen a los mortales.
La luz le partió el pecho, respiró todo
El fuego del imperio, fue su Obra única
En ese aire que se acababa de su vida
La inhospitalidad del cielo.
Amantes. Bogotá. Fundación Simón y Lola Guberek. 1984. Págs. 9-53.
GAITÁN DURÁN (1924-1962): EROS Y POLÍTICA (1)
Por: Rafael Gutiérrez Girardot (1928-2005)
(…)
En la literatura de lengua española, el erotismo y el eros fueron relegados a la literatura trivial como la del olvidado Pedro Mata o a la literatura de denuncia como las novelas pertinentes de Vargas Vila. O fueron tratados indirecta y pacatamente en las más conocidas novelas de la prostitución, como la de D´Halmar, Juana Lucero, y la de Federico Gamboa, Santa. El erotismo como tema de reflexión política sólo lo ha tratado hasta ahora Jorge Gaitán Durán. Pero ya la tematización indica que en Gaitán Durán el erotismo había sido privado de las cargas tradicionales de la pornografía y de la obscenidad, que no era pues un problema reducidamente moral o de una moral doble y convencional sino una cuestión política y social. En una época en que el problema político y social se redujo al de la liberación de los indígenas o a la “redención” de los trabajadores, Gaitán Durán comprendió que el problema político y social anterior es de la liberación del individuo. Y esa liberación comienza con la supresión de las cadenas que han oprimido el desarrollo y el ejercicio de la fuerza más creativa del hombre: el eros. Gaitán Durán vio el eros en su aspecto más inmediato y, si se quiere, más elemental: en el amor sexual. Pero ese amor sexual en que insistió Gaitán Durán no suponía ni pretendí predicar el llamado amor libre, porque este podía ser sólo un acto de protesta o de recuperación de placeres hasta entonces impracticables o cohibidos, pero sin eros. El eros que tematizó Gaitán Durán era un eros que canalizaba su protesta potencial o latente contra la represión de una plenitud humana en el sentido de que en el eros cósmico, como se ha querido llamar de manera cursi y patética el acto sexual y su culminación. Esta consideración sería en realidad una inversión contestaría de la concepción católica del eros sexual y de sus culminaciones como algo efímero que deja amargura. Ese eros es concentración de todas las potencias del hombre en momentos en los que desde la mano hasta el cerebro celebran con plenitud. En ese sentido, esas plenitudes momentáneas se asemejan a la última plenitud, la de la muerte. Y esos momentos no dejan amargura, sino, precisamente por ser plenitud, la conciencia de la finitud del ser humano, la de que a esa plenitud se contrapone la otra plenitud, la muerte. Este eros es un eros político en el sentido en que hace consciente al hombre de su realidad o, para decirlo con otras palabras, que el ser humano no es un ser calderoniano, no es un ser apocalíptico, sino simplemente un animal racional, como lo ha dicho Aristóteles. Lo que se llama trascendencia, un más allá, es sólo una deformación ideológica del elemento racional del hombre. Este eros no es político sólo en ese sentido, es decir, en un sentido general. La conciencia de que el mundo en que se vive no es un paraíso perdido, sino una realidad contradictoria y llena de extremos es igualmente conciencia de que esa realidad es también injusta y baja, inmoral e infernal.
1. Seguimos el manuscrito de 1989 y no la versión parcialmente censurada por Sixta de Aljure, Eduardo Gaitán Durán y Pedro Cote Baraibar, en 1990. [N. del E.]
Edición Académica al cuidado de SELNICH VIVAS HURTADO
Ensayos de literatura colombiana. II. Medellín. Ediciones UNAULA. 2018. Págs. 154-155.
(Fuente: La Mecánica Celeste)
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