DOS POEMAS PARA EL FIN DEL MUNDO
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La comadreja representa a quienes estuvieron deseosos
cuando la han recibido. Y crían en las orejas.
La comadreja representa a quienes quisieron la gracia
y la gracia les fue dada, para nada.
No te muevas si encontrás a la comadreja
en la escalera o en el asiento de un taxi.
Reptará su pensamiento hacia lugares hollados,
porque, segura de la gracia y la palabra,
no se le ocurre qué hacer sino vagar
por donde hubo ciudades que los ejércitos
aplastaron con botas y llenaron de condones.
Más bien continúa construyendo el merecimiento
para que descienda la luz blanca o celeste sobre vos,
cuando realmente te distraigas en tu trabajo de desollar,
carpir, doblar, aventar, guardar o sacudir.
Aunque andes descalzo por los muelles ásperos
de tu propio pensamiento, habrás de distraerte profundamente
para no recibir en vano la amistad del reino,
para no deambular con la comadreja
5
Es cierto que entre las aves medievales el árbol es libre.
Y aún hoy es libre entre la folletería de la abundancia.
Y es libre entre las piedras que suben y bajan a su alrededor.
Y libre entre las orlas de edificios que suben y bajan.
Y lo ves libre en los patios de los hospitales
y de los hospicios y tras los galpones y entre los techos.
A él va el gato. Astuto. Tenue. Y la musaraña va al árbol.
Y la hormiga. Y la tormenta y la luz que se esconde.
En el árbol hay trampas y gatos y botellas perdidas.
El árbol es amigo del bisel y de la penumbra.
Es más libre que el corsario.
El árbol
conserva la forma
tenuemente, sin rigidez.
Cada ciprés es un ciprés.
Y los miles de fresnos no son el fresno.
Si hubo dioses, amaron el árbol.
O combatieron por el árbol,
pero nunca gobernaron el árbol y nunca lo dijeron.
Jorge Aulicino, "Cierta dureza en la sintaxis", Selecciones de Amadeo Mandarino, 2008; "Estación Finlandia", Ediciones Bajo la Luna, 2012; "Poesía reunida", Ediciones en Danza, 2020

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