No es agua
de mar,
no es un zapato
lleno de ojos,
no es una celestina
en el tiempo
y hace de las suyas,
no es la manzana
del sexo
que Balthus
nunca pintó,
no es un puñado
de tahúres,
ni el carbón
ni las cenizas
que en este rancho
y estas quinchas
se maceran pobrísimas,
una vez y otra,
y las del medio
y las de las puntas,
¿es la recién estrujada
hoguera seca,
el pez quemado
por la sal y el oxígeno?,
¿será la resucitada
lengua paranoica
que gorjea, murmura
y se retuerce,
viborita ciega
entre ácidos y púas,
y el bosque de pinos
cuando Francis Ponge
cerró la mano abierta
que abierta temblaba?
- Inédito -
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