Poemas breves XIV
Si Jesús no viene estas navidades
Echados en las orillas como caimanes
Los pitos jóvenes y límbicos, monjes blancos en el misterio lauco de la aurora
Pensamos en Laurita y en el secreto eclesiástico de las nubes
En su cuerpo desnudo donde los santos toman la merienda en manteles de papel tisú
En la frescura de sauce junto al río que crece bajo su vestido floreado
En su sonrisa que nos ensombrece, que nos da brincos en la espalda, que nos vuelve viejos de repente
Todos le pedimos a Jesús ver desnuda a Laurita estas navidades
No sabemos si Jesús existe
Pero Laurita sí, y es todo lo que pedimos como muestra de fe
Las olas nos lamen los calcañares
Y el sol repica contra nuestro cuerpo que todo lo bebe; un vaso tendido bajo esta lluvia mansa de noviembre, así de jóvenes
(Somos muchos, como cinco somos, pero la divina santidad de Laurita nos ha unificado)
(Somos jóvenes, sí, y todo es promesa en nuestros corazones, turistas en un mundo que sólo en nuestra carne —y por ella, por Laurita— gira y gira en su periplo impuro)
No envejeceremos
Nunca hemos de envejecer
Seremos siempre eternos en la blanca llanura de Laurita
Porque si ella no es La Pampa ¿qué es La Pampa, entonces?
Sólo nos bastará recordarla para volver a estas orillas
Como gatos salvajes que retornan del pueblo después de la matanza
Sólo pedimos una muestra de fe:
Ver a Laurita desnuda antes que la primera muerte nos alcance en una curda cruel
Y porque estamos hechos a su imagen y semejanza
Y porque somos la unívoca esperma en el ojo puro del Jaguar
Si Jesús no cumple estas navidades
Si es que no vemos a Laurita desnuda estas navidades
Lo vamos a ir a buscar.
Coito
Es sucia la noche y es mansa la noche
para los insomnes.
En cada movimiento hay un castigo
y en cada castigo una revelación.
¿Se masturbará el insomne, quizá
mirando el video
de la chica que le lee
poemas por WhatsApp?
Porque cuando ella dice “coito”
en la voz de Vilariño
él entiende
por primera vez
que el peso específico de un cuerpo vivo
es el mismo peso específico de un cuerpo muerto
y porque “Coito”
dicho así, en su voz de Vilariño
es la muerte asustada que corre colina abajo
con su niño en el regazo
O el sueño húmedo de una camarera que ha parido
la noche en un hostal
y no regresa.
Mamushka
Hay una mujer que vive dentro de una mujer que vive dentro de una mujer
y todas confluyen en una.
Una está enamorada de un capitán
la otra teje escarpines porque quiere ser madre
la otra quisiera irse a vivir a otro país, uno en donde no haya colinas y los hombres la cortejen como a una princesa.
De vez en cuando alguna llora
o porque el capitán no la ama
o porque no puede ser madre
o porque no encuentra el modo de irse a vivir a otro país,
entonces las demás cantan alegres villancicos para aliviarla
y le preparan enormes tazas de té de manzanilla para calmar sus nervios
y le hacen trenzas en el pelo como si fuese una niña.
Un día de estos se fundirán las tres en una sola mujer
y esa mujer se casará con el capitán
y se ira a vivir a la llanura, en un país lejano, donde la cortejarán como a una princesa
y será madre de siete hijos.
O bien, algún día
las tres mujeres entenderán
que están hechas de la misma madera
y que los sueños rara vez se cumplen
y arderán en una fogata que elevará sus lenguas al cielo
y desaparecerán en el aire
como si jamás hubiesen existido.
Sebastián Jaka
Habla en tercera persona, como Riquelme. Es de origen turco aunque su apellido es la abreviatura de otro más largo, impronunciable. Nació hace aproximadamente 46 o 48 años, fluctúa en las edades, desconcierta. Estudió artes visuales en el INCA y cursó dos años el profesorado de prácticas del lenguaje en un establecimiento de Tandil cuyo nombre no recuerda. Incursionó en el chamanismo en ciudades remotas de México y Perú. Escribió novela, guion cinematográfico, teatro y poesía. Aunque lo tentaron, nunca publicó: fue prudente.
(Fuente: burak.ar)
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