LA LETRA A
¡A qué velocidad se reproducen los errores!
¿A quién creer, a Jeckyll o a Hyde?
¿A quién llamar, y para qué?
A veces aún te veo en ti.
A veces estás tan cansado que te pones a trabajar.
Abres los ojos y está ahí. No quieres cerrar los ojos.
Acaba la obra. Nadie aplaude. Público y actores se miran. Tensión.
Admítelo, en realidad, Orfeo quiere cerciorarse de que Eurídice desaparece para siempre.
Adoro los problemas metafísicos.
¡Ah, los dos queríais lo mismo, pero tú no lo buscaste en el momento adecuado!
Ahora es pronto y luego será tarde.
Ahora que lo sabes, no te sirve de nada.
Ahora, que has dado con tu voz, no hablas.
A la altura de tus sueños, en tus sueños.
Al menos coincidís en que eres un don nadie.
Al otro lado. Al abrir la puerta supe que había sido un error. Pero ¿qué podía hacer? Entré.
Amaba a la humanidad, pero odiaba al prójimo.
Amor de madre. “Dice cosas hirientes, pero después se le pasa.”
Amor y odio, sí, de acuerdo. Pero ¿amor y menosprecio?
Apagar la luz, no ver el vacío.
Aquí, desintegrándote.
¿Así o de otra manera? Así y de otra manera.
Atinar con la palabra exacta, y callártela.
Atrapado en ti mismo.
Aún no se ha enterado de la invención del monólogo interior.
Avidez de gestos.
(Fuente: Meta Poesía)
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